Hambre, pobreza y migración

La migración no es un proceso social nuevo. Desde Alaska hasta la Tierra del Fuego, la vitalidad de nuestras sociedades puede atribuirse, en parte, a la creatividad y ética de trabajo de millones de inmigrantes. Pero cuando los flujos migratorios proceden de amenazas o presiones sobre las personas y sus familias, las cosas cambian. En los países de origen, estas tensiones producen pérdidas de recursos humanos, mermas en la productividad y fisuras en el seno familiar. En los países receptores, la migración repentina y masiva, a su vez, puede desestabilizar sus sistemas económicos y políticos.