¡Auxilio por favor!

Basta con verlos por unos minutos para darse cuenta que el comportamiento de los niños hiperactivos varía a los que son considerados “normales”. Y es que los pequeños que presentan estas condiciones, casi siempre son distraídos, impulsivos y desobedientes, y en el colegio, ni se diga, son considerados por sus maestros como los alumnos “problemas”.

   

Tatyana Luna / VIDA

Basta con verlos por unos minutos para darse cuenta que el comportamiento de los niños hiperactivos varía a los que son considerados “normales”. Y es que los pequeños que presentan estas condiciones, casi siempre son distraídos, impulsivos y desobedientes, y en el colegio, ni se diga, son considerados por sus maestros como los alumnos “problemas”.

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Si su hijo presenta el trastorno de hiperactividad, lo primero que debe hacer es tomarse el tiempo de identificar el problema analizando el comportamiento. Puede valorar el tiempo de su llanto, si duerme el tiempo necesario, observar su conducta y estímulos. Ellos casi siempre tienen conflictos en el colegio y de aprendizaje.

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Pero cuando en los hogares o en la escuela se presenta una situación como esta, los padres y profesores no saben cómo reaccionar, y en vez de ayudar a los niños, empeoran su conducta y la forma de comportarse en el ambiente que les rodea. Tanto así, que en ocasiones optamos para querer finalizar un ataque de llanto, golpearles, castigarlos o bien excluirlos de los demás niños del salón, lo cual es incorrecto.

Según, Gloria Castellón, psicóloga infantil, al reaccionar violentamente los padres o maestros lo único que están haciendo es hacerlos sentir mal con ellos mismos, “porque el regaño constante les baja el autoestima y esto los frustra, causando que reaccionen agresivamente”, por tal razón hay que tratarlos con cariño y hacerlos sentir que ellos son importantes. O bien, realizar actividades de constante movimiento, porque siempre están activos.

La realidad del asunto es que la hiperactividad no es una enfermedad, simplemente “es un trastorno de conducta de origen neurológico que deviene de un trastorno relacionado con la carencia de sustancias químicas que afecta su atención, control de impulsos y el nivel de actividad”, explica Castellón.

Y es que casi siempre se asocia este trastorno con la manera en que los padres educan a los hijos, pero no es así, porque estas conductas obedecen a algo genético, que se desarrolla en el feto durante el embarazo. Y que afecta al niño en toda su vida, porque exageran sus estados emocionales, principalmente cuando tiene distracciones o están acompañados.

¡Mucho ojo!

Todos los niños hiperactivos presentan diferentes síntomas, y depende mucho de la edad y cómo las personas, que estén a su alrededor, reaccionen ante ellos. Generalmente son distraídos, se les hace muy difícil organizarse, están en constante movimiento tanto así que no pueden terminar la tarea.

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