Un tesoro universal

Un 23 de abril de 1616 fallecían Cervantes y Shakespeare. Fue por ello que en 1926 surge en España la propuesta de crear un día en el que rendir homenaje a los libros y propagar la cultura universal. Así nacía el Día del Libro.

Un 23 de abril de 1616 fallecían Cervantes y Shakespeare. Fue por ello que en 1926 surge en España la propuesta de crear un día en el que rendir homenaje a los libros y propagar la cultura universal. Así nacía el Día del Libro. No será hasta 1995 cuando la Unesco tome esta fecha y el día se convierta en una celebración mundial.

Hoy en alguna parte del mundo se intercambiarán libros y flores, se participará en eventos culturales, quizá acudamos a lecturas de poesía o paseemos entre libros en una feria, tradiciones para no dejar de aprender a través de los libros. Es sin duda un día necesario, puesto que no hay que olvidar que el privilegio de acceder a la lectura no siempre ha sido posible. Ni lo es todavía.

Al parecer hay 58 millones de niños por escolarizar para quienes, al no haber educación, no habrá libros. Y muchos otros que al abandonar la enseñanza primaria se alejan de ellos. No todos los niños del planeta tienen la oportunidad de crecer aprendiendo entre libros. Ni todos los gobiernos la prioridad de promover este tesoro invisible que es el saber. Todavía no. El Informe Educación para Todos en el Mundo así lo atestigua. Realizada por la Unesco, esta investigación pone de manifiesto las carencias actuales en desarrollo educativo. Este programa comenzó hace quince años y la meta está puesta en 2030, pero habrían de acelerarse las estrategias.

Para lograrlo, los gobiernos han de comprometerse y financiar más la educación, la sociedad apoyarlo y los padres convertirse en cómplices conscientes del regalo de vida que le otorgan a sus hijos. Los más pequeños, letrados, son un futuro mejor. La educación va unida a la curiosidad, a la motivación y la acción. Aprender es superarse. Es formularse preguntas y opiniones, resolver dudas y encontrar soluciones. Aprender también es cambiar las injusticias. En los tiempos de Cervantes solo una minoría tenía el privilegio de ser letrada. Y relativamente reciente es el salto de la mujer a la universidad. Desde nuestra visión actual y echando la vista atrás podemos afirmar que nos encontramos en una de las mejores épocas para la educación tanto por los porcentajes de alfabetización de la población mundial como los beneficios derivados de la revolución tecnológica. Aun así, muchos niños y adolescentes hoy no podrán soñar ni aprender leyendo.

Recuerdo que con cuatro años ya ansiaba descubrir lo que las letras decían. Y entender lo que los adultos leían con tanta seriedad, preocupación unas veces, risas otras. Le insistía a mi abuelo cada vez que se sentaba con un periódico en mano que me enseñase a descifrar ese misterio. Pero mi madre me pedía paciencia, pues sería la escuela quien se encargaría de instruirme al ritmo que la sociedad marcaba. No entendía la espera, pues me parecía que me perdía algo valioso. Quería ser capaz de entrar en ese mundo paralelo que te permite evadirte de la realidad personal para aprender de otra exterior que nos va moldeando.

Poco después fui una de las niñas que sí pudo crecer entre libros. No solo los que la escuela fue dictando, sino también los que me fueron rodeando, bien por la influencia de una inagotable estantería familiar o el poder que se emana de una sociedad democrática libre de expresión.

La libertad que da esta pequeña y silenciosa acción que es la lectura es un aprendizaje vital. Rememoro dos libros que de pequeña leí y cuya influencia arrastro conmigo. El diario de Ana Frank , donde una niña judía cuenta el encierro tirano al que se ve sometida por la ocupación nazi de su país. El miedo y las ganas de vivir se entrecruzan en unas páginas que tardé tiempo en entender. Su lectura fue triste, pero me enseñó a valorar la libertad. Otro libro que me ayudó a perseguir sueños fue Las cenizas de Ángela , del irlandés Frank McCourt, una autobiografía que narra las miserias y dificultades de un niño tenaz que logra vencer las penurias para instruirse y enseñar a otros.

Celebremos entonces el Día del Libro para que este tesoro universal sea accesible a los más pequeños.

La autora es periodista.

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