Rechazan uso de transgénicos

La Alianza Semillas con Identidad emprendió una batalla contra la posible aprobación del uso de semillas transgénicas. Esta incluye la recolección de unas cinco mil firmas de productores, el cabildeo con diputados de la Asamblea Nacional, la entrega de un pronunciamiento a la Presidencia de la República y la introducción de amparos ante los tribunales.

Más de doscientos productores y dirigentes de organizaciones participaron ayer en el foro contra el uso de semillas transgénicas. LA PRENSA/JORGE TORRES

La Alianza Semillas con Identidad emprendió una batalla contra la posible aprobación del uso de semillas transgénicas. Esta incluye la recolección de unas cinco mil firmas de productores, el cabildeo con diputados de la Asamblea Nacional, la entrega de un pronunciamiento a la Presidencia de la República y la introducción de amparos ante los tribunales.

El presidente de la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua (Upanic), Michael Healy, anunció recientemente la entrega de una propuesta de reglamento para la Ley 705, Ley Sobre Prevención de Riesgos Provenientes de Organismos Vivos Modificados por Medio de Biotecnología Molecular, que permitiría el uso de semillas modificadas genéticamente. Su meta es comenzar a usarlas el próximo año en la producción de maíz y soya.

“La empresa privada tiene sus intereses económicos bien marcados, pero vamos a dar la batalla… porque está comprobado que los transgénicos producen tumores y otro tipo de enfermedades que pueden llegar después a los seres humanos”, dice Harold Calvo Reyes, coordinador de Semillas de Identidad.

La alianza realizó ayer el Foro por la Agroecología y Soberanía Alimentaria, No a los Transgénicos, en el que representantes de las organizaciones que forman la alianza emitieron el pronunciamiento que entregarán al Gobierno.

Por su parte, el costarricense Fabián Pacheco, miembro del Comité Central de la Red por una América Latina Libre de Transgénicos, estima que los riesgos van más allá del ambiente y la salud, ya que acabarían con el acervo genético del continente. “La contaminación de nuestras semillas con genes que fueron introducidos por la ingeniería genética hace menos de veinte años para que unos foráneos hagan sus negocios es un acto directo de agresión sobre las bases más elementales de nuestra cultura”, asegura Pacheco.