Un mundial inolvidable

Reportaje - 28.11.2010
Mundial de beisbol aficionado de 1972

En los últimos meses de 1972 Nicaragua vivió 20 días que la estremecieron en lo que ha sido considerado el mejor Mundial de Beisbol aficionado de todos los tiempos. La Selección Nacional logró su clímax al ganarle a Cuba. Días más tarde, sin embargo, la euforia terminó abruptamente con el terremoto que abatió a Managua en pocos segundos

Dora Luz Romero
Fotos de Óscar Navarrete/Achivo/ Cortesía

Julio Juárez aún puede escuchar los aplausos de la multitud que abarrotaba el Estadio Nacional en Managua para el XX Campeonato Mundial de Beisbol Aficionado en 1972.

Sentado en una silla mecedora en el porche de su casa ubicada en el barrio Guadalupe, en León, Juárez rememora cuando fue parte de esa Selección Nacional, esa que las páginas de historia han tildado como la mejor de todos los tiempos.

Julio Juárez, de 65 años, moreno y con el cabello salpicado de canas, recuerda con especial cariño aquella victoria que obtuvo su equipo ante el grande, ante Cuba.

Era el 3 de diciembre de 1972 y el Estadio Nacional, como nunca antes, parecía que iba a hacer erupción. Hay quienes hablan de 25 mil personas, otros de más de 30 mil. Lo cierto es que quienes estaban ahí saben que en el partido entre Cuba y Nicaragua en el estadio no alcanzaba ni siquiera una aguja y en el techo se podía observar cómo colgaban los fanáticos que se rehusaban a perderse ese episodio que pasó a la historia del deporte nacional.

Para ese entonces, Juárez tenía 27 años, flaco, moreno y con una seguridad que parecía de hierro.

Era un hombre de mucha concentración, dicen quienes lo conocieron en aquel entonces.

Esa noche, Juárez entró al campo de juego, sereno, como de costumbre. La noche anterior había estudiado cómo le tenía que pichar a cada bateador. Pero de pronto en medio de esa quietud interna, sintió que el pecho le vibró al escuchar a miles que le aclamaban.

—Juá-rez! ¡Juá-rez! ¡Juá-rez!

Le dieron la pelota y Juárez comenzó a calentar con los aplausos del público de fondo. Esa noche, el pícher pinolero hizo menos de los lanzamientos reglamentarios cuando aseguró que estaba listo.

—Julio Juárez. Pícher —dijo el anunciador— y la fanaticada ya efervescente, continuó aclamando al leonés.

“Fue una ovación que no soporté la presión. El nervio más grande que he sentido en la historia de mi vida ha sido ese. No nervio de terror, pero yo quería salir corriendo para ver si la sangre se me calentaba porque la tenía helada con la ovación de los fanáticos", asegura este hombre, quien aún puede escuchar los aplausos y el sonido estruendoso de su apellido gritado a una sola voz.

Pero Julio Juárez no es el único que recuerda con nostalgia y gran precisión el Mundial de 1972. Lo recuerdan el resto de jugadores, los cronistas deportivos, los fanáticos y hasta los no fanáticos. Y es que ese episodio del beisbol en Nicaragua no es recordado solo por los juegos, sino por la campaña que se hizo y por la devoción y efervescencia con la que se vivió.

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En esta fotografía aparecen todos los integrantes de la selección del 72, considerada la mejor de todos.

¿Cómo se logró el Mundial de 1972 en Nicaragua? Esa hazaña —cuentan las páginas de la historia del beisbol en el país— fue obra de Carlos García.

Para 1971 en La Habana, Cuba, se llevó a cabo un Congreso Técnico en que se discutió el lugar donde se realizaría el XX Campeonato Mundial de Beisbol Aficionado. En esa ocasión, Oswaldo Gil, representante de Puerto Rico, se peleaba la sede con Carlos García, representante de Nicaragua.

Para ese entonces el país ni siquiera contaba con la infraestructura adecuada para ser protagonista de un evento de esa magnitud. Sin embargo, quienes conocen a Carlos García saben que es un tipo firme, seguro y que hace hasta lo imposible por lograr lo que se propone.

A pesar de lo que cualquiera pudiera pensar, García logró la sede en el primer día del Congreso. "La vida me enseñó a soñar con hechos. Este Mundial de 1972 empezó como un gran sueño para miles de nicaragüenses amantes del beisbol y entre todos despertamos con la sede conseguida y un trabajo titánico por delante", dijo en su momento este hombre que era el presidente de la Organización de Beisbol Aficionado en el país.

Las opiniones no eran alentadoras. Hubo quienes dijeron que hacer el Mundial era una locura, otros opinaron que la Selección Nacional no daría la talla. Pero una vez confirmada la sede, la locura comenzó. Con apoyo económico del entonces presidente Anastasio Somoza Debayle y de la empresa privada, en tiempo récord, se acondicionaron cinco estadios para la realización de los juegos. La principal de las sedes era la de Managua. Ese estadio —dice el cronista deportivo Edgar Tijerino— no tenía nada que envidiarle a uno de Grandes Ligas. La iluminación era excelente, la grama lucía impecable, había pizarra eléctrica, palcos especiales, cabinas de transmisión y se colocaron miles de asientos en todo el estadio, comenta.

También se construyeron los estadios de Masaya y de Granada y se terminaron de levantar los de León y Chinandega. ¿Cuánto se gastó? Eso es algo de lo que Carlos García nunca ha hablado.

La organización se esmeró tanto que para noviembre de 1972, fecha en que comenzaron a llegar los equipos de todo el mundo, en Nicaragua ya se sentía ese sabor a beisbol.

El nicaragüense Vicente López junto al boricua Roberto Clemente.

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La calle del Estadio Nacional estaba al explotar. Era domingo 3 de diciembre y la Selección Nacional se enfrentaba a Cuba. Se escuchaba música, grupos que gritaban. "¡Ni-ca-ra-gua!, ¡Ni-ca-ra-gua!, ¡Ni-ca-ra-gua!" y los comerciantes que ofrecían toda clase de productos. Había comida, bebida, pero sobre todo se vendían camisetas, vasos, cojines, bates, entre otros suvenires, con la caricatura de aquel hombrecito que fue la imagen del Mundial, ese que siempre cargaba con el nombre Nicaragua Amiga 72.

El hombrecito vestido de blanco, con gorra azul y de caites era el símbolo del Mundial y no hubo una sola persona que viviera esa época que no hubiera visto aquella imagen. "Estaba por todos lados. Donde usted mirara, ahí iba a estar el Nicaragua Amiga. A mí ni siquiera me gustaba el beisbol, pero pude ver cómo se vivía", asegura Ana Sotelo, una señora que para ese entonces tenía 17 años.

Cuenta Edgar Tijerino que en aquella época el beisbol era una religión. "No había ni un solo nicaragüense que no estuviera al tanto de lo que ocurría en ese Mundial", asegura. Se hablaba del deporte en los colegios, en las calles, en la televisión y los diarios saturaron sus páginas con informaciones sobre el evento.

Esa noche, del 3 de diciembre, los pobladores llegaron temprano al estadio para presenciar lo que sería un grandioso espectáculo. "Todos los fanáticos estábamos desesperados por ver a Nicaragua jugar. Al partido contra Cuba yo fui, pero los otros los escuchaba por la radio y uno se ponía contento y emocionado de saber que su país estaba ahí", cuenta Oliver Fernández, quien reconoce que el país se volvió loco por el beisbol.

Algunos fanáticos luchaban por colarse para ver el partido, otros desde las graderías lanzaban gritos de júbilo para animar a la Selección y el presidente de la República, Anastasio Somoza Debayle, aplaudía desde el palco presidencial. Incluso, hubo algunos que viajaron desde el exterior para estar ahí. Mientras tanto, en el campo los jugadores se preparaban para el juego. Ahí estaban Calixto Vargas, Denis Martínez, Antonio Herradora, Julio Juárez, Sergio Lacayo, César Jarquín, Vicente López.

El juego entre Cuba y Nicaragua era el último de la serie mundial. Para este partido la tabla de posiciones del Mundial ya estaba escrita. Cuba llegó invicto con 14 partidos ganados, por lo que ya había obtenido el título de campeón del torneo. Nicaragua tenía 12 ganados y dos perdidos y al ganarle a Cuba logró 13 ganados y dos perdidos en empate con Estados Unidos. Pero el reglamento decía que en caso de empate, el vencedor entre ambos equipos era el ganador. Nicaragua había perdido en días anteriores ante Estados Unidos.

Pero esa noche no todos los fanáticos sabían que la tabla de posiciones era inamovible y que ganara o perdiera, Nicaragua obtendría el tercer lugar en el torneo. "Carlos García engañó a la gente que se podía ser segundo, entonces la gente contempló esa posibilidad. Carlos aún discute que fuimos subcampeones, pero no. El reglamento es claro, y Nicaragua perdió ante Estados Unidos, así que Nicaragua fue tercer lugar", explica Tijerino.

Pero no se trataba únicamente de subir en la tabla de posiciones, sino de la posibilidad de ganarle a un equipo tan grande como Cuba. "Ganando o perdiendo, Cuba era campeón. Lo que pasa es que los cubanos nunca se van a dejar ganar. Ellos querían irse invictos, así que decir que jugaron sin interés sería mentira. Jugaron igual, por eso el triunfo de Nicaragua fue meritorio, porque la gente vio que fue un juego en serio", dice el cronista deportivo.

El anunciador leyó la alineación y no hubo manera de sosegar a ese público eufórico. Calixto Vargas, primera base, recuerda que ni siquiera podía distinguir lo que escuchaba. Solo podía identificar un sonido bofo, hueco, que venía del gentío.

Esa noche, Nicaragua le ganó a Cuba 2 a 0. Vicente López (q.e.p.d.) logró conectar un jonrón que le erizó los pelos a la fanaticada. "Todos gritábamos y brincábamos. La gente decía que la bola había salido del estadio, fue un momento precioso. Nunca se me va a olvidar Nos abrazábamos de alegría", relata el aficionado Oliver Fernández, con una sonrisa que le cubre el rostro.

Aquel episodio quedó grabado en las páginas de la historia, pero sobre todo quedó escrito en la memoria de quienes estuvieron ahí. "Las otras series mundiales no impactaron en mi corazón y en mi mente como la serie mundial de 1972 porque fue ante mi propio pueblo, donde podíamos invitar a nuestros viejitos y familiares", dice Calixto Vargas.

Tijerino, por su parte, no titubea al decir que como cronista deportivo "ese ha sido el momento más emocionante vivido en Nicaragua". Ese episodio "fue el caso de mayor histeria colectiva que se ha vivido en el ámbito deportivo en el país. Es el punto máximo en el deporte nicaragüense", afirma. Esa noche, recuerda, el país entero enloqueció.

El pícher Julio Juárez junto con Anastasio Somoza Debayle y doña Hope Portocarrero.

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En la pared de la sala donde vive Julio Juárez cuelga una imagen grande, en blanco y negro, de la Selección de 1972. "Aquí estamos. Esta era la Selección", muestra orgulloso el retrato.

Juárez, el pícher que salió en los hombros de sus compañeros por el gane ante Cuba, rememora con gran nostalgia, pero con mayor felicidad, lo que fue la Selección de ese año. "Jugábamos por amor no por dinero. Queríamos representar dignamente a Nicaragua. Tuvimos mucha humildad, respeto y sinceridad. Eso fue la Selección de 1972. Ahí no había estrellas, todos éramos iguales", dice.

Pero, ¿qué hizo especial a este Mundial y su Selección? Edgar Tijerino detalla que fue la primera vez en la historia que se logró la participación de 16 equipos, de Asia, Europa y América. La infraestructura fue de lujo y además —la describió en 1973— "fue un Mundial de picheo fabuloso, de fildeadores fantasmas, de las jugadas de fantasía, de los corredores diabólicos, de los bateadores súper oportunistas de los partidos inolvidables", pero lo mejor de todo —dijo— fue el público fiel que tuvo Nicaragua. El público efervescente que llenó las graderías del estadio.

Oswaldo Gil, dirigente boricua del beisbol, dijo en varias ocasiones que ese ha sido el mejor Mundial de todos los tiempos. Además, en esa ocasión se contó con la presencia del gran beisbolista Roberto Clemente.

Para 1972, la radio transmitía los partidos y los diarios dedicaron secciones especiales a la cobertura de este Mundial. Cada día, los aficionados recibían un boletín informativo con los resultados y calendarios de los partidos.

La realización de este Mundial en el país —considera Calixto Vargas— dio pie a que las organizaciones de Grandes Ligas voltearan su mirada hacia Nicaragua en busca de prospectos. "Nos reconocieron a través del mundo. Se logró que se dijera que en Nicaragua había atletas con mentalidad y potencial para incursionar en el beisbol de Grandes Ligas", opina Vargas, quien además asegura que fue después de eso que firmaron a Denis Martínez y Antonio Chévez.

Pero Vargas siente que la Selección no aprovechó tanto ese Mundial. "Los logros no los capitalizamos nosotros porque ya éramos mayores. No logramos contrataciones como los jóvenes, y quizás teniendo más talento que ellos en ese momento, pero la juventud se impuso. No logramos sacarle un provecho enorme", confiesa.

En ese Mundial se vivieron 20 días de locura. De euforia. De fanatismo. Fueron veinte días donde Nicaragua se movió al compás del deporte rey. Pero apenas unos días después del jolgorio y la alegría Managua se apagó. La ciudad que había sido la capital del beisbol hacía unos días, se había convertido en un desierto. La madrugada del 23 de diciembre el terremoto redujo todo a escombros. Hubo aproximadamente 10 mil muertos y más de 20 mil heridos. La victoria que algunos aún festejaban se vino abajo, y más aún con la noticia de la muerte del beisbolista Roberto Clemente, quien falleció en un accidente aéreo cuando traía ayuda para Nicaragua.

"Aquello (el Mundial) se vio opacado por el terremoto. Fue devastador, un duelo terrible", recuerda Julio Juárez.

El Estadio Nacional, ese donde se había sentido el sabor de la victoria ante Cuba, y que en su momento se describió como el "mejor de todo el Caribe", era historia. Tan historia como esa Selección y ese Mundial de 1972 que se mantienen vivos hasta hoy, gracias únicamente a los recuerdos.

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