Y ellos pelearon…

Reportaje - 09.03.2014
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El próximo julio se cumplen 100 años de la Primera Guerra Mundial. Magazine buscó el rastro nicaragüense en esta conflagración y encontró que, aunque lejana, al menos una decena de compatriotas combatieron en los ejércitos alemán, británico y francés.

Por Dora Luz Romero

Se oyen estruendos y pronto una tormenta de fuego comienza a caer sobre Verdún, Francia. Soldados que corren, que mueren, que quedan enterrados. Una, dos, tres… nueve horas. Durante nueve horas seguidas 1,200 cañones alemanes han vomitado fuego sobre los soldados franceses. Es lunes, es 21 de febrero de 1916 y el ataque alemán, que inició a las 7:15 de la mañana, ha sido planificado por el general Erich von Falkenhayn. Su objetivo es desangrar a las tropas francesas hasta morir. Mientras tanto, el ejército francés defiende con cuerpo y alma Verdún. Para ellos —cuentan los historiadores—, ese sitio representa el orgullo y la historia de su nación, una plaza “fuerte e impenetrable”.

La Batalla de Verdún se convirtió en la más larga de la Primera Guerra Mundial y una de las más agónicas y sangrientas: diez meses de combates y más de medio millón de muertos.

Ahí, en medio del fuego abierto, en la trinchera alemana estuvo un nicaragüense: Enrique Geyer Abaunza.

¿Qué hacía un nicaragüense nacido en Masaya batallando con los alemanes en una guerra en la que Nicaragua no tenía participación alguna y que se desarrollaba a unos 10 mil kilómetros de distancia?

La historia es esta. Enrique Geyer Abaunza era hijo de Heinrich August Geyer, un inmigrante alemán, y de la nicaragüense Josefa Susana Abaunza. Él, había viajado a Alemania para estudiar Ingeniería y justamente estando allá estalló la guerra. “Fue reclutado y pasó tres años en Verdún”, cuenta el expresidente Enrique Bolaños Geyer, sobrino por parte materna.

En esos tres años —cuenta Bolaños—, Geyer Abaunza tuvo tres pases, uno anual, para ir a visitar a su familia. “Él nos contaba que el último año estaba camino de regreso a su trinchera cuando ocurrió la feroz y última batalla de Verdún y cuando llegó encontró solo a un compañero vivo. Se salvó de milagro”, dice.

Enrique Geyer Abaunza no fue el único nicaragüense que participó en la Gran Guerra. Al menos una decena lo hizo. Alberto Vogl Baldizón, Salomón de la Selva, Salvador d’Arbelles, Humberto Bustamante, Salvador Chamorro, Hans Langschwager, Ernesto Brockmann, Alfonso Mejía Chamorro…

Alberto Vogl Baldizón, hijo de un inmigrante alemán y una nicaragüense. Magazine
Alberto Vogl Baldizón, hijo de un inmigrante alemán y una nicaragüense, luchó con las tropas alemanas en la Gran Guerra. Luchar —dice su hija María Elsa— sentía que era su responsabilidad.

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En la Nicaragua de 1914, más allá de escuchar las noticias, los nicaragüenses tenían poco o nada que ver con una guerra que se desarrollaba a unos 10 mil kilómetros de distancia cruzando el océano Atlántico. Para entonces el país era gobernado por Adolfo Díaz, quien estaba enfocado en otros menesteres.

Ocho días después de iniciada la Gran Guerra (28 de julio), Nicaragua firmaba el tratado Chamorro Bryan, donde le concedía a Estados Unidos la construcción del canal interoceánico. Aquel tratado era más bien la garantía para no construirlo, ese mismo mes Estados Unidos inauguraba el Canal de Panamá.

Las cruentas batallas seguían en el mundo, la de Galípoli, la de Verdún, la del Somme, la de Jutlandia. Por primera vez se escuchaba del uso de gases tóxicos y lanzallamas.

Mientras tanto, en Nicaragua, para 1917, hay un cambio de mando y llega a la presidencia Emiliano Chamorro. La guerra estaba en su apogeo y ese año Estados Unidos le declara la guerra a Alemania y es así como Nicaragua, aunque sea en papel, entra en el juego respaldando a Estados Unidos.

La primera acción de respaldo fue esta: “Por el Decreto Legislativo de 18 de Mayo de 1917 se facultó al Poder Ejecutivo para conceder al Gobierno de los Estados Unidos el uso de los puertos, aguas territoriales, vías de comunicación y toda otra facilidad análoga que fuera necesaria durante el conflicto”, cuenta Goetz von Houwald en su libro Los alemanes en Nicaragua. Luego vendría la declaratoria de guerra.

María Elsa Vogl, Hija de Alberto Vogl Baldizón

“A mi papá lo hirieron varias veces en la guerra. Su mano derecha no la podía mover bien. Nos contaba que en un hospital de campamento le rehicieron la mano derecha con platino”.

María Elsa Vogl, hija de Alberto Vogl Baldizón.

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En la casa de los Vogl Montealegre jamás se permitió que quedara comida desperdiciada en un plato. Nunca. Aquel gesto era para Alberto Vogl Baldizón una grosería, una ofensa. “Pasé cuatro años de mi vida con hambre, desperdiciar es pecado”, le decía a sus hijos. Alberto Vogl Baldizón supo bien qué era el hambre durante los años que luchó en la Primera Guerra Mundial con las tropas alemanas.

Él era nicaragüense, pero según cuenta su hija María Elsa Vogl, sentía que era su responsabilidad y deber luchar por su patria, Alemania. Había nacido en Matagalpa el 12 de noviembre de 1899. Su padre, el alemán Alberto Vogl Schaedelbauer y su madre la nicaragüense Rosenda Baldizón Molina. Su padre, inmigrante alemán, había llegado a Nicaragua para sembrar café en el norte del país.

Vogl Baldizón finalizó cuarto grado en Nicaragua, pero luego fue enviado a Alemania, con su familia paterna, donde continuaría sus estudios. Cursó quinto y sexto grado, pero luego llegó la guerra. “En Alemania no me daban acceso a la universidad, pero sí a muchísimos institutos de enseñanza profesional y a aspirar a llegar a ser oficial de la Reserva del Ejército Alemán. Me inscribí en el séptimo grado de la Alta Escuela Real, pero en agosto de 1914 estalló la Primera Guerra Mundial”, relata Vogl en su libro Managua de mis recuerdos. Se presentó como voluntario, pero tenía quince años, así que no fue admitido. “En enero de 1915 logré ser enrolado en un regimiento de cazadores. Luché en todos los frentes de guerra: Francia, Rusia, Italia, Balcanes, Palestina, Mesopotamia. Fui herido cuatro veces, obtuve cinco condecoraciones y fui ascendido hasta subteniente”, se lee en el texto.

A María Elsa se le llenan los ojos de lágrimas cuando habla de su papá. “Nos contó de una vez cuando quedó enterrado por varios días, esa sensación de no poder salir, perdió el conocimiento. Es una de las historias que más me ha impactado a mí”, dice.

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Un contingente de infantería de tres mil hombres para servir en el ejército estadounidense, pero bajo la bandera nicaragüense, era lo que supuestamente se planeaba. Así lo presentó en un proyecto a Emiliano Chamorro, Toribio Tijerino, quien era secretario del Consejo de Ministros.

La guerra estaba declarada. “Declárase que desde esta fecha existe el estado de guerra entre Nicaragua y los gobiernos imperiales de Alemania y Austria-Hungría”, quedó escrito en La Gaceta No. 106 del 10 de mayo de 1918.

“Cabe recordar aquí que durante mi periodo presidencial la Primera Guerra Mundial estaba en su apogeo en Europa y que los Estados Unidos se encontraban haciendo grandes preparativos para su propia intervención en el conflicto. Naturalmente, Nicaragua entera era amiga y simpatizadora de Estados Unidos, como lo ha sido y lo seguirá siendo siempre”, está escrito en libro El último caudillo, Autobiografía de Emiliano Chamorro.

No todos —dijo luego Chamorro—, estaban de acuerdo con la declaratoria de guerra. Que Estados Unidos esté en América y Alemania en Europa, decía Chamorro, era razón suficiente para apoyar al país del norte.

El gobierno americano pedía el embargo de los bienes de los alemanes y sus aliados en Nicaragua, pero Chamorro dio largas al asunto. “Desde el año de 1885 yo conocía varias casas alemanas dedicadas a actividades comerciales e industriales en el país. Cuando yo las conocí ya tenían muchos años de establecidas, y como algunas de ellas quedaban frente a la casa de mi padre, me relacioné mucho con ellas y así pude observar sus simpatías por las gentes del país y las inclinaciones de sus varones a contraer matrimonio con las señoritas nicaragüenses, lo que hacía que nosotros los viéramos también con simpatía. Además por su dedicación al trabajo y sus contactos con la sociedad del país eran para mí gente insospechable que pudieran tener contactos en su país de origen en contra de nuestra América. Por eso creí que despojar a aquellos hombres y familias que por muchos años había visto luchar para amasar una pequeña fortuna, me parecía algo inusitado e impropio, por lo que siempre le puse evasivas al Encargado de Negocios de los Estados Unidos ante mi Gobierno”, escribió Chamorro.

En aquella guerra de la que Nicaragua ahora era parte, al menos en intención, participó el hermano de Emiliano Chamorro por parte de padre, Salvador Chamorro. Era soldado de las tropas francesas y según los relatos cayó en combate y quedó enterrado en Versalles.

Ni un solo nicaragüense, sin embargo, fue movilizado desde Nicaragua. El armisticio se firmó en noviembre de 1918 y llegó la paz.

“(…)Visitamos Versalles, tanto como para conocer la ciudad y sus bellos edificios de Gobierno, como para visitar la tumba de mi hermano Salvador Chamorro, muerto en la flor de su juventud al servicio de Francia”.

Emiliano Chamorro. Libro El último caudillo, Autobiografía Emiliano Chamorro.

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Cuartel de Wellington. Londres. La Guardia escocesa va de descanso y entra la irlandesa.

Dos hombres coinciden en las escaleras. Uno baja y el otro sube. Mientras avanzan, cruzan miradas hasta que llegan al mismo escalón.

—¿Quién eres tú, detestable escocés? —le pregunta uno.

—A usted qué le importa quién soy yo, detestable irlandés —le contesta el otro.

—Pues yo soy Salomón de Selva, de León, Nicaragua, Centroamérica, despreciable escocés.

—Pues yo soy Salvador d’Arbelles, de Corinto, Nicaragua, Centroamérica, despreciable irlandés.

Los dos hombres se miraron una vez más y soltaron un abrazo, ese día comenzó una amistad.

La anécdota la cuenta Salvador d’Arbelles en un texto publicado en la Revista Conservadora y titulado

Salomón de la Selva, soldado de su majestad.

¿Cómo habían llegado estos dos nicaragüenses a las filas del Ejército británico? De d’Arbelles se sabe muy poco, mientras que de Salomón de la Selva hay varias versiones de su participación.

Para la Primera Guerra Mundial el poeta leonés vivía en Nueva York, donde había sido enviado para estudiar, becado por el gobierno de José Santos Zelaya. Cómo saltó de ahí a las filas de ejército británico no se sabe, pero según el historiador Eddy Kühl primero “fue enrolado en el ejército estadounidense el 5 de junio de 1917, dos meses después que el Congreso norteamericano y el presidente Wilson declararan la guerra a Alemania”. Salomón —asegura Kühl— “sirvió al lado de los aliados como soldado por un año y cinco meses durante la Primera Guerra Mundial, desde junio de 1917 hasta el 11 de noviembre de 1918, día que terminó el conflicto bélico”.

Sin embargo, el historiador Jorge Eduardo Arellano escribió en un diario nacional que “en entrevista concedida al puertorriqueño Antonio González Déliz el 7 de mayo de 1973, Luis Muñón Marín recordaba que a fines de agosto de 1918 acompañó a Salomón de la Selva (León, 1893-París, 1959) en el subway de Nueva York desde la calle 79 a la 42, donde quedaba la oficina de reclutamiento del Ejército Británico”.

Por cuánto lo hizo, no se sabe con certeza, pero el mismo Salomón escribió en el prólogo de su libro de poemas El soldado desconocido: “Tuve la buena suerte de servir, voluntario, bajo la bandera del Rey Jorge V, enseña que fue de la madre de mi padre”.

Cuando finalizó la guerra, cuenta d’Arbelles, le tocó hacer un recuento de los latinoamericanos que habían servido al Ejército Imperial Británico, excluyendo al Regimiento de Caballería del Rey Eduardo VI, que estaba integrado solo por latinoamericanos, y pudo comprobar que Salomón de la Selva y él eran los únicos dos nicaragüenses en el servicio de su majestad Jorge V. “Nicaragua no tuvo ejército en Europa, pero sí soldados, sí hijos muy suyos, como yo, militares en las filas aliadas. Ella también debe tener un Soldado Desconocido. Ofrenda que por mi patria hago a ese héroe, es este libro”, escribió Salomón de la Selva en El soldado desconocido.

Magazine, Nicas en la gran guerra
Durante la Primera Guerra Mundial se escuchó por primera vez del uso de gases tóxicos. Se trataba de la primera guerra química, se usó desde gases lacrimógenos hasta gas mostaza y el gas de fosgeno.

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muerto nicaragüense durante la Primera Guerra Mundial es del que se tiene conocimiento: Salvador Chamorro, hermano por parte de padre de Emiliano Chamorro. Murió en el campo de batalla al lado de las tropas francesas.
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son los nicaragüenses de los que se tiene registro que participaron en la Gran Guerra en las filas del Ejército Británico: Salomón de la Selva y Salvador d’Arbelles.
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meses tardó la batalla más larga de la Primera Guerra Mundial, la Batalla de Verdún. Empezó el 21 de febrero de 1916 y finalizó el 19 de diciembre de ese mismo año.

Curiosidades

El nicaragüense Humberto Bustamante, originario de Matagalpa, estudiaba música en Alemania cuando la guerra estalló. Fue enrolado al ejército. “Contaba que salvó su vida porque entretenía a las tropas con su piano”, asegura el historiador Eddy Kühl. A su regreso a Nicaragua impartía clases de música.

Dominique Roustan, un francés que luchó en la Primera Guerra Mundial, llegó en los años treinta a Nicaragua donde se casó con una nicaragüense. Curiosamente —cuenta el historiador Eddy Kühl—, Alberto Vogl Baldizón se hizo amigo de Roustan y pronto se dieron cuenta que habían peleado la misma batalla, pero en bandos opuestos.

Se cree que Salomón de la Selva fue el único poeta de América Latina que participó en la Primera Guerra Mundial. Otros artistas e intelectuales que participaron en la Gran Guerra fueron los escritores Ernest Hemingway y Louis-Ferdinand, el pianista Paul Wittgenstein y el pintor Moïse Kisling.

Carlos Hayn Golberg, ciudadano alemán radicado en Nicaragua, llegó al país en 1907 para trabajar en una compañía exportadora de café. Se enamoró de Meta Vogl y en 1913 se comprometió con ella. Ese año viajó a Alemania para los preparativos de la boda y despedirse de su familia. Estando allá comenzó la guerra. Fue enrolado en el ejército alemán y luchó contra Francia. Al final de la guerra regresó y se casó con Vogl.

Lazos de sangre

Muchos de los nicaragüenses que lucharon en la Primera Guerra Mundial eran descendientes de alemanes, ingleses, franceses. Pero, ¿cómo es que sus familiares habían llegado al país?
En el siglo XIX hubo una fuerte migración de extranjeros. Algunos eran viajeros que decidieron quedarse en el país, otros habían llegado para el comercio, para la agricultura o como empleados de algunas empresas. Después de la Guerra Nacional (1854-1857) —asegura el historiador Bayardo Cuadra—, hubo muchos alemanes que comenzaron a establecerse en el país. “Lo hicieron por iniciativa propia”, dice Cuadra.

Años más tarde, en 1865, durante el mandato del presidente Tomás Martínez Guerrero se aprobó un decreto que ofrecía tierras de cultivo a extranjeros que quisieran dedicarse a la agricultura en el país. “El Gobierno dará a cada familia de los inmigrantes de los Estados Unidos o de cualquiera otra nacionalidad, que lleguen a la República con objeto de naturalizarse, hasta ciento veinte manzanas de tierras en los terrenos baldíos atendido en número de personas de que se componga la familia. A los célibes se les podrá conceder hasta sesenta manzanas”, decía el decreto. Los beneficios establecidos en la llamada “Cesión de Tierra y Ley de Colonización” provocaron la llegada de más inmigrantes al país.

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