Haití, otro ensayo del juicio final

La gente que ha sufrido en carne propia un terremoto de gran poder destructivo y terribles consecuencias mortales, comprende mejor el sufrimiento de quienes tienen el infortunio de sufrirlos después. Son hermanos en la desgracia. En este sentido, la población de Nicaragua y más exactamente la de Managua, que sufrió el devastador terremoto del 23 de diciembre de 1972, se identifica más fácilmente con la gente de Haití, particularmente la de Puerto Príncipe, víctima del terrible terremoto del martes de esta semana, y tiene que ser más compasiva y solidaria con ella.