“El Ñajo” de Nicaragua

Clodomiro, a sus 63 años, piensa en su propio funeral. Quiere que cuando muera haya una gran fiesta en Nicaragua. Que su cuerpo sea velado en el Estadio Nacional y, si se puede, que lo entierren ahí mismo.

Doña Luisa Amanda Ramos es su mamá de crianza, pues su madre biológica lo abandonó a él y sus hermanos cuando solo tenía 3 años.

Clodomiro, a sus 63 años, piensa en su propio funeral. Quiere que cuando muera haya una gran fiesta en Nicaragua. Que su cuerpo sea velado en el Estadio Nacional y, si se puede, que lo entierren ahí mismo. Pide que el día de su funeral todos usen el uniforme del Bóer y que su canción suene a todo volumen en las radios y los canales de televisión: “Clodomiro, Clodomiro, ¿para dónde vas tan serio?”

Su testamento público tiene más indicaciones: quiere que a su muerte su casa sea convertida en una escuela o un hospital para ñajos, para que vayan a aprender a leer, a escribir, a hablar y para que los atiendan y les entiendan bien.

La casa de Clodomiro no está ubicada “al final de algún atajo” en el barrio Larreynaga, como dice la canción que lo hizo famoso. Para entrar en ella se saca un zapato y lo agita mientras salta en un pie. Finalmente una llave cae desde dentro del zapato y con ella abre. El lugar no puede ser más humilde. Apenas hay espacio para una silla de plástico, un ropero a punto de desarmarse y un catre arrinconado y doblado por la mitad. Bloques y trozos de madera repartidos por todo el suelo.

ESTEBAN MARENCO

Su nombre de pila no es Clodomiro, sino Esteban Marcos Marenco Peralta. Nació el 9 de marzo de 1952 en San Jorge, Rivas, con labio leporino, o sea, con una separación en el labio superior. Es el segundo de 24 hermanos, según cuenta. Era algo tímido de pequeño, pero le gustaba jugar a la cuartita y futbol.

Doña Luisa Amanda lo adoptó cuando Esteban tenía solo 3 años, después de que su mamá biológica se separara de su papá, Diego Manuel Marenco, y los abandonara. Desde entonces es ella quien ha estado siempre junto a él. “Él era muy enfermizo y yo lo cuidé hasta que creció, se hizo hombre y decidió andar ahí cantando”, cuenta su mamá.

“Cuando yo iba a la escuela se burlaban de mí. A veces les tiraba besos a las muchachas y me decían: ‘Andá aprendé a hablar bien’, pero ni modo, yo había nacido así y le doy gracias a Dios”, afirma “El Ñajo”.

Dejó de estudiar en tercer grado y aún le cuesta leer y escribir, pero asegura que le ha ido bien. Está orgulloso de ser ñajo. Todo tiene que ver con el personaje que se metió en su vida o su vida que se metió en el personaje, según cómo se mire.

EL BAUTISMO

Era un día normal en el despacho de Carlos Mejía Godoy en la Radio Corporación cuando de repente alguien llamó a su puerta:

— Ahí lo busca un muchacho que se llama Esteban Marenco.

— ¿Y qué quiere?

— Quiere hablar de Clodomiro, dice que él lo conoce.

“Era un muchacho ñajito. Y lo que logré entenderle es que quería que le diera permiso para ser Clodomiro. ¡Al contrario de los ñajos, que se ponían molestos porque les decían Clodomiro! Este fue inteligente”, cuenta entre risas Carlos Mejía Godoy, autor de la famosa canción Clodomiro, el ñajo . Se fue de la oficina y al rato andaba con las camisetas que decían “Yo soy Clodomiro El Ñajo”.

La canción no está inspirada en la historia de Esteban, como muchos creen. Mejía Godoy explica que surgió de un chiste que le contaron y así decidió escribirla. En una ocasión cantó la letra en un programa llamado Domingo Gigante con Marenco ahí presente. Ese sería el bautismo oficial de “Clodomiro El Ñajo”. Un personaje que ya nunca más abandonaría.

Esteban Marcos Marenco Peralta

El nuevo Clodomiro empezó a trabajar haciendo publicidad y vendiendo productos para algunas compañías como Coca Cola y Cremy, según dice. “Me ha dado buenos resultados ser así, buenas amistades, los nicaragüenses me quieren y me reciben bien”, expresa Marenco.

Siempre había sido fanático del beisbol. Una vez durante un juego de los Indios del Bóer gritó a todo pulmón: “¡Viva el Bóeeeeeeeer!” “A la gente le gustó y empezaron a llegar las radios para que grabara el grito y así es como se hizo famoso. Después andaban detrás de mí”, cuenta.

Pero una cosa lleva a la otra y ya se sabe que de la fama al alcoholismo hay un solo paso y Clodomiro lo dio. Sus amigos lo recogían borracho en las calles.

“Cuando él anduvo en su época de dipsomanía yo le decía: ‘¿Querés que te lleve a un centro de recuperación? Yo te apoyo. ¿Querés dejar de beber alcohol? Porque andás haciendo el ridículo en el estadio’”, explica Mejía Godoy. “Todo el dinero se lo daban en guaro”.

“Un evangélico de apellido Mojica me ayudó, me llevó a un centro allá en Matagalpa y ahí estuve hasta que me recuperé”, cuenta Clodomiro.

Actualmente trabaja como conserje en Autolote El Chele y, según dice Juan Carlos Zúñiga, su jefe, lo ha ayudado mucho. “Yo quiero agradecer el gesto de Juan Carlos de darle trabajo para que él se gane su dinerito. Clodomiro y yo nunca hemos dejado de ser amigos, siempre hablamos”, dice Mejía Godoy.

“Clodomiro El Ñajo” nunca se casó ni tuvo hijos. “Solo he tenido mujeres y bien bonitas”, dice. Además de su trabajo como conserje, vende lotería en el estadio y asegura que la gente le compra no por el premio, sino porque es él quien está vendiendo. Además todos los domingos sale a bailar a la Casa del Obrero y visita a su mamá, doña Luisa Amanda Ramos, quien se siente orgullosa del éxito de su hijo adoptivo. “Me siento orgullosa de que él sea reconocido en Nicaragua porque ha salido adelante”, expresa.

Y sale Clodomiro a las calles y hoy como ayer siempre hay gente que lo reconoce, que lo saluda, se toma fotos con él o le canta la famosa frase de la canción:

—Clodomiro, Clodomiroooo… ¿para dónde vas tan serio?

—Voy a ver un partidito allá por el cementerio —responderá él invariablemente.

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