Un siglo atrás

Querida Nicaragua: El desquiciante proyecto del Canal Interoceánico, destructor de tierra y lago, es defendido a capa y espada por aquellos que pretenden sacarle buen provecho económico.

Querida Nicaragua: El desquiciante proyecto del Canal Interoceánico, destructor de tierra y lago, es defendido a capa y espada por aquellos que pretenden sacarle buen provecho económico.

Es muy rentable estar de acuerdo con la idea del canal porque eso significa estar de acuerdo y al lado del ilegítimo Ortega, eso es garantizar el cargo público si es que se tiene, o esperar conseguir un huesito si es que no se tiene. Así funcionan las dictaduras: si estás conmigo tendrás de todo, si estás en contra mía una sola palabra mal dicha o un voto en contrario bastará para echarte fuera.

Las dictaduras son así desde hace mucho tiempo. Hace un siglo, en 1915, Nicaragua estaba como siempre revuelta a causa de una dictadura que recién había caído y no tuvimos la capacidad de dialogar y dar un tiempo prudencial para hacer nuevas elecciones. El odio de los dos partidos no permitía diálogo alguno. Entonces vino la intervención norteamericana de 1912, es decir una dictadura foránea que impuso presidente títere que tenía que obedecer las órdenes del ministro americano, que así era llamado entones el embajador de los Estados Unidos. Tomaron el poder por el partido conservador don Adolfo Díaz, el general Emiliano Chamorro, don Diego Manuel Chamorro y al morir este, don Bartolomé Martínez; luego don Carlos Solórzano hasta 1925 cuando Chamorro le dio un golpe de Estado que no reconocieron los EE.UU.

En los años treinta nos esperaba la dictadura del primer Somoza y diecisiete años más tarde la dinastía con sus hijos que gobernaron hasta el 79 cuando nos cayó encima la primera dictadura de Ortega.

Luego, 15 años de democracia tratando de enderezar la nación para sucumbir en 2006 en la actual dictadura de Ortega. Somos pues, especialistas, graduados, tenemos un enorme diploma de fabricantes de dictaduras.

Y ahora tenemos al dictador de turno encaprichado en hacer un Canal Interoceánico y aferrado al poder en forma al parecer vitalicia.

Ha habido varias fechas y varias mentiras en el tal proyecto, que siendo algo verdaderamente serio que tocará sitios vitales del territorio nacional, no se ha tomado en cuenta la opinión del pueblo y se está haciendo con el secretismo con que este gobierno acostumbre a hacerlo todo.

Firmó el acuerdo del fabuloso canal con el ciudadano chino Wang Jing, lo mandó al congreso para ser aprobado a troche y moche en la Ley 840 sin consultar al pueblo, sin hacer un referéndum y sin siquiera pedirle su opinión a los científicos entendidos en la materia que tenemos en Nicaragua. Ninguna otra dictadura se había atrevido a tanto porque el Tratado Chamorro Bryan, firmado en 1914, un siglo atrás, entre los EE.UU. y Nicaragua es un juguete de niños a la par de la Ley 840 que convierte a Wang Jing en dueño y señor de cualquier parte del territorio nacional, sin someterse a las leyes ni pagar impuestos ni pedir permisos.

La cadena CNN que raras veces se ocupa de Nicaragua informó que el presidente Ortega había autorizado la iniciación de las obras del canal luego de aprobar los estudios medioambientales. Entrevistada al respecto Mónica López Baltodano, presidenta de la Fundación Popol Na, dejó clara la oposición del pueblo nicaragüense, las protestas ciudadanas, el secretismo con que se está manejando todo el proyecto, la destrucción de nuestro lago Cocibolca, el mayor reservorio de agua para Centroamérica y la venta de la soberanía nacional. En efecto, el Gobierno no ha consultado, ni discutido, ni puesto en debate público el tal proyecto aprobado en forma veloz por la aplanadora de diputados orteguistas en la Asamblea Nacional y por lo tanto tampoco el pueblo aprueba el estudio medioambiental preparado por encargo de la compañía HKND.

La marcha hacia Managua de los miles de campesinos opuestos al proyecto el pasado 27 de octubre, y la reacción brutal del Gobierno para impedir su entrada a la capital, hablan por sí solos. El autor es gerente de Radio Corporación y Excandidato a la presidencia de la República en 2011.