Vida contra pronósticos

Perfil, Reportaje - 14.10.2012
Gabriel-Cuadra-Holmann

Diagnóstico: parálisis cerebral. Posibilidades de caminar: inciertas. Lo que él logró: imponer récord americano en los Juegos Paralímpicos de Londres. Gabriel Cuadra Holmann no cree en los imposibles

Por Dora Luz Romero

El día que Gabriel Cuadra Holmann nació, 12 de noviembre de 1992, sus esperanzas de vida eran muy pocas. Un error médico, una negligencia de parte del ginecólogo durante labor de parto, había cambiado el panorama de lo que según su madre había sido un embarazo sin complicaciones. Esa mala práctica provocó en el pequeño un paro respiratorio.

Su puntuación Apgar, ese examen que hacen a los recién nacidos para evaluar qué tan listos están para venir al mundo, fue de uno, en una escala del uno al diez. Un leve latido del corazón era lo único que le había hecho merecedor de aquel punto en el control médico. Y ahí estaba su primera meta: sobrevivir.

Las valoraciones de los doctores no eran alentadoras. Si sobrevivía, quizás no podría caminar o hablar o ser independiente. Sobre su desarrollo más que certezas, había dudas.

La primera gran preocupación de su madre, Ericka Holmann, era que su hijo tuviera calidad de vida. “Yo me puse a pensar cómo hacer para que Gabriel fuera un chavalo que pudiera ser feliz”, cuenta.

Diecinueve años más tarde, la historia de Gabriel Cuadra Holmann es otra. Es la historia de un atleta que se viste de azul y blanco para representar a Nicaragua internacionalmente. Es la historia de un atleta cuyo desempeño lo ha hecho merecedor de las portadas de los diarios nacionales. Es la historia de un atleta que se ha convertido en un ejemplo de lucha en todo un país.

En septiembre de este año, Gabriel representó a Nicaragua en los Juegos Paralímpicos en Londres y logró imponer un nuevo récord americano en la prueba de los 800 metros planos de la categoría T36. Su tiempo fue de 2:23.93 minutos y con eso le quitó el puesto al estadounidense Tommy Chasanoff, quien impuso récord en el 2011 con 2.30.90 minutos.

¿Cómo un niño con pocas esperanzas de caminar llega a las pistas de atletismo a medirse con los mejores del mundo?

Gabriel no tiene una receta, pero sí hay algo que tiene claro y es que en su vida no hay imposibles, hay metas por alcanzar.

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La tarde del jueves 6 de septiembre de este año Ericka Holmann no podía dejar de tomar manzanilla para calmar los nervios. Estaba en casa, junto con su hermana y un par de personas más, a la espera de la carrera en la que competiría su hijo en los Juegos Paralímpicos de Londres. “Tenía unos nervios horribles. Sentía que no podía ni respirar, yo sabía que él se sentía como con una gran responsabilidad de hacer algo, él tenía miedo de no cumplir con Nicaragua”, dice Holmann.

Si retrocedía unos años, aquella escena parecía irreal. Su hijo, el mismo al que los médicos diagnosticaron con parálisis cerebral y del que dijeron no tener certeza sobre su desarrollo, estaba allá, al otro lado del mundo, en Londres, frente a miles de espectadores representando a Nicaragua.

Sí, era él. El que aprendió a caminar hasta los tres años con un casco de futbol americano para no lastimarse, aquel que ella dice que caminaba como “muñeco porfiado”. Era el mismo que le tocó aprender a mantener el equilibrio, aprender a articular, aprender a no babearse al hablar.

Mientras tanto, Gabriel hacía lo suyo. Al salir, igual que lo hace siempre, tocó la pista y se persignó. Estaba nervioso, confiesa, pero muy concentrado. “Los nervios son buenos en algunas competencias te ayudan a correr mejor. Yo solo pensaba en la estrategia que habíamos acordado mi entrenador Sergio Pupo y yo, y las recomendaciones que él siempre me da y correr como yo lo sé hacer”.

Así ocurrió. Gabriel corrió, llegó en séptimo lugar y casi de inmediato las páginas de los rankings mundiales abrieron un espacio para su nombre. Había batido récord americano.

Ericka Holmann brincaba de alegría y cada vez que lo recuerda se le eriza la piel.

En ese momento Gabriel no sabía lo que había logrado, lo supo luego. “Me sentí muy bien, me emocionó el récord, es una cosa que no la esperábamos. Sabía que íbamos con la mentalidad de hacer unos buenos tiempos, pero récord, récord así, no”, dice ahora.

Hace cinco años que Gabriel comenzó en atletismo. Llegó a la pista gracias a su hermana Kathi Cuadra, quien es miembro de la Selección Nacional de Atletismo. “Un día fui a una competencia de ella, me puse a calentar para estarla acompañando y ahí me vio un señor que se llama Dionisio Zeledón”. Zeledón es Secretario General de la Federación Deportiva del Comité Paralímpico Nicaragüense (Fedcopan).

—Vení ve, vos sos bueno —recuerda que le dijo. Y lo invitó a una competencia la semana siguiente.

Gabriel le tomó la palabra y comenzó a practicar con el entrenador de su hermana. “Competí y me quedé”, dice. Y así inició, practicando un par de días a la semana, ahora se quedó yendo cinco días a la semana por dos horas y media diario.

Cuando empezó, reconoce su entrenador Sergio Pupo, “debido a su discapacidad no pensé que tendría tantas posibilidades, pero ha demostrado que tiene mucho potencial y ahora sus posibilidades reales las veo infinitas”.

Gabriel se ha encargado de dibujar su propio destino. Su madre dice que su decisión por vivir la vida es lo que ha llevado tan lejos a su hijo. “Eso también me ha ayudado a apoyarlo en las cosas que quiere. Él se ha propuesto cosas y a veces lo tengo que agarrar y decirle ‘Gabriel, esperate, no estás preparado para eso’ y a veces me calla la boca y lo hace aunque yo crea que no”.

Gabriel la escucha y no puede evitar lanzarse una carcajada. “Es cierto”, asegura. Han sido muchas las veces que con sus acciones le ha demostrado que él puede hacer todo lo que se propone.

Gabriel Cuadra Holmann impuso récord americano en los 800 metros planos T36 con 2:23.90 minutos en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012. Además de su esfuerzo y el apoyo de su familia, él tiene un agradecimiento especial para Los Pipitos y Fedcopan, y también para sus patrocinadores: , Gimnasio Hércules, Gatorade y Movistar.

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Gabriel es sonriente y muy conversador. Ya se graduó del bachillerato y su plan es estudiar Diseño Gráfico. Disfruta viajar a San Juan del Sur con sus amigos y familia y también escuchar música. No tiene novia y entre risas comenta que está disponible. Pero su gran amor, confiesa, es el atletismo.

“Lo más importante que tiene Gabriel es que es súper optimista, es una persona que todo lo ve positivo. Siempre ve el lado bueno de las cosas, es un muchacho muy alegre”, dice su madre. “Como atleta es perseverante, disciplinado. Es una persona bien sociable”, dice su entrenador.

Gabriel reconoce que puede que algunas cosas hayan sido más difíciles para él que para sus hermanos Kathi y Pedro, pero que esa lucha lo ha hecho más fuerte. “Me fue difícil aprender a caminar, andar en bicicleta, muchas cosas. A leer, escribir. Pero por la fisioterapia y la gente que me apoya y que me ha ayudado siempre es que estoy aquí. También gracias a mi mamá y a mi familia”.

Si hay algo que no le gusta a Gabriel es la discriminación. “La verdad no dejo que me discriminen, odio a las personas que me tratan mal, me da rabia horrible, yo hago toda mi vida normal, imaginate que hasta manejo, es cierto, quizá no soy tan buen conductor, pero ahí vamos”, asegura.

Quizás sea por esa misma lucha que a él le gusta medirse con los mejores y no solo en el deporte, sino en su vida diaria.

“Tiene que haber competitividad. En la vida para mejorar siempre hay que estarse midiendo con los mejores. Tenés que saber que hay personas que van adelante que vos y entonces que los tenés que agarrar, que los tenés que alcanzar, que los tenés que pasar, que tenés que mejorar”, dice.

Cuando hay competitividad —opina—, “sabés que hay alguien atrás tuyo y que si no te esforzás lo suficiente te van a pasar la cuenta y eso no solo en atletismo, sino en la vida cotidiana”.

Actualmente —cuenta su entrenador Sergio Pupo— Gabriel es el único atleta de con discapacidad que entrena con atletas de la Selección Nacional de Atletismo. Eso, asegura, lo obliga a exigirse mucho más. “Todo el mundo tiene claro que es un ejemplo, es un icono cuando hay que referirse a subir la moral, hace un doble esfuerzo en entrenamiento y siempre lucha por igualarse a los demás. A veces terminan tirados en el piso, vomitando, sin fuerzas para nada, pero Gabriel siempre está dispuesto a dar un poquito más”, dice su entrenador.

A Gabriel le ha tocado vencer obstáculos, pero para él los “no” no existen y los errores son simplemente formas de aprendizaje.

Sus sueños no tienen límites. Como profesional “yo quiero sacar una carrera que me dé de comer”, dice. En el deporte imagina ganar una medalla de oro a nivel mundial. “Yo voy por buen camino, soy una persona joven y me faltan muchas cosas por hacer”, asegura.

Pero despacio. Va meta por meta. “Todo se puede alcanzar, la cosa es tener la disciplina, trazarse una meta y hacer lo necesario para alcanzarla”.

¿Su próxima meta? Los Juegos Paralímpicos del 2016 en Río de Janeiro.

Gabriel, reconoce su madre Ericka Holmann, es el más cariñoso de sus hijos.

En corto

Odio… Las películas de miedo. Mejor que ni me lleven.
¿Novia? No tengo. Estoy disponible.
¿Discriminación? La verdad no dejo que me discriminen.
Me gusta… ir a San Juan del Sur.
¿Estudiar? Diseño Gráfico

“La competitividad es muy importante. Cuando hay competitividad sabés que viene alguien atrás tuyo y que si no te esforzás lo suficiente te van a pasar la cuenta y eso no solo en atletismo, sino en la vida cotidiana”.

Gabriel Cuadra Holmann.

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