Crecimiento, empleo y productividad

Se suele argumentar que la economía debe crecer más para que genere más empleos. Sin embargo, en el caso de una economía con las características de la nuestra, la mayor parte de la fuerza de trabajo se incorpora al mercado de trabajo creando su propio empleo, como su principal vía de sobrevivencia, y como resultado, el crecimiento del empleo no está limitado por la tasa de crecimiento económico.

Adolfo Acevedo Vogl*

Se suele argumentar que la economía debe crecer más para que genere más empleos. Sin embargo, en el caso de una economía con las características de la nuestra, la mayor parte de la fuerza de trabajo se incorpora al mercado de trabajo creando su propio empleo, como su principal vía de sobrevivencia, y como resultado, el crecimiento del empleo no está limitado por la tasa de crecimiento económico.

Es al revés: la tasa de crecimiento económico está determinada por la tasa de crecimiento de la fuerza de trabajo ocupada, más la tasa de crecimiento de la productividad.

Ahora bien: la fuerza de trabajo ocupada crece a tasas anuales muy fuertes, que casi duplican la tasa de crecimiento de la economía, debido a una población que genera su propio empleo. Pero entonces, ¿por qué la economía no crece a tasas mucho más altas, consistentes con el fuerte crecimiento observado en el número de trabajadores ocupados?

La respuesta es simple: el crecimiento de la población ocupada ha sido contrarrestado, en gran medida, por la caída de la productividad.

Las cifras del último par de décadas muestran cómo, mientras el número de personas ocupadas ha venido creciendo de manera sistemática, la productividad del trabajo ha declinado. Esto podría sugerir que, al irse sobre-saturando el sector informal —el generador del 70 por ciento de los empleos en nuestra economía— con el ingreso periódico al mismo de decenas y decenas de miles de personas cada año, se genera un efecto de productividad marginal decreciente.

El problema entonces no es que nuestra economía no esté generando empleo. El problema reside en que, a pesar de que nuestra economía está creando empleos de manera muy fuerte, dicho empleo es de productividad muy baja, y con toda probabilidad decreciente.

Los sectores de mayor productividad de nuestra economía (minería, transporte y comunicaciones, energía), precisamente por su alta productividad, solo generan una fracción muy reducida del empleo. Son los sectores de productividad baja o decreciente (el sector agropecuario, el comercio informal y los servicios informales, e incluso la importante fracción informal de la industria manufacturera) los que crean la mayor parte del empleo.

La fuerza de trabajo se está incorporando masivamente al empleo informal en estos sectores, bajo la forma de trabajadores por cuenta propia y trabajadores familiares sin remuneración, y al hacerlo, está “jaloneando” aún más hacia abajo la productividad promedio en dichos sectores, y en la economía como un todo.

En el caso de la inversión extranjera, esta no impacta de manera tan significativa sobre el empleo debido a que se concentra en los sectores de mayor productividad. Entonces, los aumentos en la productividad de un número tan limitado de trabajadores se ve contrarrestado por la caída global en la productividad que provocan millones de personas buscando sobrevivencia en el empleo informal

Esto nos indica que elevar el nivel promedio de productividad pasa necesariamente por elevar la productividad de los empleos en los sectores que tienen el mayor peso en la generación de plazas, en particular el sector agropecuario.

La racionalidad económica de los agentes que predominan en estos sectores no es igual que la de las corporaciones que elevan la productividad racionalizando empleo. Para ellos la lógica es utilizar al máximo todos los recursos que tienen disponibles. En este caso los incrementos de la productividad no reducirán empleo, sino que se traducirán en una mayor tasa de crecimiento de la economía.

Para ilustrar esta idea retornemos a las matemáticas: el crecimiento de la economía es igual al crecimiento de los trabajadores ocupados más el crecimiento de la productividad. En los dos últimos años el empleo ha crecido 8 por ciento en promedio, pero el PIB (Producto Interno Bruto) solo ha crecido cerca de 4.5 por ciento. Esto significa que la productividad ha caído alrededor de 3.5 por ciento cada año. Con solo que la productividad media hubiese caído uno por ciento, el PIB hubiese crecido 7 por ciento, en lugar de 4.5 por ciento.

En todo caso, la conclusión parece ineludible: la mejoría en la productividad agregada de la economía pasa por mejorar la productividad del empleo en sectores – como el agropecuario, que son importantes, tanto por su peso en la economía como en la generación de empleo, e incluso en la producción exportable.

(*) Economista

acevedo@ibw.com.ni

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