Rubén Darío no debe ni puede morir

Darío insistió en defender su ilusión tal y como Don Quijote defendió su locura con una lanza que no podía herir. Ni las traiciones que repetidamente el mundo político le había producido, ni los ataques ni las humillaciones lograron que abandonara su imaginación poética

El libro del doctor Belli

Me ha complacido poder recordar mi entusiasmo y rectificaciones históricas en flor de hace tres cuartos de siglo. En la ancianidad es grata la saudade