¿Se lucirá Ronaldo?

Para Cristiano Ronaldo, campeón de la liga española con el Real Madrid al final de una temporada excelente, llega ahora el momento de brillar también con la selección de Portugal, tras varios fracasos en los últimos grandes torneos.

Cristiano Ronaldo bromea con sus compañeros de la selección de Portugal, con quienes aún no impacta. LA PRENSA/EFE/MARIO CRUZ

KIEV/AFP

Para Cristiano Ronaldo, campeón de la liga española con el Real Madrid al final de una temporada excelente, llega ahora el momento de brillar también con la selección de Portugal, tras varios fracasos en los últimos grandes torneos.

La Eurocopa 2012, del 8 de junio al 1 de julio, es la ocasión soñada para el delantero de 27 años, hambriento de goles y títulos, para olvidar algunas decepciones con su equipo nacional. El último de ellos fue el Mundial 2010 de Sudáfrica, donde Portugal cayó en octavos de final contra España, con un solo gol de Cristiano en todo el torneo.

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Portugal está encuadrado en el “grupo de la muerte” de la Eurocopa, con Alemania, Holanda y Dinamarca.

Para Ronaldo la presión en la Eurocopa será mayor, puesto que esta competencia será sin duda clave para la elección del Balón de Oro, un trofeo que ansía conseguir por segunda vez en su carrera.

Desde que lo recibiera en 2008, el portugués ha sido superado cada vez por el argentino Lionel Messi.

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Desde entonces, pocas cosas han cambiado para los portugueses, pese a señales que indican que el jugador ha ganado en madurez, al menos sobre el terreno de juego.

En el fondo, Ronaldo sigue siendo ese “hombre con una ambición sin límites”, tal como le definió Luca Caioli, su biógrafo, en un libro publicado en marzo.

Un jugador capaz de suscitar la admiración por sus hazañas físicas y técnicas, pero también capaz de irritar por sus actitudes arrogantes y egoístas.

Ese jugador espectáculo, más maduro, con un palmarés ampliado gracias al título de liga ganada al todopoderoso Barsa en esta temporada, sigue siendo aquel niño que lloraba de rabia, cuando su equipo iba por detrás en el marcador y se adueñaba del balón para marcar él solo la diferencia.

Cuando desafió al público del Camp Nou tras marcar el gol decisivo que permitió al Real Madrid ganar en Barcelona (1-2) el pasado mes de abril, una victoria que sentenció la liga, pareció que Ronaldo volvía a ser aquel niño de San Antonio, un barrio pobre ubicado en la isla de Madeira, orgulloso de haber sido descubierto por los ojeadores del Sporting Lisboa, adonde recaló a los 12 años para forjarse un destino como superdotado.

Así es Ronaldo, un jugador hecho a sí mismo, con un físico de excepción modelado a fuerza de trabajo, exigencia y voluntad.

Pese a todo, ‘Abelhinha’ (abejita), su mote de niño, parece más moderado ahora. Esta temporada, incluso, ha salido de su repertorio de solista para dar balones a sus compañeros del Madrid.

Falta saber si será capaz de sufrir la misma metamorfosis con su selección. La labor se presume ardua, puesto que no tiene la misma complicidad con sus compatriotas Nani o Ricardo Quaresma, que con Mesut Özil o Karim Benzema en el Real Madrid.

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