Y ondeó la bandera…

Reportaje - 04.11.2007
Roberto Sánchez

Hace 35 años cuatro hombres viajaron hasta los cayos de Roncador, Quitasueño y Serranía, territorio reclamado por Nicaragua a Colombia. Las condiciones del viaje fueron precarias, pero se logró el objetivo: colocar la Bandera de Nicaragua en el faro de Quitasueño como símbolo de la soberanía nacional. Hoy la disputa continúa y sólo uno de ellos está vivo

Dora Luz Romero Mejía

“LA PRENSA iza Pabellón Nacional en Los Cayos”. Ese fue el titular que se leyó en la primera plana del periódico el 24 de octubre de 1972. La aventura había terminado. Los cuatro hombres: Eusebio Lacayo Waldan, el capitán; Danley Thompson, el contramaestre; Waggy Rigbby, el “cuque” y Roberto Sánchez, el periodista y jefe de la expedición, estaban de regreso contando la historia de cómo lograron izar la bandera azul y blanco en el faro del cayo Quitasueño.

Luego de que salió publicada la crónica del viaje, los medios internacionales se interesaron en el tema y dieron un espacio a la noticia en sus periódicos. En Nicaragua fue visto como un gran gesto de patriotismo, sin embargo el Gobierno de turno (somocista), según dice Roberto Sánchez, “minimizó la acción”.

La disputa entre Colombia y Nicaragua por San Andrés “estaba fuerte”, recuerda Sánchez, el único de los cuatro expedicionarios que está vivo. Han pasado 35 años y la disputa continúa, el Gobierno nicaragüense reclama su soberanía sobre ese espacio territorial. Mientras que ese acto patriótico quedó guardado en las páginas del Diario La Prensa y sobre todo en la memoria de Sánchez, quien cuenta con entusiasmo la historia.

“Cómo pasa el tiempo…” dice Roberto Sánchez mientras recuerda la hazaña que realizó hace 35 años

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La idea de viajar a los cayos había salido de una reunión entre directores, editores y periodistas del semanario Semana del Diario La Prensa. Para ese tiempo entre los hechos del acontecer nacional se hablaba de la disputa territorial entre Nicaragua y Colombia, pero “nadie conocía dónde quedaba de lo que hablaban”, dice Sánchez. Entonces fue cuando Horacio Ruiz, director de Semana, propuso que un periodista se dirigiera a la zona. Sánchez aceptó y días después viajó a Puerto Cabezas. La única referencia que llevaba era buscar a Ernesto Hooker, amigo de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, y quien posteriormente prestaría su barco: La Gazelle, para realizar la misión.

Miércoles 18 de octubre. Eran las 9 de la noche. La expedición parte rumbo a los cayos. Viajaban con poco presupuesto. “Pedro Joaquín Chamorro (Director Mártir de La Prensa) no estaba en Nicaragua. Andaba en Chile. La Prensa no me dio reales para ir. Hubo un grupo de personas que nos ayudó, como el doctor Luis Pasos Argüello, Jomo Parodi Basset y Ernesto ‘Tito’ Carrillo Martínez”, afirma Sánchez. Asimismo recuerda que lo único que llevaban era queso seco, gallopinto, pan y agua. La Bandera que llevaban la habían comprado en cinco córdobas en la Avenida Bolívar. El día que zarparon se dirigieron hacia los Cayos Miskitos para despistar y fue hasta el día siguiente que navegaron a Quitasueño. Mientras viajaban dicen que divisaron unos barcos que creyeron eran del Gobierno de Colombia, así que la Bandera que izarían luego la escondieron en una barra de pan. “Le sacamos la buñiga y ahí la metimos para que no nos descubrieran”, recuerda Sánchez.

Y fue hasta la mañana del 20 de octubre que lograron observar el faro de Quitasueño. El barco no logró llegar hasta el faro por la cantidad de rocas, por lo que Danley Thompson tuvo que montarse en el cayuco. “Hubo un momento de mucho peligro porque el mar estaba atestado de barracudas. Pero al final subió el faro y puso la Bandera de Nicaragua”. Thompson murió hace aproximadamente dos meses.

1972. Danley Thompson se dirigía en un cayuco hacia el faro. Luego subiría la Bandera.

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Era una misión secreta, pero según Sánchez, Ulises Carrillo, quien estaba al comando de la Guardia Nacional, los descubrió. Lo mandó a llamar y le dijo: “Tengo entendido que vas a ir a los cayos a poner la Bandera de Nicaragua. No sé si es verdad o si es mentira. Si yo te impido que vayas vas a regresar a Managua, vas hacer un escándalo diciendo que el comandante de la Guardia Nacional te impidió ir a poner la Bandera y si te doy permiso me voy a meter en un problema porque la puesta de la Bandera va a provocar un escándalo. Hagamos algo: yo no sé nada”. Además le advirtió que en la desembocadura del Wawa Bar había un puesto de la guardia donde le pedirían el zarpe, por lo que le aconsejó dijera que se le había olvidado y le entregara unas botellas de ron y unos cigarrillos para que los guardias lo dejaran pasar. “Y así fue”, dice Sánchez entre risas.

Recuerda que Anastasio Somoza Debayle, a pesar de las diferencias que existían con el gobierno de Colombia, tenía negocios con ese país. “En esos días él (Somoza) había hecho negociaciones con una empresa aérea colombiana. Somoza había andado en Medellín. Esta acción tensó las relaciones entre Nicaragua y Colombia y le afectó los negocios a Somoza”, dice.

Izar la Bandera nicaragüense en territorio de disputa fue para los nicaragüenses un acto patriótico. Sánchez asegura que el acto dejó entrever que el gobierno de Somoza “era débil, ya que ni siquiera celebró la acción. Más bien la trató de minimizar”. Asimismo recuerda que el periódico oficialista de la época, Novedades, a partir de esa fecha lo llamó de manera burlesca: “Popeye”.

Días después de la publicación de la crónica del viaje apareció en los medios internacionales y nacionales la noticia de que Misael Pastrán, Presidente de Colombia en aquel tiempo, había viajado junto a un séquito de militares para cambiar la Bandera de Nicaragua por la de su país.

La Prensa Publicó una caricatura que mostraba la desproporción entre los cuatro nicaragüenses que habían llegado a izar la bandera y cuando llegó el Presidente de Colombia a cambiarla por la de su país.

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