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Mercado Oriental

Su nuera no la deja salir porque doña María se pierde, a pesar de vivir aquí desde hace 50 años. Vendió verduras, lotería y todo cuanto pudo en los dos primeros galerones metálicos del viejo mercadito. Pero ahora la aturde el paso de carretones y el bullicio de la gente, por eso se rindió ante el letargo de más de 70 años a cuestas y en su cama se mantiene protegida de la vorágine diaria en el lugar.

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