El crédito verde cambia vidas - La Prensa

El crédito verde cambia vidas

El sistema financiero está apostando por créditos que no solo transformen vidas sino también que sean amigables con el medioambiente

24/07/2014

Los bancos y las microfinancieras están financiando el uso de energía renovable. LA PRENSA/ARCHIVO

Lucydalia Baca Castellón, Luis E. Martínez y Lucía Navas

Hasta hace pocos meses los habitantes de comunidades de San Sebastián de Yalí, en Jinotega, tenían que caminar grandes distancias en busca del servicio eléctrico para cargar sus celulares. Ahora muchos de ellos poseen lámparas que cuando se cargan durante el día alimentan las baterías de los teléfonos móviles.

Algo similar ocurre en comunidades rurales de Boaco, Granada, Estelí, León y Rivas, donde hace un año vendedoras ambulantes y pulperías comenzaron a distribuir estas lámparas que funcionan mediante un pequeño panel solar que traen integrado y tienen un costo de entre treinta y cien dólares.

En el barrio Santa Rosa, de Managua, Norman Medina está entusiasmado porque su pequeña fábrica de bloques elevará la producción casi en un cuarenta por ciento con la nueva máquina que adquirió y pondrá a funcionar esta misma semana. El equipo comprado en México tiene capacidad de fabricar 2,400 bloques en ocho horas continuas; el que usaba anteriormente era casi artesanal y apenas producía 800 bloques en la misma jornada.

En las plantaciones de cebolla, de Eduardo Matamoros Treminio, en el sector de Las Tunas, en Sébaco, Matagalpa, también se ven cambios desde que adquirió un tractor nuevo, de 98 caballos de fuerza, para realizar las diferentes tareas agrícolas.

La amenaza de la roya no impidió que en los últimos cuatro años Hermes Lorenzo Zeas Valdivia duplicara las seis manzanas de café que cultiva en una comunidad cercana a Pantasma, Jinotega. Él confió en que los árboles de guaba que introdujo en la plantación, al garantizar la sombra, evitarían que el hongo provocara daños en su plantío y lo logró.

Estos son solo algunos ejemplos del impacto que el crédito verde o ambiental está teniendo en Nicaragua, un tipo de financiamiento que surgió en los últimos años para subsanar, en el caso de las instituciones de microfinanzas, las necesidades que enfrenta la población rural que no cuenta con servicio de energía eléctrica y garantizar tanto a pequeñas empresas como a pequeños productores la modernización, eficiencia y adaptabilidad de sus actividades y en el caso de los cultivos su adaptación a las nuevas condiciones climáticas.

En el caso de los bancos las metas son más ambiciosas, este tipo de financiamiento va dirigido a buscar la eficiencia energética de las empresas, establecer medidas de protección ambiental y hasta generar energías renovables. La ventaja de este tipo de financiamiento es que es más barato respecto al comercial.

Avril Benchimol, coordinadora del programa EcoMicro del Fondo Multilateral de Inversiones (Fomin) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), indica que en Nicaragua y el resto de Centroamérica este producto financiero surge allá por el año 2005 con la conclusión de programas de organismos multilaterales, entre ellos el Banco Mundial, que proporcionaba paneles solares.

“Pero más tarde con el Movimiento de No Pago las microfinancieras tuvieron que reforzar mucho sus operaciones”, manifiesta Benchimol. Resulta que las microfinancieras, que vieron reducir la disponibilidad de fondos por parte de los fondeadores internacionales, comenzaron a mirar hacia los recursos que los organismos ofrecían para financiar actividades económicas o proyectos amigables con el medioambiente, con condiciones favorables.

Y fue así como se empezó a hablar en el país de créditos verdes, un tipo de financiamiento que poco a poco empieza a ganar terreno en el Sistema Financiero Nacional. El presidente de la Asociación de Instituciones de Microfinanzas (Asomif), Fernando Guzmán, cree que “esto (la nueva tendencia financiera) apenas inicia y que será parte de la actividad crediticia de forma permanente”.

El director ejecutivo de Asomif, Alfredo Alaniz, espera, no obstante, que el crédito verde empiece a cubrir otras necesidades que por ahora no logra, como proyectos vinculados a mayor productividad. Y a su vez abaratarse más, para seguir promoviendo nuevas prácticas amigables en el agro.

La sombra que Zeas Valdivia estableció en sus cafetales, junto con el establecimiento de cercas vivas y siembra de pasto mejorado como parte del método de ganadería silvopastoril y otras técnicas de manejo agropecuario, que financia el Fondo de Desarrollo Local, son parte de la promoción de estas prácticas, dice Julio Flores, gerente general de la institución.

Pero la escasez de recursos entre los clientes del microcrédito no ha impedido que varias organizaciones que integran Asomif desarrollen otro tipo de proyecto a través de sus líneas de crédito verde.

Tanto ha crecido la demanda del crédito verde que el BID a través de su programa EcoMicro, con apoyo del Fondo Nórdico de Desarrollo, elegirá a través de tres convocatorias a 12 instituciones de microfinanzas de igual número de países de América Latina.

Cada una recibirá 280,000 dólares que junto a contrapartidas locales servirán para desarrollar instrumentos financieros de crédito verde para sus clientes.

“Hay tres aspectos que consideramos necesarios para el desarrollo exitoso de los productos financieros. Uno es externalizar la importancia del cambio climático y la sostenibilidad financiera. El otro es el mapeo del riesgo climático en la cartera de riesgo de la entidad o añadir el riesgo climático al mapeo de riesgo general y finalmente las estrategias de adaptación al cambio climático”, explica Avril Benchimol, coordinadora EcoMicro del BID-Fomin.

Desde hace tres meses el Banpro dispuso cincuenta millones de dólares para financiar a través de la línea verde la eficiencia energética, energías renovables y mejoras en procesos agroindustriales en las cadenas de valor de arroz, maní, café y azúcar.

“En eficiencia energética cualquier inversión que genere un ahorro mínimo del veinte por ciento en el uso de energía puede aplicar a los fondos que van destinados a personas naturales y jurídicas”, explica Jorge Incer Obando, vicegerente de crédito verde del Banpro.

Si la inversión es superior a 50,000 dólares requieren de un estudio de eficiencia energética que realizan algunas instituciones aliadas.

Según Incer los cincuenta millones de dólares que tienen dispuestos para esta línea de crédito fueron otorgados por el BCIE, el FMO y el Deutsche Bank. Planean colocarlos en dos años. Pero en tres meses han colocado el diez por ciento del fondo.

Con los 280,000 dólares que el Fondo de Desarrollo Local (FDL) recibió del proyecto EcoMicro, que promueve el BID-Fomin, desarrolló un instrumento de adaptación al cambio climático que incluirá créditos de entre 1,000 y 1,200 dólares, asistencia técnica y microseguro agrícola. Se ofrecerá inicialmente a 300 productores de occidente a comienzos del próximo año. Luego se ampliará a todo el país.

Según el gerente general del FDL, Julio Flores, el microseguro garantizará que a pesar de las crisis climáticas el pequeño productor mantenga o mejore sus ingresos.

Además se promoverá, de ser necesario, la sustitución de cultivos tradicionales en la zona, por otros que se adapten mejor a las nuevas condiciones climáticas.

El microseguro se está trabajando con la empresa Micro (Microinsurance Catastrophe Risk Organisation) y con la reaseguradora suiza Swiss RE. “Si logramos desarrollar un microseguro a costo razonable vamos a hacer una gran contribución a la actividad agropecuaria”, asegura Flores.

Micrédito, por ejemplo, es una de las que promueve el financiamiento para la compra de lámparas solares, que además de alumbrar le permiten a la población de zonas donde no hay servicio de energía cargar sus teléfonos celulares. “Estamos trabajando en la energía limpia, queremos sustituir el candil en las poblaciones que no tienen acceso a energía por un panel solar pequeño, un kit solar, una lámpara pequeña que puede cargar celulares, este producto lo estamos desarrollando a través de una alianza con Global Partnership”, indicó Verónica Herrera, directora ejecutiva de esta institución.

A través del proyecto han financiado en comunidades rurales de Boaco, Granada, Estelí, León y Rivas al menos 320 de estos dispositivos, cuyos precios rondan los cien dólares cada uno. “Solo en Teustepe (Boaco) este producto ha sido adquirido por unas 190 familias. El dispositivo está disponible en tres proveedores con los que suscribimos una alianza, Tecnosol, Ecami y Nicasolar”, dijo Herrera.

Además, en la zona de Granada y Rivas, debido al potencial turístico promueven el uso eficiente de la energía. Financian la sustitución de equipos eléctricos por otros que usen paneles solares.

La Fundación para el Desarrollo de Nueva Segovia (Fundenuse), en cambio, promueve también la venta de estas lámparas con paneles solares incluidos, que tienen capacidad para hacer funcionar entre una y cuatro bujías y a la vez cargan las baterías de teléfonos celulares.

“El año pasado se desarrolló un producto llamado microfranquicia. Elegimos a 15 mujeres líderes que se dedican a la venta ambulante de cosméticos y otros productos y les asignamos varios territorios en San Sebastián de Yalí, en Jinotega. También se firmó una alianza con la organización Ideas, que importa pequeños productos solares y nosotros damos el crédito, ya hemos entregado más de 45 créditos de hasta 300 dólares para promover la comercialización de estos productos”, detalla Denis Alemán Casco, gerente general de Fundenuse.

“Entre el 2014 y el 2016 planeamos colocar un cartera de 1.2 millones de dólares en créditos de energía renovable, unos 400,000 dólares por año. Estos recursos son proporcionados por Global Partnership”, indicó Alemán Casco y añadió que en agosto esta línea de crédito financiará también viveros, cosecha de agua y reforestación.

TAMBIÉN LA BANCA

En el caso de la banca comercial por poseer más recursos, estas líneas de financiamiento abarcan proyectos e inversiones más grandes. ProCredit se considera el banco pionero en el país en el otorgamiento de este tipo de financiamiento a empresas y personas naturales, explica María Soledad Castañeda, gerente de negocios de la institución bancaria.

En ProCredit de hecho hay un departamento que se dedica exclusivamente a la aprobación de créditos verdes. Y según Castañeda cuando a esa unidad llega una solicitud de préstamos, además de evaluar el riesgo, analiza si el proyecto a financiar no tiene impactos negativos en el medioambiente.

Las inversiones de ProCredit se concentran en temas de eficiencia energética, ya sea destinadas a la compra o reemplazo de equipos que impliquen una reducción mínima del veinte por ciento en el consumo absoluto de la factura eléctrica o línea de producción de la empresa.

Asimismo, destinan fondos para el uso de recursos renovables como energía solar con la compra de paneles solares o sistemas fotovoltaicos. También medidas de protección ambiental, que son inversiones relacionadas a certificaciones de productos orgánicos como el café que demanda ese respaldo a nivel internacional. Inversiones que manejen uso de residuos orgánicos, tratamientos de agua y protección de suelos.

Actualmente ProCredit dispone del diez por ciento del total de su cartera para financiar créditos verdes y de momento solo un tres por ciento de sus clientes lo ha utilizado. Castañeda agrega que los montos mínimos que proporciona esta línea de crédito son 1,500 dólares a personas naturales y 5,000 dólares a empresas. El monto máximo para ambos es de 50,000 dólares.

Norman Medina es uno de los pequeños empresarios que ha hecho uso del crédito verde en ProCredit. Adquirió 30,000 dólares para la compra de la máquina para fabricar bloques. Con ella además de mejorar su productividad evitará la contaminación ambiental. Pagará el préstamo en seis años con una cuota mensual de 560 dólares.

OTRO IMPACTO VERDE

En la finca Los Laureles, en la comunidad Las Mangas, entre San Isidro y León, Carlos William Cruz Marroquín invirtió en la construcción de dos casas maya, conocidas también como casa sombra, en las que pretende establecer cultivo de chiltoma de la variedad nataly.

La infraestructura aún está en proceso de edificación, pero Cruz planea reducir en casi el 60 por ciento sus costos de producción e incrementar en dos meses más el tiempo de vida promedio de las plantas. Cruz estima que en la infraestructura podrá obtener aproximadamente 500 cajillas de chiltoma por cada corte. No tener que usar pesticidas es otro de los beneficios agroambientales que persigue Cruz, quien sugiere a las entidades financieras ampliar las líneas de crédito, “no solo para la construcción de infraestructura, sino también a la habilitación financiera para el levantamiento de las cosechas”.

Para Cruz la tasa de interés del crédito verde “es competitiva”, pues se reduce hasta en un 3.6 por ciento respecto a las tasas de interés convencionales.

Y es que según Castañeda la tasa de interés del crédito verde ofrece un descuento del tres por ciento en relación con las tasas publicadas en los tarifarios.

También el BAC Nicaragua está en este negocio. Su cartera de créditos en proyectos con visión de sostenibilidad ambiental es de 14 millones de dólares. “Como instituciones financieras tenemos la posibilidad de influir de alguna manera en nuestros clientes en las empresas en que sean responsables con el medioambiente”, refiere Juan Carlos Sansón, gerente general de esta entidad, del por qué el nuevo enfoque crediticio.

Comenzaron hace seis años con esta política. Sansón explica que obtuvieron recursos de un organismo europeo, que pidió a BAC Nicaragua tener una política de análisis crediticio donde se incluyeran parámetros de sostenibilidad ambiental.

Esa política se generalizó y ahora todos los créditos que otorgan previamente pasan por un análisis de parámetros medioambientales que el cliente debe cumplir, igual que con las exigencias financieras, y de no satisfacerlas el financiamiento puede negarse.

Sansón señala que educar a las empresas, de todos los ramos y tamaños, es un “proceso gradual” sobre la importancia de que sus proyectos de inversión ahora deben diseñarse pensados en sostenibilidad y rentabilidad financiera, a la par de ser eficientes en ahorro de energía, el manejo de los desechos industriales y otras prácticas para conservar la naturaleza.

Para BAC Nicaragua la experiencia “ha sido exitosa”. El crédito verde tomó fuerza el año pasado al aliarse al programa del BID enfocado en las pequeñas y medianas empresas (pymes), alianza en la que BAC actúa como grupo financiero en cada país de Centroamérica donde tienen presencia.

La alianza es sencilla. El banco se compromete a dar un número de capacitaciones y elaborar diagnósticos gratuitos a pymes para identificar dónde pueden ser, por ejemplo eficientes en el uso de la energía eléctrica. “Si producto de la asesoría sale que pueden ahorrarse un montón de dinero si cambian las lámparas por unas económicas, o si deben cambiar la maquinaria, damos financiamiento”, afirma Sansón.

BAC Nicaragua no ha tenido que negar, hasta ahora, una solicitud de préstamos verdes. Sansón lo atribuye a que las empresas en el mundo vienen adoptando conciencia de que además de ser una actitud responsable “es rentable implementar programas de sostenimiento ambiental”.

También Lafise Bancentro está incursionando en este esfuerzo. Desde hace cuatro años asiste iniciativas amigables con el medioambiente y ha suscrito acuerdos de colaboración con entidades que promueven el uso de energías renovables dentro de las empresas, expresa Gastón Rappaccioli, vicegerente general de banca de personas de la institución.

“Tenemos dos ejes de acción, el primero enfocado hacia la reducción del impacto ambiental por un lado y por el otro lado apoyamos a los esfuerzos que permitan generar una mayor eficiencia energética”, sostiene Rappaccioli.

Según el ejecutivo las personas interesadas en obtener un crédito para desarrollar la eficiencia energética en sus empresas deben presentar un proyecto técnico que apoye la factibilidad e ilustre al menos en porcentaje la energía que podrán ahorrar en sus empresas. Los montos para financiar proyectos de eficiencia energética van desde los 3,000 dólares hasta cifras que podrían rondar el millón de dólares y los plazos son de hasta diez años, aunque están enfocados al proyecto que se presente.

Mientras que los proyectos enfocados al uso de energía renovable en las empresas otorgan montos mínimos de 10,000 dólares. Según Rappaccioli están enfocados a energía eólica, biomasa, hídricos, fotovoltaicos y el uso de biodigestores, estas iniciativas precisó el ejecutivo están enfocadas principalmente hacia el sector agrícola y el turismo rural.

(Con la colaboración de Humberto Galo y Yohani López).

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