Sencillez presidencial

Ana Carolina Avilés Hace unos días, mi esposo, un compañero de trabajo y yo almorzamos en el Pabellón de Comida de Metrocentro. Llamó mi atención un señor de edad, canoso y sonrosado, que platicaba con su esposa, señora de edad también, quienes pacientemente esperaban ser atendidos. Eran el Presidente de la República y su esposa, […]

Ana Carolina Avilés

Hace unos días, mi esposo, un compañero de trabajo y yo almorzamos en el Pabellón de Comida de Metrocentro.

Llamó mi atención un señor de edad, canoso y sonrosado, que platicaba con su esposa, señora de edad también, quienes pacientemente esperaban ser atendidos.

Eran el Presidente de la República y su esposa, quienes estaban a mi lado como cualquier mortal, supliendo necesidades básicas como las mías: satisfaciendo su apetito.

No había aglomeraciones ni despliegue militar o de seguridad alrededor de ellos, es decir, nada que fuera obvio o molesto. Tampoco vimos a ningún personaje que padeciera “el síndrome del figureo” o algo similar, todo transcurría en la más perfecta tranquilidad. Es más, estoy segura de que muchos no se dieron cuenta de la presencia de ellos en el lugar.

Al sentarnos como a tres mesas de la insigne pareja (algo casi increíble en comparación con otros ex mandatarios y personajes poderosos de nuestra farándula política), nuestro amigo nos comentó divertido que además de la simplicidad y lo asequible del mandatario era muy agradable ver a su esposa, doña Lila T., corroborando lo que el señor Presidente ha mencionado en más de una ocasión en los medios de comunicación, que ella es quien administra el dinero, ya que ella fue la que sacó su billetera para pagar en el establecimiento donde compraron su comida.

Ojalá el señor Presidente y su esposa nunca cambien, ni se dejen llevar por las tentaciones del poder.