Vida, muerte y legado de un joven llamado Marlon Zelaya

Reportaje - 09.09.2018
Marlon Zelaya

Esta es la historia de un joven que nació cuando su padre ya había muerto, se enroló en la lucha contra Somoza y se enamoró de la Revolución sandinista. Apenas vivió 21 años, pero marcó a los jóvenes de su generación

Por Eduardo Cruz

Cuando lo mataron, el 25 de mayo de 1983, Marlon Apolinar Zelaya Cruz tenía apenas 21 años y tres meses de edad. En ese momento era el segundo jefe de uno de los dos batallones que formó la Juventud Sandinista (JS) a inicios de los años ochenta, el 30-72, conformado por jóvenes de la zona occidental de Managua. Y era el líder de la JS en el Recinto Universitario Rubén Darío de la UNAN-Managua, donde estudiaba Arquitectura.

Sus compañeros de estudios, que también eran del batallón, relatan que mientras avanzaban en la ribera del río San Juan, se toparon en una colina con un nido de ametralladoras de la Contra, comandadas por Edén Pastora, y Zelaya recibió un balazo en el costado izquierdo. Dio un grito de dolor diciendo: “Me pegaron”. La bala dejó un orificio de entrada pero no tuvo salida. Zelaya se iba ahogando por dentro. Sus compañeros dicen que le improvisaron una camilla, en todo caso una hamaca en la que lo trasladaron durante unas tres horas hacia El Castillo. Mientras lo cargaban él los iban animando: “No se desunan, sigan adelante. Busquen el río”. Su agonía duró entre dos y tres horas.

Carné de Marlon Zelaya como miembro de las Milicias Populares Sandinistas. FOTO/ EDUARDO CRUZ

Zelaya pudo haber evitado ir a la montaña para empuñar un fusil, dicen sus compañeros. Era un líder de la JS y además había sido guerrillero, primero en Jinotega y luego en el Frente Sur, bajo el mando de Edén Pastora y como miembro de la brigada de internacionalistas Simón Bolívar. Pero tenía un “defecto”: No le pedía a los demás lo que él mismo no estaba dispuesto a hacer.

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Irónicamente, Zelaya, que había peleado junto a Edén Pastora, murió peleando contra otras tropas del mismo Pastora, las contrarrevolucionarias, conocidas como Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE). Había jóvenes que tenían solo cinco meses de haberlo conocido, pero lo lloraron amargamente, como si fuera a un hermano. La noticia sobre su muerte los sandinistas no la dieron inmediatamente, para evitar que los otros miembros de la Juventud Sandinista, que también andaban enmontañados, se “desmoralizaran”.

“Marlon era fácil de querer”, dice Martha Cabrera, quien lo conoció en 1977, en una finca de Jinotega, Santa Gertrudis, adonde Zelaya llegaba en periodo de vacaciones escolares a cortar café. “Él era de una familia clase media acomodada, pero vivía con bastante sencillez. Trabajaba de vigilante nocturno en una fábrica y mientras vigilaba estudiaba. Era uno de los mejores estudiantes de Arquitectura de la UNAN”, revela Donald Méndez, quien para 1983 era el responsable de la Juventud Sandinista en los recintos universitarios de Managua.

Para otro compañero de batallón de Zelaya, quien se identifica con el nombre ficticio de Roberto Morales, Marlon Zelaya “era el Carlos Fonseca de nuestra generación”. “Yo creía que él era mayor que yo, porque tenía una madurez y un nivel de compromiso increíble. Siempre fue muy humilde. Pero después me doy cuenta de que era un año menor que yo”, explica Morales.

La muerte de Zelaya provocó tristeza en muchos de los ocho mil estudiantes que tenía en 1983 el Recinto Universitario Rubén Darío. Una caravana de unas 160 personas acompañó el féretro hasta Jinotega, donde fue sepultado. Y a raíz de su muerte, uno de sus hermanos, Enrique Zelaya Cruz, quien se había graduado de médico en la Universidad de San Carlos, Guatemala, se integró a la Contra y llegó a ser miembro de su directorio. Se le conoce mejor como Doctor Henry y hasta hoy cree que a su hermano lo mataron los mismos sandinistas, porque en el último año de vida había cometido el “error” de ser crítico.

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La vida de Marlon Zelaya “es interesante”, dice su amiga Martha Cabrera. Era muy solitario, reservado, siempre buscando quedar en segundo plano respecto a las personas con las que interactuaba.

Era huérfano de padre. Su progenitor, Enrique Zelaya, era egresado del liceo técnico de agricultura de Chinandega y para 1961 era gerente del Banco Nacional en Yalí, Jinotega. “Dos campesinos que habían hecho un préstamo y que no comprendían que tenían que hipotecar su finca, tuvieron desavenencias con mi papá y lo mataron”, cuenta Enrique Zelaya hijo.

Enrique Zelaya Cruz, mejor conocido como Doctor Henry en las filas de la Contra, posa con un retrato de su hermano Marlon Zelaya. FOTO/ ÓSCAR NAVARRETE

La muerte del padre ocurrió el 1 de diciembre de 1961 y Marlon Zelaya nació dos meses después, el 8 de febrero de 1962.

Debido a las dificultades económicas, su mamá, Lilly Cruz, se trasladó a trabajar a Managua y Marlon y sus dos hermanos mayores se criaron con su abuelita y su bisabuela maternas. Fueron tiempos difíciles en los que Marlon conoció la pobreza, explica su hermano Enrique.

La mamá de ellos se volvió a Jinotega y se casó con un abogado de nombre Armando José Palacios, con quienes se llevaron bien. De hecho, Marlon Zelaya comenzó a conocer los vejámenes que cometía la Guardia Nacional cuando echaron preso a su padrastro, indica Enrique.

Como estudiante del colegio La Salle de Jinotega, Marlon fue muy activo en tareas sociales e incluso, bajo la influencia del hermano cristiano Jesús de Santiago, quiso ser miembro de esa comunidad religiosa.

Jesús de Santiago, un español que en ese entonces era coordinador pedagógico del La Salle de Jinotega, recuerda a Marlon Zelaya como a un muchacho que desde los 14 años de edad era un líder nato. “Como muy pocos líderes que me he encontrado en tantos años de educación. Tenía un encanto para llevar adelante un liderazgo único y una visión clara, abierta, democrática, dialogadora. Tenía un liderazgo muy fuerte y una expresión verbal extraordinaria. Le gustaba consensuar todos los criterios y tenía. Nunca vi a Marlon Zelaya sin saber lo que quería para la sociedad de Nicaragua”, refiere Jesús de Santiago.

Jesús de Santiago, excoordinador de Pedagogía en La Salle de Jinotega. FOTO/ EDUARDO CRUZ

El exreligioso también cuenta que desde La Salle impulsaban proyectos sociales que Marlon apoyaba con todas sus energías. Por ejemplo, para 1975, desde La Salle impulsaron una jornada de alfabetización en el barrio El Chorizo, donde construyeron una enorme casa comunal y ahí daban capacitaciones sobre diferentes oficios, como la albañilería y la carpintería. En esa misma zona desarrollaron un barrio nuevo que ahora se llama Linda Vista, donde construyeron 300 casas y un pozo artesiano. En todo eso apoyó Marlon Zelaya.

En 1977, el papá de Martha Cabrera, Ernesto Cabrera, administraba una finca en Jinotega, Santa Gertrudis, propiedad de Jorge Armando Chávez, adonde llegaban jóvenes estudiantes a trabajar en el corte de café durante sus vacaciones escolares. Entre todos los jóvenes, la familia Cabrera acogió con especial afecto a Marlon Zelaya, quien se convirtió en amigo de todos y en especial de un hermano de Martha, también llamado Ernesto Cabrera, a quien le decían Cabrerita.

Ernesto Cabrera, “Cabrerita”, amigo de Marlon Zelaya. FOTO/ REPRODUCCIÓN

Lo que recuerda Martha es que, por las noches, su hermano Ernesto y Marlon Zelaya solían visitar los campamentos de los campesinos y llevarles medicinas. Era como una labor social de ambos, en la que también les organizaban fiestas a los campesinos en las cuales no permitían a ninguna joven que no estuviera dispuesta a bailar con los campesinos.

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En una ocasión, llegó una joven amiga de la familia procedente de Managua y la llevaron a una de las fiestas, pero Ernesto y Marlon no la querían allí porque se veía “fresa”.

Por su parte, Enrique Zelaya, Doctor Henry, lo que recuerda es que Cabrerita y Marlon se ponían felices cuando llegaban las vacaciones escolares porque significaba que iban a los cortes de café, lo que aprovechaban para adoctrinar a los campesinos contra la dictadura somocista y también entrenarlos militarmente para una insurrección que estaba planificando el FSLN en Matagalpa. “Eran los únicos que hacían eso en el norte en ese momento”, dice Enrique Zelaya, quien considera que de alguna manera Cabrerita y Marlon son forjadores del FSLN en el norte.

Imagen de Ernesto Cabrera, Cabrerita, en una calle de Matagalpa durante la insurrección de finales de agosto de 1978. Enrique Zelaya dice que su hermano Marlon Zelaya participó en esta acción junto a su amigo Cabrerita. FOTO/ CORTESÍA/ SUSAN MEISELAS/ MAGNUM PHOTOS

Hay una imagen de la fotógrafa estadounidense Susan Meiselas en la que aparece un joven subiendo a un andén, con una pistola pequeña en la mano izquierda, vestido con un pantalón blue jeans y una camisa verde manga larga, y tapado el rostro con un pañuelo rojo. Es Ernesto Cabrera, Cabrerita. La foto fue tomada a finales de agosto de 1978, en Matagalpa, frente a la casa de la mamá de la comandante Dora María Téllez, cuando se inició la insurrección de ese año y que la dictadura somocista aplastó luego con una operación limpieza.

Unos dicen que Marlon Zelaya, siendo aún un adolescente, participó en esa insurrección, y otros dicen que no. Sea como haya sido, las vidas de Cabrerita y Marlon se separaron después de esa guerra, porque el primero se fue a la clandestinidad y Marlon fue enviado a Colombia por su madre, para que siguiera estudiando.

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En mayo de 1979, el periodista Daniel Samper Pizano publicó una columna en el periódico colombiano El Tiempo que tituló “Necesitase gente” y decía en parte: “En la calle número… de Bogotá, están necesitando gente. No dan trabajo ni prometen enriquecer… Lo único que ofrecen es la posibilidad de perder la vida… A cambio solo brindan la oportunidad de luchar por la liberación de un pueblo. En este lugar funciona la oficina de reclutamiento de combatientes colombianos que quieran voluntariamente alistarse en la lucha armada contra la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua”.

La convocatoria produjo buenos resultados para la conformación de la brigada de internacionalistas Simón Bolívar.

Un excombatiente de esa brigada, Shamir Alí Hassan, escribió en un blog: “La brigada Simón Bolívar alcanzó a recibir solicitudes de incorporación de más de 1,200 colombianos. De todo el país se presentaron voluntarios… De ellos, cerca de 320 habían sido seleccionados pero solo alcanzaron a viajar 53, de los cuales siete eran nicaragüenses”. Uno de esos siete nicaragüenses era Marlon Zelaya. Así lo afirma Vicente Rivas, quien lo conoció en Colombia.

En el Frente Sur, Zelaya combatió contra la dictadura en sus últimos días. Y cuando triunfó la Revolución sandinista, explica su hermano Enrique, no quiso seguir en el ejército sandinista, pues su sueño era estudiar y le dieron la baja.

Martha Cabrera todavía recuerda el reencuentro entre Marlon Zelaya y Cabrerita. Fue en agosto de 1979. La alegría fue inmensa. Pero después, aunque la amistad se mantenía, los dos amigos ya casi no se veían, pues Cabrerita tenía vida militar y Zelaya vida estudiantil.

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La vida de estudiante universitario de Marlon Zelaya era muy solitaria. Su hermano Enrique estudiaba Medicina en México. Tenía una hermana en Managua, Tania, pero casi no se veían. Sus compañeros de clases no le conocían familia. Y él casi no hablaba del tema. “Te puedo asegurar que casi nadie de nuestro grupo sabe qué hacía Marlon antes del triunfo de la revolución ni si tenía familia o no”, dice su compañero de estudios y de batallón Donald Méndez, quien llegó a ser uno de los mejores amigos de Zelaya. “Marlon era mi hermano”, confía Méndez.

Donald Méndez, uno de los mejores amigos de Marlon Zelaya en la Juventud Sandinista. FOTO/ EDUARDO CRUZ

 

Zelaya vivía en el barrio Altagracia, por el hotel D’ Lido, en una casa de alto. De la casa se iba a la universidad y de la universidad a la casa. Su verdadera casa era la universidad. “Era una época en la que los jóvenes creíamos que había que construir la sociedad nueva”, confiesa Méndez. Para Zelaya, esa sociedad nueva se empezaba a construir estudiando fuertemente.

Llegó a ser tan buen alumno que rápidamente lo convirtieron en “alumno monitor”, es decir, como buen estudiante los profesores lo ponían a dar clases a sus demás compañeros. Como “alumno monitor” lo conoció Carlos Bustamante, quien después llegó a ser el jefe del batallón 30-72, del que Zelaya era el segundo. “Sin duda, Marlon fácilmente hubiera llegado a ser secretario general de la Juventud Sandinista”, dice Bustamante. “Era dinámico, habilidoso y muy querido”.

El carisma de Zelaya lo llevó a detectar que había un grupo de jóvenes a quienes les gustaba el teatro. Entonces montó una obra teatral sobre la actualidad del país. Donald Méndez señala que en esa obra nadie quería ser un personaje: el perro del tío Sam. “¿Quién lo hizo? Marlon Zelaya”, relata Méndez. Y tuvo tanto que éxito que al final de la obra “los aplausos fueron para el perro del tío Sam.

Estando en la universidad, Zelaya pasó un curso militar y después lo nombraron jefe de las milicias de la UNAN-Managua. Después pasó a ser líder de recinto, hasta llegar a ser el jefe de plana del batallón 30-72, es decir, el segundo al mando, aunque hubo muchos que por su experiencia como guerrillero y por su carisma lo hubiesen preferido como el jefe.

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Marlon Zelaya vivía enamorado de la Revolución sandinista. En 1982 su hermano Enrique regresó de México, cuando le nació su primera hija y la llevó a bautizar a Jinotega. Enrique le pidió a Marlon que fuera el padrino de la niña y juntos se fueron a Jinotega. Enrique aprovechó la ocasión para llevar a Marlon a las zonas de Pantasma y Wiwilí, para que conversara con los campesinos.

Según Enrique, Marlon no salía de Managua, concretamente de la universidad. En 1980 había participado en la Cruzada Nacional de Alfabetización, en La Cruz de Río Grande. Y en 1981 había ido a Cuba a recibir cursos y participar de encuentros con la juventud comunista, pero en realidad el interior de Nicaragua no lo visitaba. “Mi hermano vivía como en una especie de burbuja, más con la propaganda de Barricada y todo eso”, manifiesta Enrique.

Foto familiar: Marlon Zelaya aparece a la izquierda, cargando en los brazos a una hija de su hermano Enrique, a quien apadrinó en su bautismo. Junto a Marlon están su hermano Enrique y la esposa de este último. El resto son familiares de la esposa de Enrique. CORTESÍA/ REPRODUCCIÓN/ ÓSCAR NAVARRETE

“En Pantasma y en Wiwilí, en la zona de Zompopera, mi hermano comienza a ver que el campesino no está muy contento con la revolución. Me dijo: Yo pensaba que todo iba bien, que contra quienes estábamos luchando era contra los guardias que se habían levantado. No me gusta lo que estoy viendo. Creí que estábamos matando vestigios de la Guardia Nacional, pero ahora tengo mis dudas”, afirma Enrique.

Para ese tiempo se empezaba a hablar de la aprobación de una ley del Servicio Militar Patriótico (SMP) y Enrique afirma que Marlon le dijo que no estaba de acuerdo con esa ley y cuestionó el liderazgo de Daniel Ortega en la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN). “Te quiero decir algo, no estoy de acuerdo con lo del Servicio Militar Obligatorio, ni tampoco que siga Daniel en el poder. Le tiene que dar lugar a otro”, le habría dicho Marlon, según cuenta Enrique.

De acuerdo con su hermano, Marlon Zelaya regresó a Managua haciendo autocrítica e incluso le expresó sus inquietudes a un alto mando del ejército sandinista. “Por ser joven, expresó su malestar en público”, dice Enrique.

Los amigos de Marlon Zelaya no opinan lo mismo que Enrique Zelaya. Martha Cabrera estaba en Alemania estudiando cuando le llegó la noticia de que había muerto Zelaya. Apenas unos días atrás había recibido una carta de él, fechada el 19 de mayo y a él lo matan seis días después. En esa carta, explica Cabrera, Zelaya no mostró ningún atisbo de dudas sobre la revolución, sino todo lo contrario. Le decía todo lo que estaba pasando en Nicaragua y se mostraba con optimismo.

Notas de Marlon Zelaya en el colegio La Salle de Jinotega. FOTO/ ÓSCAR NAVARRETE

Y Donald Méndez, su otro gran amigo, afirma que ellos como jóvenes no eran ortodoxos, sino que eran abiertos a la autocrítica y no cree que Marlon Zelaya estuviera con dudas sobre la revolución cuando murió a orillas del río San Juan.

En 1982 le dijeron a los de la Juventud Sandinista que debían completar 550 jóvenes por cada uno de los dos batallones antes de salir a la montaña. Quien resolvió ese problema, cuenta Carlos Bustamante, fue Marlon Zelaya. Inmediatamente se puso a reclutar a cuanto joven de la preparatoria de la UNAN-Managua se encontró.

El 22 de diciembre los dos batallones salieron de Managua hacia las montañas del norte. Los del batallón 30-62 se reconcentraron en el Colegio Experimental México y los del 30-72, en el que iba Zelaya, en el Instituto Miguel de Cervantes, por el Zumen.

Salieron a un centro que le llamaban Los Millones. Pero luego separaron a los batallones. El jefe del batallón 30-72, Carlos Bustamante, se fue con 200 jóvenes a la frontera norte y Marlon Zelaya, el segundo jefe del batallón, se llevó al resto hacia la frontera sur.

El grupo no había tenido bajas hasta el 25 de mayo. Cerca del 10 de mayo un barco llamado Bremen, que lo donó Alemania Democrática, se había quedado encallado en el río San Juan y 10 combatientes sandinistas lo habían custodiado pero en una emboscada de la Contra resistieron hasta quedarse sin municiones, huyendo luego hasta encontrarse días después con las tropas de Marlon Zelaya.

El 25 de mayo, cerca de las 8:00 de la mañana, según cuentan los compañeros de Zelaya, una parte del batallón 30-72 iba custodiando en unas lanchas por el río San Juan a unos periodistas alemanes que iban a hacer un reportaje sobre el barco Bremen. Mientras que otra parte, liderada por Zelaya, iba en tierra, a la orilla del río, también custodiando. Pero al llegar a un cerro, en un lugar que le llaman las Tiricias, había un nido de ametralladoras de las tropas contrarrevolucionarias de Edén Pastora.

El primero en caer, cuenta Roberto Morales (nombre ficticio), fue un muchacho del Instituto Miguel de Cervantes, de nombre Adolfo Noguera. Le dispararon, cayó al río y el cuerpo nunca fue encontrado. Después le pegan a un estudiante del Ramírez Goyena, el chino Marvin González. Y después hieren a un joven de El Rosario, Carazo, Segundo Lezama, quien sale despavorido y nunca se supo qué fue de él, aunque se presume que fue capturado y asesinado por los contras.

El último en ser impactado fue Marlon Zelaya. Agonizante, iba dándole palabras de aliento a la tropa.

Lograron sacarlo a El Castillo, luego a San Carlos y después a Managua.

La vela en Managua se realizó tanto en la UNAN como en Altagracia. Y fueron unos funerales multitudinarios.

Miembros de la Juventud Sandinista le hacen guardia de honor a los restos de Marlon Zelaya y Marvin González en la UNAN-Managua. FOTO/ ARCHIVO

Según Enrique Zelaya, a Marlon los sandinistas lo querían enterrar en la UNAN, pero se opuso y lo llevaron a Jinotega. De acuerdo con Donald Méndez, nadie le conocía familia a Marlon y fueron los de la Juventud Sandinista quienes decidieron llevarlo a Jinotega, aunque después conocieron a la familia.

El cadáver iba en una caja sellada por el Ejército. Ya estando el cuerpo en Jinotega, Enrique Zelaya dice que abrió la caja aprovechando un descuido de los de la Seguridad del Estado, quienes se oponían fuertemente a que el ataúd fuera abierto por los familiares diciendo que estaba prohibido. Los de la Seguridad del Estado quisieron impedir que revisara el cadáver pero él metió las manos en el cuerpo, se las llenó de líquido putrefacto y amenazó con embarrar a los de la Seguridad, quienes tuvieron asco y retrocedieron.

Donald Méndez dice que los organizadores accedieron a que la caja fuese abierta y que el cadáver de Marlon estaba inflamado y negro, y que su hermano Enrique lo reconoció por la dentadura.
Lo que dice Enrique es que efectivamente era su hermano, pero que no tenía balazos ni en el rostro ni en el pecho.

Le dio vuelta al cuerpo de su hermano y vio un balazo en la espalda, sin orificio de salida y con rastros de pólvora alrededor. Después de eso se fue a la Contra.

Donald Méndez y Ernesto Cabrera reciben las pertenencias de Marlon Zelaya tras su muerte: sombrero, botas, carné y otros objetos. FOTO/ REPRODUCCIÓN

Los “defectos” de Marlon

“¿Que si Marlon tenía defectos? Es una pregunta interesante pero muy difícil de contestar”, dice Roberto Morales, nombre bajo el cual se oculta un amigo de Marlon Zelaya en la UNAN-Managua. “OK, te voy a decir uno. A veces repetía un poco las cosas. No era cansino sino que como que enfatizaba en las cosas. Otro defecto. Siempre iba adelante y en lo militar no debería ser así, en teoría. Algunos lo tildaban de imprudente”, rememora Morales.

“¿Un defecto de Marlon? Era un ser bueno, por eso vive poco tiempo la gente así. Era un poco ingenuo, iba por la vida creyendo en los demás”, asegura Martha Cabrera.

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“Para mí su defecto es que era reservado en sus cosas. Sabíamos poco de él y siempre se ponía en segundo plano”, afirma Donald Méndez sobre Marlon Zelaya.

Un dirigente de la Juventud Sandinista, Pedro Hurtado, explica que estimó a Marlon Zelaya porque era una persona con un compromiso con los valores éticos y porque no era una persona de solo palabras sino que estaba motivado por un programa y por ideas, por valores éticos.

Otro en el olvido

“El Frente ha sido grosero con los héroes y mártires”, dice Carlos Bustamante, compañero de estudios y de armas de Marlon Zelaya. Bustamante explica que los compañeros han tenido que organizarse para que año con año ir a dejar una ofrenda floral a la tumba de Marlon Zelaya.

De Marlon Zelaya ha habido monumentos en varios lugares. Uno de ellos fue una placa en el barrio Altagracia, pero se desprendió y afortunadamente está en poder de su hermano Enrique. Hay un busto en la UNAN-Managua, donde, según Donald Méndez, también había un museo donde estaban las pertenencias de Zelaya cuando cayó muerto, como su sombrero, sus botas, entre otras. Pero el museo desapareció alrededor de los años 1995 o 1996 y no se sabe dónde quedaron las pertenencias de Zelaya.

Cerca del lugar donde cayó herido hay otro monumento dedicado a Marlon Zelaya, pero también está en el olvido, a no ser porque año con año sus compañeros ahorran para ir a honrarlo.

Y en la zona de río San Juan hay una comunidad que se llama Marlon Zelaya. “Mi hija se llama Marlen por él. Muchos le pusieron Marlon a sus hijos por él”, comenta Donald Méndez.

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