Esquilmando al pueblo

Pareciera que uno de los objetivos del actual gobierno es dejar esquilmado al pueblo de Nicaragua y de seguro lo enviará de la miseria a la indigencia económica

Había una vez un pueblo…

El tribunal electoral era electo popularmente no escogido al dedo por los caudillos de los partidos, era electo en elecciones primarias como todos los cargos de elección popular

Pueblo bravo

Las pruebas hacen que afloren en nosotros las tendencias contrarias que todos llevamos: amor y odio, valentía y cobardía, generosidad y egoísmo

¡Todo el pueblo, a una!

Guernica (1937) un óleo de Pablo Picasso, alude al bombardeo de Guernica ocurrido durante la guerra civil española contra la dictadura de Franco

Protestan contra Ortega y Granera

Jóvenes de diversas organizaciones políticas, protestaron ayer en la entrada principal de Plaza El Sol, acusando al presidente inconstitucional Daniel Ortega y a la jefa de la Policía Nacional, primera comisionada Aminta Granera, de encubrir al pistolero de Metrocentro, Samir Antonio Matamoros.

El pueblo imperará

En enero de 2012 me preguntaba en este mismo espacio de LA PRENSA que si es suficiente tratar de explicar el fenómeno de la dictadura de Daniel Ortega en el contexto de vicios y virtudes. Esta interrogante aún recobra validez al observar el comportamiento de los seguidores del dictador y el de sus oponentes. La verdad es que tanto ayer como hoy, se hace imposible pensar que en Nicaragua exista tanta falta de virtud.

Hoy La Concordia es otra cosa

A mediados del siglo pasado, La Concordia era un pueblito de 102 casas y de unos 1,000 habitantes. El único vehículo de acceso, el de herradura. No tenía servicio de agua potable. Las familias acomodadas se proveían de agua trayéndola de El Chorro, la primitiva fuente de los fundadores, en depósitos de madera que llamaban cojinillos, transportados por bestias generalmente mulares. Los menos afortunados la traían en tinajas de barro que las mujeres cargaban. A las seis de la tarde el pueblo dormía en las tiniebla, salvo algún hachón de ocote de alguien que transitaba como alma en pena. La escuela que funcionaba en lo que fuera el cabildo, ahora desvencijada casona era elemental, con dos maestras. Para estudiar la primaria las familias pudientes, o esforzadas, enviaban a sus hijos a la escuela de San Rafael del Norte. El bachillerato era un sueño. Los únicos bachilleres éramos mi marido y yo, que abandonamos la facultad de derecho para casarnos por amor. La gente me miraba recién llegada con una especie de incrédula curiosidad y yo me conformaba con todo, soñaba, leía y escribía.