Como, engordo y enfermo

Cuando faltan unos minutos para el mediodía, María de los Ángeles Hernández, de 30 años, desayuna con un vaso de gaseosa y un pedazo de pan. Este es su primer alimento del día y el de gran parte de su familia. Hernández es robusta, “recia”, se define ella misma y asegura que empezó a ponerse así después de su primer parto, a los 18 años.

El 60 por ciento de la población tiene problemas con el peso (sobrepeso u obesidad) en Nicaragua. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que la mitad de los adultos serán obesos en 2030. LA PRENSA/ ARCHIVO

Cuando faltan unos minutos para el mediodía, María de los Ángeles Hernández, de 30 años, desayuna con un vaso de gaseosa y un pedazo de pan. Este es su primer alimento del día y el de gran parte de su familia. Hernández es robusta, “recia”, se define ella misma y asegura que empezó a ponerse así después de su primer parto, a los 18 años. “Soy así recia, pero ni subo ni bajo”, comenta la mujer sentada en una piedra frente a la casa de paredes de zinc que comparte con nueve personas, sobre una calle traficada del barrio 19 de Julio.

Su mamá que está de pie, detrás de ella, a un lado de la acera, también desayuna, pero en lugar de gaseosa, remoja el pan en un vaso de café. “Yo les digo que es malo y peor de la negra (gaseosa) pero no hacen caso”, dice la mamá.
Shirley Ramírez, 39 años, abogada y funcionaria en la Contraloría General de la República, no desayuna con gaseosas pero hasta hace poco acostumbraba a comerse un vigorón a mitad de la mañana que venden en las afuera de esa institución.

Hernández no sabe cuánto pesa, solo que está recia, pero Ramírez sí sabe que tiene estatura de 152 centímetros y pesa 160 libras. Ramírez muestra en la computadora una foto suya de la época en que entró a trabajar en la Contraloría. Su cuerpo era la mitad del que se ha granjeado en los últimos 10 años, desde que tuvo al primero de sus dos hijos. “El embarazo me engordó”, dice y cuenta que llegó a pesar 170 libras.

Ambas mujeres que siguen rutinas distintas se acostumbraron a consumir comida grasosa y a comprar mucho en la calle. En el caso de Hernández, quien se gana lavando ropa en el vecindario, tiene a un lado de su casa una venta donde se provee de gaseosa y pan, mientras que sus hijos de 14 y 3 años, allí mismo se proveen de toda suerte de “chivería”. “Me viene a pedir que dos pesos, en el día tal vez se van unos diez pesos”, dice la mujer.

El acceso a la “chivería” como dice Hernández, o a la comida “chatarra”, como valora Ramírez a lo que ha comido por años a consecuencia de los “pésimos hábitos alimenticios”, está en todas partes.

La obesidad está provocando el incremento de enfermedades como la diabetes, tipo I y II,  pero también provoca el aumento de problemas cardiovasculares.  LA PRENSA/ ARCHIVO.
La obesidad está provocando el incremento de enfermedades como la diabetes, tipo I y II, pero también provoca el aumento de problemas cardiovasculares.
LA PRENSA/ ARCHIVO.
COMER MAL MATA

El “entorno actual” es un factor causante del sobrepeso y la obesidad, reconoce la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que en los últimos años ha producido informes que demuestran varias cosas: uno, que la obesidad y las

Enfermedades Crónicas no Transmisibles (ENT), definidas como “afecciones de larga duración con una progresión lenta” y se refiere básicamente a las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes, y las respiratorias, ambas condiciones de salud están alcanzando niveles epidémicos en América Latina tanto en adultos como en niños. En ese sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) arroja datos nada alentadores: que desde 1980 el número de personas obesas se ha doblado en todo el mundo, que el año pasado (2014) había más de 1,900 millones de personas que pesaban más de lo debido y de esas, 600 millones eran obesos.

Ese combo de enfermedades, conocidas como ENT, mató en el 2008 a 36 millones de personas en el mundo.

Y según la OMS, el sobrepeso no solo es un problema de adultos, no se salvan de esa epidemia los niños. En el 2013 se estimó que más de 42 millones de niños tenían problemas con el sobrepeso y en muchos de ellos se han adelantado enfermedades como la diabetes.

Esa creciente “gordura” de la población se ha tratado en foros regionales recientes. En mayo pasado, en Guatemala, el Frente Parlamentario contra el Hambre (FPH), que cuenta con el apoyo de la organización de Naciones Unidas para la

Agricultura y la Alimentación (FAO), sostuvo que tres de cada cuatro latinoamericanos tiene problemas de sobrepeso y obesidad, y eso es un asunto de “salud pública”.

El diabetólogo Luis Alemán, quien considera que esos datos aplican a la realidad nicaragüense, lo mide de una manera sencilla: cada día acude a su consultorio privado un nuevo paciente diabético.

Alemán, quien preside la Asociación Nicaragüense de diabetelogía, dice que hace poco en México se divulgó que alrededor del 70 por ciento de la gente tiene problemas de obesidad y considera que Nicaragua va por el mismo camino porque

los hábitos de consumo de “comida chatarra” y la vida sedentaria son similares en gran medida. Además de la alimentación y el sedentarismo, el consumo de alcohol y el tabaquismo también desencadenan estas enfermedades.

El alto consumo de comida frita, pero también de alimentos ultraprocesados, ricos en sal, azúcar y grasas, está engordando a la población.  LA PRENSA/ ARCHIVO.
El alto consumo de comida frita, pero también de alimentos ultraprocesados, ricos en sal, azúcar y grasas, está engordando a la población.
LA PRENSA/ ARCHIVO.
COMIDA RICA QUE NO NUTRE

Ramírez manifiesta que el nacatamal es “bien rico” pero hace poco supo que la manteca de cerdo produce grasa trans, una grasa dañina, que se ha acumulado en su cuerpo. “Es esto”, dice tocándose una llanta que se le ha formado alrededor del abdomen.

Las comidas que son ricas en grasas, azúcar y sal se suelen llamar popularmente “comida chatarra”.

“Es la comida que no te llena los requirimientos nutricionales que tienen mucha sal, muchas grasas saturadas, alimentos que no nutren tu organismo… la comida chatarra no te da una alimentación completa”, dice Cecilia Castro, nutricionista con 20 años de experiencia, quien menciona a las “pizzas, hamburguesas” y los alimentos “ultraprocesados”, gran parte de la oferta de pulperías y supermercados, como alimentos que tienen exceso de grasas, azúcares y sal.

“A qué le podemos llamar alimentos chatarras, a las fritangas, hamburguesas, papas fritas, hot dogs, todos los alimentos que vas a freír son dañinos para la salud, eso te aumenta la posibilidad de acumular grasa en las arterias. La fritura es lo que más nos hace daño. A esto tenemos que agregar la vida sedentaria”, apunta el diabetólogo Luis Alemán.

Castro dice que en las últimas décadas se ha implantado una cultura fuerte de comer en la calle. “Antes se comía mucho más en la casa, los productos eran mucho más frescos, las mamás se encargaban de cocinar y nos acostumbraron a comer más sano, las mamás se preocupaban un poco más, en la lonchera llevabas frutas, y uno no podía decirle que no a la mamá, las generaciones anteriores aprendimos a comer mejor”, valora Castro, quien en su consulta atiende cada vez más a niños con trastornos en los hábitos alimenticios.

MADRUGAR PARA CAMBIAR

Ramírez dice que lleva ocho meses en el proceso de aprender a comer mejor y de ejercitarse. Se levanta a las cuatro de la mañana, toma agua y un vaso de avena en ayuna y hace una hora de zumba. Luego adelanta la preparación del almuerzo para sus dos hijos. Dice que les prepara verduras, que les aliña frutas para el recreo en la escuela. No hace mucho, un compañero de clases de su hijo de 10 años, le preguntó “¿por qué no le daba comida más divertida a su amigo?”

Le causó gracia porque el niño que la cuestionó lleva hamburguesas, pizza, hot dog y el suyo frutas. “Es duro para ellos comer las frutas, pero yo les explico que es lo mejor, que eso los nutre, pero no les gusta”, dice afligida Ramírez, quien en estos ocho meses ha visto mejoras en su salud. “Yo era estreñida, ahora no. Tenía la presión alta. Ahora bebo de eso todo el día”, dice apuntando una enorme botella de agua. “Es un proceso y estoy aprendiendo”, añade mientras abre la pantalla del computador para mostrar lámina que enumera las maravillas del marango o moringa, semilla que ha comenzado a consumir en las últimas semanas junto a sus colegas de oficina. “Hemos visto los cambios”, dice esta mujer que quiere llevar una vida sana, pero sabe que tras décadas de comer mal, no es tan fácil.

DOBLE DISCURSO ANTE OBESIDAD

Concursos de fritanga limpia y bonita, ferias de fritanga, eventos donde se promociona la comida nicaragüense y se premian las frituras, los dulces, es un asunto habitual, casi una política de “recreación” que impulsa el Gobierno a través de sus diferentes ministerios. Uno de los eventos más recientes de “fritanga” ocurrió hace poco en el parque Luis Alfonso, el más grande centro deportivo público que hay en la capital. Pero la comida rápida y las frituras abarrotan toda la ciudad, es la principal oferta en los centros comerciales. En sectores de la ciudad como Bello Horizonte, la colonia Maestro Gabriel y la Cristian Pérez existe una pequeña ruta del colesterol por la oferta de negocios.