La gloria y la cruz, deportistas en retiro

Cuando los trofeos y las medallas comienzan a agarrar polvo, ¿qué pasa con los deportistas nicaragüenses? Estas son historias de lo que fueron y lo que son algunas de nuestras glorias

Por Amalia del Cid

Ayer llenó el Polideportivo España y puso a la fanaticada en pie. El público gritaba “¡Toro!”, y el jurado decía “Coronado”. Ayer fue julio de 1977. El tiempo pasó demasiado rápido para Francisco Salinas Arrieta.

Casi sin darse cuenta se convirtió en un hombre de 66 años, pero todavía le brillan los ojos cuando recuerda su época  en la cúspide del boxeo nicaragüense. Y muestra fotos amarillas en las que todavía es aquel muchacho de brazos fuertes y mirada de acero que a golpes se ganó el seudónimo de “El Toro” Coronado.

Su historia se parece a la de muchos deportistas nicaragüenses que un día tocaron la gloria.
Son historias como la del púgil Julio “Yambito” Gamboa, que, a pesar de su experiencia en el cuadrilátero, trabaja despachando combustible en una gasolinera. O como la de Miguel Mora Collado, umpire de la vieja época, incluyendo el mundial nica de 1972. A sus 79 años, está esperando a que el Instituto Nicaragüense de Deportes (IND) le apruebe una pensión.

A la fecha, hay diez deportistas nicaragüenses retirados haciendo fila para obtener una ayuda del IND. Cada caso debe ser estudiado. “Y la mayoría son peloteros”, dice Marlon Torres, director de la institución.

Sin embargo, subraya Torres, 50 ya reciben una pensión de dos mil córdobas mensuales. De eso viven. Son exatletas, profesores de Educación Física, antiguos exponentes del futbol, el ajedrez, la natación, las pesas y el baloncesto. En la lista hay, además, 13 beisbolistas y 11 boxeadores que representan casi la mitad de los pensionados.

Antonio Herradora, destacado lanzador zurdo durante los sesenta y  los setenta, sobrevive gracias a esos dos mil córdobas. Más bien1,700 porque, para retirarlos, cuenta, cada mes gasta 300 en su viaje de ida y vuelta de La Trinidad, Estelí, a Managua.

Para Torres, el que muchos deportistas nicaragüenses en retiro se vean en la necesidad de pedir ayuda se debe, en parte, a que “son los estratos más humildes de la población los que practican el beisbol y el boxeo”.  Y, por consiguiente, también “son los que han tenido menos oportunidades de formarse académicamente y enfrentan en la vejez mayores dificultades para sobrevivir”.

Aunque, debido a sus problemas cardiacos, ya no puede trabajar, Francisco “El Toro” Coronado no recibe una pensión. Ni del IND ni de la Asamblea Nacional. Le han recomendado que la solicite, pero cuando en casa se toca el tema, él le pide a su esposa: “No, viejita, ahí dejémoslo así”.

Mala estructura

La “vida útil” de un deportista dura, en promedio, 10 años, señala Edgard Rodríguez, periodista deportivo nicaragüense. Sin embargo, agrega, por problemas estructurales y culturales “no se ha logrado diseñar una forma de practicar el deporte que a la vez permita ir a la escuela”.

El calendario del beisbol, por ejemplo, está planificado para que se juegue martes, miércoles, viernes, sábado y domingo. Y cuando no hay juego, se entrena. “El boxeo es todavía más sacrificado. ¿En qué momento va a estudiar un deportista?”, se pregunta Rodríguez.

Por otro lado, mientras más exitoso es un deportista, menos piensa en estudiar. “La mayoría de los que tienen una carrera profesional no han sido tan brillantes como deportistas. Los brillantes creen que el deporte les va a resolver la vida y se concentran completamente en él. Se olvidan de que es algo temporal”, apunta Rodríguez.

Al no aprender un oficio terminan dedicándose a lo que salga. Después de todo, agrega el periodista, la mayoría de los beisbolistas no son bachilleres y la mayor parte de los boxeadores no ha aprobado ni la primaria.

En Nicaragua no existe un plan de retiro para los deportistas. Alguna vez a los beisbolistas se les mencionó la palabra “cotizar” y no les agradó la idea. “Tienen temor, son desconfiados”, explica Julio César Miranda, estudioso del deporte nica.

Por otra parte, está la vida desordenada que muchos llevan. “Tienen problemas de alcoholismo, se dedican a la farándula; se quedan solos, las mujeres y los hijos los abandonan. Esa es la verdad”, lamenta Bayardo Cuadra, historiador del deporte nicaragüense.

Pero no a todos los deportistas les ha ido mal. Algunos han logrado vivir con comodidad. Para muestra está Nemesio Porras, por sus números es el mejor bateador nicaragüense en campeonatos  nacionales, y ahora un exitoso empresario.

Hoy volvemos a tener noticias de personajes como Francisco “El Toro” Coronado, Orlando Vásquez, Julio Moya, Julio “Yambito” Gamboa, Devern Hansack, Antonio Herradora y Miguel Mora Collado. ¿Quiénes son ahora? ¿Dónde están? ¿Qué hacen? Estas son sus historias.

  • ¿Vos sos “Yambito”?

Aveces los conductores que se detienen en la gasolinera  ponen cara de curiosidad, entrecierran los ojos y le insinúan: “Te parecés al ‘Yambito’ Gamboa”. Él pone su cara más seria y les responde: “Así me han dicho”. Pero cuando termina de despachar el combustible se ríe de su pequeña broma.

En otras ocasiones, Julio Gamboa va al grano y contesta: “Sí, yo soy el ‘Yambito’”. Y la gente que nunca se da por satisfecha replica: “No, vos no sos”. Sin embargo, hay quienes nada necesitan preguntar, pues en el bombero de gasolinera reconocen al campeón de boxeo.

El leonés Julio Gamboa peleó cuatro veces por título mundial. Tuvo un empate y tres derrotas. Pero fue campeón de Norteamérica, de Latinoamérica y Centroamérica y el Caribe, señala. Aprovecha su día de descanso para contarnos su historia.

Hoy tiene 42 años de edad y el rostro lleno de cicatrices. Durante su carrera boxística lo persiguió la maldición de tener una piel frágil. “Salía siempre cortado”, recuerda.

  Su bolsa más grande fue de 35 mil dólares. Las demás eran de 15 o 20 mil, cuenta. En esos años de gloria podía darse el lujo de gastar 300 dólares diariamente, en rondas de tragos para los oportunistas que lo seguían. Alguien le gritaba una alabanza y el “Yambito” ordenaba: “Dénle una cajilla”.

Así se le pasó el tiempo, sin ahorrar un solo centavo. Le dieron la oportunidad de estudiar Psicología y Derecho; sin embargo, a la universidad solo llegaba a “buscar mujeres”, reconoce. “Me dediqué a vivir el momento”, dice. Y se le olvidó que el boxeo es una carrera explosiva, pero muy corta.

“Nadie escarmienta en cuerpo ajeno”, analiza. “Yo me decía que no me iba a pasar lo que le pasó a mi papá”.

Julio Gamboa es el sexto de los 15 hijos de Vicente ‘Yambito’ Blanco. “Él tampoco ahorró… Dicen que era muy bueno, yo nunca lo vi pelear. Su bolsa más grande fue de 5 mil dólares, pero me imagino que con eso podía comprar toda la manzana”, expresa.

  Tras el declive de su carrera deportiva, Gamboa se fue a  Estados Unidos para dar sus últimas peleas y  prepararse para ser entrenador de boxeo. Luego estuvo cuatro años en España, trabajando como guardaespaldas.

 Volvió hace un año para reencontrarse con su esposa y sus tres hijas. La vida le enseñó que: “En Nicaragua no hay reconocimiento para los deportistas. Uno tiene que ver por sí mismo en el momento en que llegás a la cumbre”.

  • Vuelve  “El Toro”

Francisco “El Toro” Coronado está sobrio desde hace cuatro años. Pero hubo un tiempo en que el campeón fue “basuquero, un borracho sin futuro y sin nada”, según sus propias palabras.

  En su apogeo hizo vibrar a miles de nicaragüenses. Sin embargo, su carrera terminó abruptamente en 1977, cuando un hombre le hirió el brazo derecho con un machete. A “El Toro” no le gusta hablar del incidente. “No vale la pena”, explica.

Cuando estaba en la cumbre de su popularidad había que andarlo buscando en los bares antes de cada pelea, cuenta su esposa, Yolanda Portobanco. Según ella, “el público se extrañaba porque aún de goma noqueaba”.

Y a raíz del “accidente” que acabó con su carrera, su afición por el alcohol aumentó. Las farras se hicieron más largas y empezó a buscar problemas en las calles. “Era mi hobby”, bromea. Jóvenes y viejos lo molestaban y más de alguna vez lo golpearon.

En los ochenta fue entrenador en el Ejército Popular Sandinista; después vendió llaveros, cortauñas y discos, y luego estuvo a cargo del gimnasio de boxeo del mercado Oriental. Pero nunca dejó de lidiar con el alcoholismo. Fue hasta después de una intervención quirúrgica que decidió dejar de tomar.

 Hace un año está jubilado. Profesa la religión evangélica y tiene fe en sí mismo, aunque en la calle le griten: ¡Ni que te comás la Biblia te componés!

  • El gran Julio Moya

Fue el mejor lanzador de la década de los ochenta. “Y fui el mejor picher amateur del mundo en 1984, durante el Mundial de Cuba”, señala Julio Moya, un grande del beisbol nicaragüense.

 Cuando fue a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en 1984, salvó el honor con una victoria 4-3 sobre Canadá. Y en el Mundial de Cuba, registró un récord de 4-0 (cuatro juegos ganados y cero perdidos). “Entre sus víctimas estuvo Japón, al que nunca habíamos vencido”, subraya Edgard Rodríguez, periodista deportivo.

Vive en Posoltega, Chinandega. Tiene 58 años y desde hace tres padece insuficiencia renal crónica, “el mal de Occidente”. También dice que se siente “prácticamente en el abandono”.

 “Hay una situación bien grande en este país. Desde hace cinco años estoy pidiendo que nos ayuden (a los deportistas) en algo. Nosotros le dimos gloria a este país”, lamenta Moya. Asegura que no recibe pensión del Estado. Por eso, para él, el haber ingresado al Salón de la Fama del Deporte Nicaragüense de nada le ha servido. “Hace ocho años soy miembro, ¿para qué jodido? Te vas a tu casa sin pasaje y sin nada”.

  Desde que se retiró de los juegos de beisbol, en 1987, se dedicó a ser entrenador. Pero era un trabajo de poco reconocimiento o mal pagado, dice. Y ahora que ya roza los 60 años de edad, se pregunta: “Quién me va a dar empleo? Nadie”.

Sus tres hijos y él viven del salario de cinco mil córdobas de su esposa, la profesora Mercedes Ulloa. Afirma que ya superó sus problemas de alcoholismo.

  • Nemesio, el empresario

El mejor bateador que Nicaragua ha producido en campeonatos nacionales se llama Nemesio Porras. Jugó 22 temporadas con el equipo Bóer y salió por la puerta grande en el 2006, para dedicarse a sus negocios y también al beisbol, pero ya no en el campo de juego.

Desde el 2011 pertenece al Salón de la Fama del Deporte Nicaragüense. Es propietario de dos gasolineras y presidente de la Federación Nicaragüense de Beisbol Asociada (Feniba). Se ha destacado por promover el beisbol infantil.

  • Orlando volvió

Orlando Vásquez, el “pequeño acorazado”, volvió a las pesas, tras haber estado sumido en las drogas durante 11 años. En palabras de Pablo Fletes, periodista deportivo, Vásquez es de “los atletas amateur más impresionantes de todos los tiempos en la historia de Nicaragua y un icono del deporte en los años ochenta y noventa”.

 Tocó fondo. Anduvo en las calles pidiendo “pesos” y durmiendo en basureros; pero un día decidió salir de ese mundo y regresó para ganar dos medallas de plata en los Juegos Centroamericanos realizados este año. Actualmente está concentrado en el entrenamiento de su hijo.

  • Devern Hansack

Lo último que se ha sabido del costeño Devern Hansack es que, por su gran actuación en 2006, con los Perros Marinos de Portland, fue llamado a ocupar el puesto de instructor en el equipo de beisbol de la Universidad de Maine, Estados Unidos.

“La carrera en las Mayores del ‘monstruo’ de la Laguna de Perlas fue del 2006 al 2008. Una lesión en su brazo lo sacó del beisbol a los 30 años de edad”, señala Gerald Hernández, periodista deportivo nicaragüense.

Cuando no se dedicaba de lleno al beisbol, Hansack trabaja como pescador en Laguna de Perlas.

  • Beisbolistas y boxeadores

Miguel Mora Collado. Es considerado uno de los mejores árbitros que ha tenido Nicaragua. Actualmente, tiene 79 años y vive en lo que quedó de su sastrería “El Sol”, en el mercado Oriental, Managua. De niño trabajó en el campo y de joven puso, en sociedad, un negocio de lavandería. Pero diversas tragedias, en las que se que cuentan un accidente y un incendio, sumadas a una vida desordenada, acabaron con su capital. A finales del año pasado se resbaló y sufrió una fractura.Está en silla de ruedas y ha solicitado una pensión al Instituto Nicaragüense de Deportes (IND).

Antonio Herradora. Fue un destacado lanzador zurdo durante  los sesenta y los  setenta. Tiene 68 años y vive en La Trinidad, municipio de Estelí. “Estoy bastante mal de salud, pero ando caminando. Ya estoy anciano y tengo varias operaciones. Hace poco me operé de una hernia y parece que no quedé tan bien”, cuenta. Recibe una pensión del IND, que para él es más bien una “limosna”. Asegura que ya dejó el vicio del alcohol.

 Eddy Gazo. Fue el segundo campeón mundial de boxeo nicaragüense. En marzo de 2011 fue condenado a tres años de prisión al ser encontrado culpable de lesiones psicológicas graves y acoso sexual en perjuicio de una conserje que laboraba en el gimnasio Iván Montenegro, el cual Gazo tenía bajo su dirección. Actualmente está libre y asiste a las veladas de boxeo.

Eduardo “Ratón” Mojica. Se le conoce como “campeón mundial sin corona” y por haber sido entrenador de Alexis Argüello. Es parte del Salón de la Fama del Deporte Nicaragüense desde 1995 y está a cargo de un gimnasio.

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