Viaje a El Chipote

Reportaje - 03.07.2005
Cerro El Chipote

La Conquista de su cima no sólo representa un reto para quienes buscan aventuras y el contacto con la naturaleza, sino también un encuentro con la historia, pues este lugar fue el principal cuartel del general Sandino hace 77 años. Todavía se encuentran sus huellas y voce

Orlando Valenzuela
Fotos de Orlando Valenzuela

El 23 de noviembre de 1927, después de meses de intensa búsqueda por tierra y aire, aviones de guerra del cuerpo de marina de los Estados Unidos, que tenían invadida Nicaragua, localizaron el cerro El Chipote, cerca de Quilalí, en Nueva Segovia, lugar donde se encontraba el Cuartel General de las tropas de Augusto César Sandino, iniciándose un bombardeo sistemático contra esta posición, durante el cual los patriotas derribaron dos aeronaves y mantuvieron sus posiciones, hasta que el 26 de enero de 1928 las fuerzas de ocupación lograron alcanzar la cumbre del famoso campamento, encontrando en las trincheras sólo muñecos de zacate. Han pasado 77 años de aquel combate y desde Quilalí, El Chipote es ahora un cerro que reta a la conquista de su cumbre a todo aquél que gusta de la aventura, la naturaleza y sobre todo el encuentro con la historia.

Con el Sol todavía levantando detrás de las altas montañas de la cordillera, Efraín Zamora, quien gentilmente se ofreció de guía y este servidor, salimos en la Toyota doble tracción rumbo a Gotera, que es el caserío más alto que tiene el cerro El Chipote.

Con la tierra todavía húmeda de la última lluvia bajamos por el barrio Leonardo González y cruzamos la quebrada La Danta, que desemboca en el río Jícaro, luego avanzamos paralelo a este río hasta llegar a la comunidad La Esperanza.

Zamora dijo que existen varias rutas para subir a El Chipote, pero para llegar al lugar donde estuvo el Cuartel General de Sandino, la ruta que tomamos es la más accesible porque se puede llegar en vehículo hasta muy cerca y sólo es necesario caminar como un kilómetro cerro arriba.

Seguimos avanzando entre curvas, subidas y bajadas hasta encontrarnos con el puente de Caulatú, cercano a la comunidad de este mismo nombre. A pesar de las lluvias de estos días, la carretera está transitable, así, llegamos al empalme que lleva a La Luz-Oconwás y Manchones-El Zúngano-El Chipote. Tomamos el camino a la derecha y a los pocos minutos estábamos subiendo la parte más dificil para los vehículos, la llamada cuesta María de los Guardias, nombre que ni nuestro guía supo cuándo ni quién la bautizó así.

Desde esta parte de la carretera se ve de cerca, majestuoso, El Chipote, con grandes parches de potreros casi huérfanos de ganado y sembradíos de frijoles y maíz. En la parte más alta del cerro, cubierta de pobre vegetación, El Chipotón, que es donde los yanquis creían que se encontraba Sandino, por lo que fue la parte más bombardeada.

A menos de un kilómetro de la cuesta, bajamos al caserío Los Manchones, donde hay varias pulperías a las que llegan muchos campesinos a realizar sus compras. Después pasamos la quebrada Los Manchones y a poca distancia giramos a la izquierda y tomamos una trocha de cinco kilómetros cuesta arriba hasta que llegamos a la comunidad de Gotera, donde Efraín me presentó a don Leoncio Zelaya, un anciano de 86 años, que aunque no combatió con las tropas de Sandino porque apenas era un niño en esa época, sí recuerda con nitidez lo que pasó a su alrededor.

A pesar de sus más de ocho décadas, don Leoncio es un hombre con energía para el trabajo, ya que lo encontramos en el patio de su casa regando y preparando unos almácigos de café.

Hablar de la presencia de Sandino en este cerro para don Leoncio es algo tan familiar y lejano a la vez: "Yo tenía unos seis años cuando estalló la guerra de Sandino, era un cipote y me acuerdo que a veces el General Sandino bajaba del cuartel general y visitaba las casas y les llevaba regalos a las madres", dice don Leoncio, mientras su mirada se pierde en la cima de la montaña.

Además de Sandino, recuerda como si fuera ayer a Santos López, Coronado Maradiaga y al general Ismael Peralta, al que le decían "El Profesor" porque era el único que sabía leer, afirma Zelaya.

Aunque no recuerda el año, tiene fresco en su mente el momento en que las tropas yanquis atacaron El Chipote con aviones y la bulla que hicieron los soldados de Sandino cuando derribaron un avión yanqui, que fue a caer al Zapotillal y otro más lejos. Don Leoncio recuerda que en ese momento Sandino ordenó sacar a todos los civiles que vivían en las faldas de El Chipote y evacuarlos hacia Honduras, donde permanecieron varios años y luego regresaron a su lugar.

En una finca cercana, sentado en un taburete y con una triste mirada hacia el barandal del corredor, encontré a don Simón García Lumbí, de 94 años, hijo de Isidoro Hernández, quien fue uno de los soldados de Sandino. Por ese vínculo fue que conoció a Sandino, Juan Pablo Umanzor, Pedro Altamirano y otros jefes del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional. "Nosotros siempre vivimos aquí, cerca del cuartel general de Sandino, que está allí nomás", señala hacia el frente de la casa.

Contrario a lo que siempre se pensó, que Sandino tenía su cuartel general en El Chipote, don Simón afirma que en realidad en El Chipote no había sólo uno, sino que unos diez campamentos alrededor del cerro, donde cada general tenía sus tropas y Sandino recorría cada campamento visitando a los jefes y soldados y después regresaba a su cuartel general, que estaba antes de llegar a la cima del cerro, que para esa época era una selva impenetrable.

Don Simón es suegro de Bartolo Bustamante, un ex miembro de la Resistencia que perdió un ojo durante uno de los combates en la década del ochenta. Bartolo es el dueño de la parte de El Chipote donde estuvo el cuartel general de Sandino. El nos facilitó un par de mulas para subir hasta las primeras trincheras del famoso cuartel, el cual funcionó bajo la sombra de un ceibón que por la providencia se ha salvado de caer bajo la cadena dentada de las motosierras y de las perennes quemas que ya le dejaron una gran cicatriz.

De la casa de Bartolo hay como un kilómetro de distancia hasta el ceibón, que tiene al lado derecho un extenso plantío de maíz y frijoles. Siguiendo hacia arriba, se van encontrando aterradas y cubiertas de monte, las viejas trincheras desde donde los soldados de Sandino repelían el ataque de los aviones yanquis a principios de 1928.

Hacia arriba, las trincheras se pierden en medio de la vegetación y tendría que hacerse un amplio trabajo de restauración para convertir este lugar en un punto de mayor interés para los visitantes, sobre todo extranjeros. Sin embargo, desde arriba, el paisaje y el agradable aire fresco son suficiente motivo para llegar a este lugar histórico.

Pero El Chipote no sólo es un lugar para recordar la historia del primer guerrillero de América, sino que también tiene su importancia como sitio de interés para el desarrollo del turismo ecológico, ya que aún cuenta con una extensa variedad de animales silvestres y hermosos paisajes cubiertos de verdes montañas que se pierden en las hondonadas de los ríos que bajan de las estribaciones.

Por esa razón, Efraín tiene pensado desarrollar un proyecto turístico que él llama la "Ruta Bolívar, Martí, Sandino", que de concretarse traerá beneficios a la gente de las comunidades vecinas, pues además de servir de guías pueden instalar pequeños albergues, comedores, alquiler de bestias y otros servicios para los futuros visitantes. Por el momento van a instalar un busto del General Sandino donde estuvo su cuartel general.

Cuando bajamos del cerro, don Bartolo nos tenía preparado un vaso de leche recién cocida, ya que en estos días sus vacas están bien productivas. Nos despedimos y tomamos el camino de regreso, con la esperanza de que no lloviera para no tener problemas en la cuesta de la María de los Guardias, donde ya han patinado y resbalado al abismo varios vehículos.

Viaje a El Chipote
Al pie del ceibo que se ve en la cumbre de esta colina, empieza la hilera de trincheras del cuartel general de Sandino.

Viaje a Quilalí

Quilalí está ubicado a 263 kilómetros de Managua, en el departamento de Nueva Segovia. Para llegar a este pueblo se pueden tomar dos vías: la Carretera Panamericana hasta llegar al empalme de Palacagüina (kilómetro 190), después se gira a la derecha y se pasa por Telpaneca, San Juan de Río Coco y luego se llega a este pueblo vecino de El Chipote. Otra opción es dar la vuelta por Ocotal, siguiendo la Carretera Panamericana en dirección hacia la Aduana de Las Manos y en el kilómetro 225 se sigue la carretera a Jalapa, pasando primero por Mozonte, San Fernando, Santa Clara y Susucayán, donde se toma la carretera que lo lleva directo a Quilalí.

Los recuerdos de doña Ángela

En Quilalí, por diversas razones, no todo simpatizan con Sandino. Una de ellas es doña Ángela Soza Medina, quien a sus 89 años, es una de las primeras habitantes de este pueblo segoviano: "Todo lo que sucedió en Las Segovias fue consecuencia que Sandino se estableció aquí. ¿Por qué aquí habiendo tantos lugares? Los aviones bombardeaban porque él se quedó en el pueblo. Fue terrible", recuerda doña Ángela, quien para aquella época era una niña de 11 años.

Cuenta que en aquellos años hubo un combate cerca de Quilalí donde resultaron varios muertos y después de eso, los marines instalaron aquí un campamento con una pista de aterrizaje que cruzaba de lado a lado el pequeño caserío. Esa pista pasaba exactamente encima de donde hoy vive doña Ángela. “Yo miraba que aquí estaba el campamento y allí pasaba la pista , por lo menos eran como 800 americanos los que habían aquí”, relata esta señora que no sólo sobrevivió a la guerra sino que con el tiempo se convirtió en una de las personas más progresistas de este pueblo.

Cuando en Quilalí todavía no existía carretera sino una trocha, doña Ángela y su marido trajeron el primer vehículo automotor, un Willis, desde Ocotal, en un viaje que hoy hace tres horas, y que en aquella ocasión fue una epopeya de ocho días, con ocho hombres y una yunta de bueyes que los venía ayudando a salir de los huecos y lodazales de un camino malísimo.

Doña Ángela no oculta su orgullo cuando recuerda que ella y su esposo fueron los primeros en llevar al pueblo el primer cine, la primera ladrillería, los mejores zapateros, el primer hotel y hasta el primer radio."Era un radio grande y todos los días, a las cuatro de la tarde mi esposo encendía el motor y lo ponía a todo volumen, la gente se aglomeraba para escuchar música, se oía como un concierto, pero la gente se iba antes que anocheciera porque hasta aquí cerca llegaban los animales como el león y otros", dijo esta emprendedora señora desde el otro lado del mostrador de su tienda, que recuerda el paso de mejores tiempos.

Aunque no recuerda el año, don Leoncio Zelaya tiene fresco en su mente el momento en que las tropas yanquis atacaron El Chipote con aviones y la bulla que hicieron los soldados de Sandino cuando derribaron una de las aeronaves, que fue a caer al Zapotillal

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