La semilla de Velkis

Una noche antes de su muerte, su madre la vio llorar. Velkis Muñoz estaba sentada en la cama de su hijo y en silencio acariciaba el pelo y las manos del niño dormido. Doña Isabel Hernández supuso que las lágrimas se debían a que, por causa del trabajo, estaban pasando menos tiempo juntos, y se quedó callada. “Si le hubiera preguntado por qué lloraba, tal vez ella me habría dicho lo que estaba sucediendo”, dice ahora, evocando cada palabra pronunciada por Velkis en aquella ocasión. Una parte de ella se quedó en ese 19 de octubre, la última vez que vio viva a su hija.