Las dictaduras dinásticas en AL

En la historia latinoamericana, las dictaduras fueron —como se sabe— un fenómeno bastante generalizado en los siglos XIX y XX y también —en menor grado— en lo que va del siglo XXI. Basta mencionar a Porfirio Díaz en México, Pinochet en Chile, Perón en Argentina y Hugo Chávez en Venezuela. Igualmente hubo en América Latina (AL) “dinastías familiares” —como los Frei en Chile o los Figueres en Costa Rica— las que sin embargo no fueron dictaduras ni tuvieron, en períodos sucesivos, presidentes de la misma familia. También en los Estados Unidos se habla hoy de “dinastías políticas” —como los Clinton o los Bush— las que al parecer competirán en las próximas elecciones presidenciales. Ello no es un buen ejemplo, aunque se trate de un país con una democracia sólida. Naturalmente que si las dinastías políticas no son recomendables, menos aún lo son las dictaduras dinásticas. En Nicaragua, dada su historia, las dinastías familiares son incompatibles con la institucionalidad democrática. Fácilmente desembocan en dictaduras dinásticas.

Cartas al Director

Los pueblos de Nicaragua y Venezuela somos hermanos, nos une la cultura, el idioma y la lucha permanente contra tantos gobernantes incapaces. También nos une la historia. Simón Bolívar decía: “Cuando la opresión se hace ley la rebelión es un derecho”, mientras en Nicaragua todos los escritos de Sandino dicen de su lucha contra gobiernos corruptos y vendepatria.

Psicoanálisis de dictaduras

Es un hecho indudable que ciertos revolucionarios o golpistas de Estado que conquistan el poder, se convierten luego en dictadores no previstos por el pueblo. Lo demuestran palmariamente las deplorables experiencias de algunos países de América Latina y el mundo.

No existen las dictaduras eternas

El pasado 3 de octubre en estas mismas páginas dos artículos llamaron mi atención: Ortega para veinte años , escrito por mi amigo Iván de Jesús Pereira y el editorial de LA PRENSA que traía como título: Gran Canal con grandes interrogantes. La elocuencia de la pluma de Iván de Jesús cuando narra la bajada del bus de los miembros del PLI y el llamado de atención del editorial haciendo aterrizar a muchos ilusos que se andan creyendo el cuento del Canal, me hicieron reflexionar sobre donde estamos, de dónde venimos y para donde vamos.

Oposición y resistencia a las dictaduras del siglo XXI

Frente a los regímenes dictatoriales que hoy existen en Latinoamérica, el uso del término “oposición política” resulta inadecuado o por lo menos impreciso. En verdad no existe manera ni condiciones para que en tales países haya oposición real o democrática. Lo que sí existe son actitudes de antagonismo, a veces sinceras y otras veces simuladas o vinculadas al Gobierno, alentadas o presionadas por este, que no llegan a cumplir su verdadero papel porque el sistema no lo permite.

“Sandino rechazó dictadura”

La sesión de ayer en la Asamblea Nacional sirvió para recordar que hace ochenta años asesinaron a un hombre porque rechazó las dictaduras dinásticas y el imperialismo estadounidense, como lo hizo ver el diputado del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), Víctor Hugo Tinoco, en alusión al General de Hombres Libres Augusto C. Sandino.

La “democracia dictatorial”

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) ha traicionado a la democracia en la reciente Cumbre de La Habana, donde todos los mandatarios concurrentes decidieron apoyar al castro-chavismo. La primera frase de su Declaración Final es una reivindicación que, por arte de magia, convierte en democracias a Cuba, Venezuela y sus satélites del Alba. Amparándose en el “pluralismo ideológico” de la política exterior de Velasco Alvarado, los presidentes de la región reconocieron “el derecho soberano de cada uno de nuestros pueblos para escoger su forma de organización política y económica”. Una frase cínica con la que se ignora, por ejemplo, que hace más de medio siglo el pueblo cubano no ejerce su derecho a elegir y ser elegido.

Basta ya de dictaduras

Fruto de las últimas elecciones, una gran parte importante del pueblo cuestionó su legitimidad por estimarlas fraudulentas, apoyada esa opinión popular por organismos internacionales como la OEA, la Unión Europea, que coincidieron que no hubo transparencia en esas elecciones y que el comportamiento del Consejo Supremo Electoral había sido parcializado.