Construyó un futuro, trabajando en el extranjero

Doña Edelmira Ayala Lindo, chinandegana, es ejemplo de una inmigrante que aprovechó la ventaja laboral en otro país Angélica Martínez R. angelica.martinez@laprensa.com.ni Corría el año 1978 y doña Edelmira Ayala Lindo, originaria de la comarca de Palo Grande, en Chinandega, decidió abandonar Nicaragua debido a la guerra. “Pero mi objetivo no era Costa Rica. Yo […]

Doña Edelmira Ayala Lindo es una de los miles de inmigrantes nicaragüenses que viven en Costa Rica y que regresan a su país en Navidad.

  • Doña Edelmira Ayala Lindo, chinandegana, es ejemplo de una inmigrante que aprovechó la ventaja laboral en otro país

Angélica Martínez R. angelica.martinez@laprensa.com.ni

Corría el año 1978 y doña Edelmira Ayala Lindo, originaria de la comarca de Palo Grande, en Chinandega, decidió abandonar Nicaragua debido a la guerra.

“Pero mi objetivo no era Costa Rica. Yo quería llegar a Estados Unidos, por eso me fui para Honduras, pero allá me quedé. Hice mi casita, me volví a casar, tuve mis hijos y después me abandonó el marido… pero nunca he sido dejada. Me puse a trabajar y saqué adelante a la familia”, nos relata con el mismo acento de la tierra que dejó atrás hace casi 33 años.

Pero durante todo ese tiempo, doña Edelmira, nunca ha pasado una Navidad lejos de su tierra. Vivió en Honduras doce años, hasta 1990, fecha en que regresó a Nicaragua para poder “hacerse” de un terrenito en “La Florida”, Chinandega. Cuatro años después decidió probar suerte en el sur.

“Yo no puedo decir que me han tratado mal allá, es cierto, sí hay discriminación y ya me he agarrado en los buses cuando oigo a la gente hablando mal de nosotros, pero es porque allá llegaron unos que se escaparon de La Modelo hicieron barbaridades. Por eso nos juzgan tan mal. Pero a mí todos los patrones que he tenido, me han tratado muy bien”.

NAVIDAD ES TRISTE ALLÁ

Además de su familia lo que más extraña durante todo el año es la comida y tradiciones nicaragüenses. Según ella, la Navidad es bien triste, no se siente como aquí. El 24 de diciembre no hay pólvora ni gente en las calles.

“Las comidas son muy diferentes, por lo menos en los nombres. Allá a la güirila le dicen ‘chorriada’ y al atol de maíz le dicen ‘mazamorra’. Cuando escuché ese nombre la primera vez me dio asco, porque me imaginé un poco de gusanos”, cuenta entre risas.

En su barrio existe un señor que dicen es el que más se alegra de verla todos los diciembres. “Lo que pasa es que en Costa Rica no se miran los tamales ‘pisques’ y yo diario, durante todo el mes que estoy aquí, le compro hasta quince tamales”.

LADRILLO POR LADRILLO

En sus dos residencias, ella ha laborado siempre como doméstica y gracias a su esfuerzo pudo sacar adelante a sus cinco hijos, hoy todos profesionales. Actualmente, gana 78 mil colones al mes (200 dólares, unos tres mil cien córdobas aproximadamente).

Haciendo uno que otro recorte en su presupuesto, privándose de algunos “lujos innecesarios”, como la ropa de moda, doña Edelmira ha reunido el dinero para levantar ladrillo por ladrillo, literalmente, las paredes de su casa.

“Comencé con cuatro horcones y las paredes y el techo forrados de palma. Construí el primer cuarto con unas fajillas de madera que me regaló un hermano. Meses después, hice el primer cuarto de bloques y cemento. Así he ido haciendo cada año. Me traigo todos mis ahorros, más o menos 800 dólares, y le hago algo nuevo a la casa”, termina de contarnos orgullosa.

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