No es la religión el único opio de los pueblos. La política, más bien, el partidarismo, debe sumarse, porque al igual vende fantasías, sueños, esperanzas, alucinaciones para el más allá, para la Utopía y el “Buen Vivir”.
La política y el partidarismo como la religión, son una droga de fuga del presente y la realidad. Una venta de espejitos brillantes, bonitos y baratos, que pregonan como esos mercaderes persas el cambio de lámparas viejas por nuevas en una sencilla estafa.
En Nicaragua el poder político se embarniza con una aureola y un lenguaje místico-mediocre y decadente, medioeval. Su cuerpo “ideológico” se expresa en mensajes sencillos que caben en menos de 140 caracteres.
Una droga sencilla pero potente con la ayuda del dinero estatal y de las empresas privadas engullidas de los negocios compartidos de los sendos “guacalitos”, de las ansias y frustraciones oligárquicas, de la identidad de familia y de clan, de Cosa Nostra.
Esa mezcla embarnizada, embadurnada de religión con política, potencia los efectos alucinantes y depresores de esta droga, dejando atrás los opiáceos del Paraiso, el Cielo, sentarse a la diestra del Padre, de lo alucinante del cuento amenazador pero tajante, de los 144 mil elegidos de entre más de los actuales 7 mil millones de personas….
A esta droga politico-religiosa la podemos llamar “Heroína”, dadas las semejanzas y efectos de esta droga (descubierta industrialmente y comercializada masivamente en sus inicios por la Bayer de Alemania).
La heroína:
- Se deriva del opio (igual que el misticismo barato lo hace de la política partidarista y vice versa)
- Genera una sensación de euforia y poder, de protagonismo y una especie de mesianismo ( de allí su nombre de “heroína”, es útil en las arengas y movilizaciones masivas).
- Analgesia ( se pierde la sensación de dolor y sufrimiento);
- Inhibición del centro respiratorio (baja el ritmo inhalatorio, oxigenante);
- Inhibición del centro del vómito ( se pierde la sensación de asco);
- Disminución del tamaño de la pupila a través de los nervios craneales (se pierde sensación visual y de la luz);
- Sedación, sentimiento de paz, euforia, posible aparición de alucinaciones agradables o terroríficas;
- Inhibición de la actividad secretora del tracto gastrointestinal (se deteriora la necesidad de alimentarse);
- Estimulación de la liberación de la hormona antidiurética y una disminución en la micción (aumenta la toxicidad de los propios residuos);
- Disminución de la temperatura corporal (aumenta la frialdad);
- Disminución del nivel de conciencia ( se distorsiona la realidad y las responsabilidad de los actos);
- Sensación de calor, somnolencia y euforia (se usa en los actos partidarios, manifestaciones, reuniones);
- Efecto sedante, acompañado por picos de excitación de corto plazo e hiperactividad. (se usa para el activismo político).
- Se reduce la actividad secretora que puede conducir a la sequedad de la boca, los ojos, la nariz y la garganta, y a dispépticos trastornos, visión borrosa, tinnitus, y reacciones alérgicas. (se usa para el ataque a los adversarios).
Como puede verse, es potente la nueva droga religiosa-política en Nicaragua. La “heroína” místico-política.
Se trata que el Nuevo País de los Pobres olvide sus condiciones objetivas, se ponga esos lentes rosado chichas y vea todo bonito, limpio, como esos juegos de impecables muñequitas Barbie. Eso es el “Buen Vivir”.