De Guillén a Molina, un planeta de “monos” - La Prensa



De Guillén a Molina, un planeta de “monos”

Conozca a los caricaturistas por excelencia de Nicaragua. Entre los dos han dibujado más de 14 mil “monos”, como los llaman de cariño, y aquí se unen para retratar una profesión que pocos practican pero que miles disfrutan.

13/12/2015

A eso de las seis de la tarde, el hombre se recuesta en su silla, contempla su trabajo y suspira. La pantalla de su computador le devuelve un dibujo-retrato del acontecer nacional. Pasada por un colador de humor negro, la imagen muestra al presidente y a la primera dama de su país. El autor esboza una sonrisa fugaz. Estira los brazos, retoca un poco la caricatura y pulsa el botón “enviar”. Listo. Mañana la pantalla se coloreará con otra escena. El hombre de 40 o 50 años se levanta y sale de la habitación. Su es nombre es Manuel Guillén, pero bien podría ser Pedro Molina.

Por más de 20 años Guillén y Molina han dibujado y desdibujado Nicaragua. Ese es su oficio: hacer dibujitos, y por lo general son acres con los desvaríos del poder. Cada día sale uno nuevo. Los trazos deben ser lo suficientemente hábiles para que los lectores los comprendan a plenitud y por ley deben llevar una dosis de picante, para detonar el máximo de sonrisas posibles. Los estilos y técnicas son variopintos. ¿Los temas? Casi ilimitados. Y si una noticia internacional supera a la fauna política, económica o social de Nicaragua, no hay problema, la caricatura va de eso.

Otrora los periódicos nicas llevaron como sello caricaturesco la creatividad de un “Chilo” Barahona o la de un “Toño” López. La gente reflexionó con la comprensión política y las viñetas de Alberto Mora Olivares (AMO), y carcajeó con la picardía y el erotismo sin secretos de Róger Sánchez. Hoy, Nicaragua amanece con dos dibujos. El de Manuel Guillén, en el periódico LA PRENSA, y el de Pedro Molina, por muchos años en El Nuevo Diario y ahora en el portal digital de noticias Confidencial. Los dos dibujantes hablaron con Revista Domingo de sus inicios, de su profesión, de la competencia que existe entre ellos, de asuntos personales, y hasta les dio tiempo a cada uno de hacer un retrato del otro. Bienvenidos a su mundo: el planeta de los “monos”.

GUILLÉN: EL MEJOR DIBUJANTE
Manuel Guillén "mejorado" por Pedro Molina / LA PRENSA / Cortesía

Manuel Guillén “mejorado” por Pedro Molina / LA PRENSA / Cortesía

Detrás de este hombre de 51 años, ojos oscuros, estatura promedio, pelo corto y, como él las llama, “orejas un poco despegadas”, hay un esposo, padre de dos hijos, arquitecto, escultor, pintor, carpintero, dibujante, caricaturista, cinturón marrón de karate-do, estudiante de Teología y antiguo seleccionado nacional de lucha olímpica. Lo deportivo lo completó antes de ser treintañero y lo artístico, hasta la fecha, es su profesión y pasatiempo.

En su bonita casa, ubicada a las afueras de Managua (y no en Miami, donde vivió por seis años hace ya un tiempo), Guillén tiene un cuarto especial donde hace de todo: esculpe muñequitos y máscaras bien elaboradas de políticos famosos, confecciona muebles de madera, arma los marcos de las puertas de su vivienda, convierte lienzos de respetable tamaño en cuadros dignos de ser colgados en salones, y más. Eso lo hace en ratos libres. Para sus “monos” está la oficina, una estancia no muy grande, con un librero sin espacios vacíos de un lado y un escritorio con gadgets tecnológicos del otro.

Al entrar, Manuel Guillén se sienta frente a su laptop, conectada a una tableta gráfica Wacom, y comienza a hablar de lo que mejor sabe. “Yo hago caricaturas por dos razones: porque es mi pasión como artista y porque creo que es mi obligación como nicaragüense”.

Caricatura de Manuel Guillén / LA PRENSA

Caricatura de Manuel Guillén / LA PRENSA

En palabras de su colega Pedro Molina, la caricatura es la interpretación artística de una persona o situación que al ser “estudiada, exagerada, comparada o extrapolada, termina mostrando su verdadero ser”.

El sello de la plumilla o ahora “Stylus” de Guillén es imperdible. Y los objetivos de sus “cañones” han sido, la mayoría de veces, los protagonistas de la política nicaragüense, a quienes no solamente ha exagerado con sus trazos sino que les ha repartido apodos a diestra y siniestra, muchos de los cuales han sido apreciados y reutilizados con gusto por los lectores. El actual presidente, Daniel Ortega, por ejemplo, es conocido como el “Bachi” o “Piñatín”; su esposa, Rosario Murillo, es la “Chamuca”; el expresidente Enrique Bolaños es el “Churri” y a otro expresidente, Arnoldo Alemán, le llovió doble bautizo: “Tamalón” y “Gordoman”.

Estos apodos, que según su autor responden a una costumbre casi nacional de hallarle un sobrenombre a todo, van remozados por “los trazos más limpios de un caricaturista en Nicaragua”, según comenta Guillermo Rothschuh Villanueva, experto en ciencias de la comunicación.

“Guillén es un muy buen dibujante y eso le ayuda mucho. Le da más fuerza a su propuesta”, opina Rothschuh. Y Molina está de acuerdo. “Manuel es extremadamente buen dibujante, no solo comparado con otros caricaturistas de la historia nacional, sino con muchos del exterior”, expresa.

DIBUJARLO TODO

Manuel Guillén comenzó a dibujar desde que tiene memoria, pero fue hasta quinto año, en el colegio Centroamérica de Managua, cuando su hobby se volvió un trabajo. Uno de los sacerdotes buscaba a un caricaturista para un periódico de corte religioso llamado El Tayacán, y Guillén no se lo pensó dos veces. Pese a que afirma que era de opinión política reservada, sí se entusiasmó con la Revolución de los ochenta y recuerda que hacer sus “monitos” era para él una forma de “apoyar el proceso”.

Más tarde, por razones familiares y profesionales, decidió estudiar Arquitectura. “¡Creo que fueron los años peor invertidos de mi vida!”, exclama, y suelta una risotada. Ya había dejado el karate-do por una lesión en la mano provocada por un ladrillo que intentaba destrozar, pero el deporte seguía fascinándole. Se metió en la lucha olímpica, entrenó en Cuba y llegó a representar a Nicaragua en los Juegos Centroamericanos de Guatemala 1986. “Pero yo creo que eso atrasó mucho mi desarrollo”, valora. “Eso y la arquitectura. ¡El pinche título ni lo tengo colgado porque no me interesa!”, insiste, y ríe mirando la pared limpia de la oficina de su casa, la única que ha diseñado.

Manuel Guillén / LA PRENSA

Manuel Guillén / LA PRENSA

A LA PRENSA entró hacia finales de 1991, pero quería dibujarlo y criticarlo todo, y eso le trajo conflictos. “Doña Violeta era primera magistrada del país y Antonio Lacayo (q.e.p.d.) era el hombre fuerte de ese gobierno. Yo sentía que era necesario que fueran los principales personajes de esa época en las caricaturas, junto con Ortega. Y como mantuve siempre una línea crítica, tuve problemas con la dirección y me fui”, recuerda el artista.

Ingresó entonces en el diario La Tribuna, que experimentaba con publicaciones a color. Ahí todo le fue bien hasta que el propietario del medio se lanzó a la presidencia. “Cuando eso pasa yo comienzo a darle a él también, y tuve que emigrar”. Pero ya había cosechado seguidores y lo volvieron a llamar de LA PRENSA, en 1995. “Me dijeron que ahora sí me permitirían criticar a doña Violeta y en efecto, lo cumplieron. Y eso debo reconocerlo públicamente. Es parte del legado de LA PRENSA. Predican lo que dicen. En mi campo a mí me han permitido mucha libertad. En el tiempo que Arnoldo Alemán era el mimado yo lo despedazaba, y cuando el cardenal (Obando y Bravo) era el mimado y ya comenzaba a coquetearle al Frente Sandinista, yo me decía: ‘aquí van los cañones’, porque era justo y necesario”.

Y desde entonces Guillén lleva 20 años con el periódico, dibujando cada día una caricatura-radiografía de Nicaragua o del mundo y llenando ocho páginas los domingos, como director del suplemento humorístico El Azote semanal. Disfruta mucho de estar en su casa, con su familia, es abstemio de toda la vida y le encanta el karaoke.

MOLINA: EL IMPREDECIBLE
Pedro Molina "destrozado" por Manuel Guillén / LA PRENSA / Cortesía

Pedro Molina “destrozado” por Manuel Guillén / LA PRENSA / Cortesía

En la otra esquina, proveniente de la fresca ciudad de Estelí, al norte del país, está Pedro Xavier Molina. Su distintiva firma es “PxMolinA” y él se describe como un amante de la comunicación gráfica en todas sus facetas, que enumera así: caricatura, ilustración, historieta, novela gráfica, pintura, escultura, animación y cine. Revela con humor que no tiene mesa de billar, porque debía elegir si esa o la de dibujo, llegó a tener hasta tres perros rottweiler al mismo tiempo y para este reportaje optó por no ser fotografiado ni compartió datos como su edad, que Guillén calcula debe rondar los 40 años.

La razón de ese “hermetismo” personal, sin embargo, sí la discute. “Es cierto que no soy fan de tomarme fotos o de las entrevistas en televisión, pues prefiero que la gente me juzgue por mi trabajo y no por si me trabo o no al hablar, o por si hablo bonito o soy mal hablado (que lo soy), o si les parezco demasiado joven o viejo, o alternativo o fresa, o lo que sea para tener una opinión calificada sobre x o y tema… Pero quienes hayan estado en algún lugar escuchándome hablar de mi trabajo, te dirán que soy cualquier cosa menos introvertido”, explica.

Caricatura de Pedro Molina / LA PRENSA / Cortesía

Caricatura de Pedro Molina / LA PRENSA / Cortesía

A propósito del oficio, Manuel Guillén define la caricatura como “un arte maravilloso. Hay mucho cinismo e hipocresía en la realidad, entonces tiene que haber otro cínico que desenmascare eso”. Y la forma favorita de hacerlo, para Pedro Molina, es dibujando una caricatura “que te haga pensar, y a veces, reír”.

Es sus “monos” no prevalece un estilo único, aunque sí puede notarse cierta búsqueda del mensaje implícito, del humor oscuro e inteligente, que a veces ni necesita texto para ser gozado. “No le gusta ser predecible”, estima Guillermo Rothschuh. “Con él hay una mayor diversidad de temas, y explora más lo internacional. Su trabajo me parece muy interesante”, concluye.

Manuel Guillén, por su parte, valora mucho el trabajo de “PxMolinA” y proclama que, aunque sí hay cierta competencia por trabajar en medios distintos, entre ellos nunca ha habido ese antagonismo. “Yo más bien me regocijo que él esté aquí. ¡Y ojalá hubiera cinco Pedro Molina más en este país!”, dice con entusiasmo, para luego confesar que a veces, por falta de tiempo, no ve los “monos” de Molina en cuatro o cinco días pero que luego se pone al día y se ríe de buena gana.

AUTODIDACTA Y TERCO

La caricatura entró a la vida de Pedro Molina cuando él era muy pequeño. Su papá le compraba La Semana Cómica, una revista de humor dirigida por el caricaturista Róger Sánchez Flores. Con ella y con los Muñequitos del Pueblo, también dibujados por Sánchez, Molina descubrió un universo que lo cautivó. “Comencé a leer cuanta historieta podía encontrar”, se acuerda.

“Hablamos de los ochenta. Por el bloqueo casi no venían cosas de superhéroes al país. Nomás paquines mexicanos y cubanos, la mayoría de humor, más algunas revistas rusas”.

En materia de dibujitos, lo que llegara a los puestos de revistas del mercado Huembes era suyo. Una de las primeras novelas gráficas que leyó fue “El Manifiesto Comunista” de Rius, un célebre “monero” de México. Más tarde, en la frontera entre el bachillerato y los estudios superiores, estaba claro que la vocación de Molina era el dibujo, así que fue a estudiar Diseño Gráfico, pero lo decepcionó la visión “puramente comercial” de la carrera. Incursionó entonces en Bellas Artes y ahí lo “mató” el “ambiente bohemio y enrarizado” que prevalecía. Por último, decidió estudiar por su cuenta. Y fue tal vez la mejor decisión que tomó en su juventud.

"Selfie" de Pedro Molina / LA PRENSA / Cortesía

“Selfie” de Pedro Molina / LA PRENSA / Cortesía

Sus rincones predilectos fueron la Biblioteca del Banco Central, la Emily Dickinson y la Hemeroteca Nacional. “Eran mis centros de formación en aquellos años preinternet. Recuerdo que al entrar a la universidad me hicieron uno de aquellos tests de aptitudes y si mal no recuerdo me salían como opciones Diseño, Abogacía y Psicología… Creo que al final hago un poco de todo eso”.

El primer “monito” de “PxMolinA” lo publicó el extinto diario Barricada, del Frente Sandinista. Después trató de trabajar para La Tribuna pero no pasó “ni del portero”. Logró publicar trabajos en Bolsa de Noticias, donde recibió por primera vez algún dinero en retribución de su creatividad y posteriormente sí fue aceptado por La Tribuna, aunque había que ser luchador y terco porque “si te publicaban te pagaban, si no te jodías”, recuerda. A la larga ese medio lo contrató como dibujante de planta hasta el nuevo milenio, cuando cerró. Molina llamó entonces a El Nuevo Diario y le respondieron: “Ahhh si, te estuvimos buscando, venite para que platiquemos”. Fue al día siguiente y firmó con ellos. Ahí pasó 13 años.

“No tardé en sentirme como en casa. Me dieron la libertad para acertar y equivocarme, de crecer en todo sentido. Aquellas páginas de opinión eran un mosáico de pensamientos diferentes. Gente de todo estrato social o tendencia política escribía en ellas. Algunas caricaturas concordaban con artículos y otras no. Era una buena sección de opinión”, rememora Molina. Al poco tiempo, estuvo a cargo de un nuevo suplemento de humor dominical: El Alacrán. Y siguió hasta el 2013, cuando por motivos personales y con algún sentimiento encontrado, “PxMolinA” abandonó el navío “END”. Tuvo un par de llamadas y eligió Confidencial, donde, gracias al carácter digital de la publicación diaria, ha podido explorar técnicas como la animación de sus trabajos.

Cabe destacar que Pedro Molina es miembro de diferentes organizaciones internacionales de caricaturistas y trabajos suyos han sido publicados en revistas y periódicos de renombre global como Newsweek, Los Angeles Times, The Washington Post o la BBC.

Caricatura de Pedro Molina / LA PRENSA / Cortesía

Caricatura de Pedro Molina / LA PRENSA / Cortesía

FELICIDAD Y MISIÓN

Aunque retratan situaciones que ellos desearan fueran diferentes, y a pesar de que los dos en algún momento recibieron amenazas de muerte, Manuel Guillén y Pedro Molina son felices con su trabajo.

Guillén se indigna porque nació en una dictadura y no quiere morirse en otra. Asegura que ama a su país y que en sus dibujos va primero una responsabilidad social. “Dios me dio un don y debo ser honesto y consecuente con lo que yo pienso, porque ante todo, y aunque soy profesional en mi trabajo, soy nicaragüense, y eso prima”, confiesa.

Dice además que es feliz en su casa, en su tranquilidad. Desea continuar sus caricaturas “por unos 20 años más”, y ya mayor no le importaría esculpir a placer en su taller privado.

Molina también responde con un “sí” seguro ante la pregunta de si es feliz con su oficio, y por lo visto tiene combustible de sobra para continuar publicando los productos de su talento. Si fuera presidente de Nicaragua por un día, responde con humor, no extendería su período. Entre Facebook y Twiter prefiere “la esquina, con los broders”, y su dibujo propio favorito es “el que haga mañana, seguido muy de cerca por el que haga pasado mañana”.

UN “METEORITO”, DOS VISIONES
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Caricatura de Manuel Guillén / LA PRENSA

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Caricatura de Pedro Molina / LA PRENSA / Cortesía

EL DÍA A DÍA DEL CARICATURISTA

El proceso creativo de Guillén y Molina para publicar cada día un nuevo dibujo es similar. Para comenzar, ninguno de los dos trabaja en la sala de Redacción de su medio. Los dos envían la caricatura desde su casa. Casi como mandamiento no escrito de la profesión, lo primero que hacen cada mañana es revisar periódicos nacionales e internacionales. O en el caso de Pedro Molina, también páginas sociales que para él son de referencia en cuanto a opiniones. Y comienza la anotadera. Ideas van y vienen, a veces solo van o solo vienen, o nada, pero ningún diario saldrá al siguiente día con “chibolas de aire y rodajas de viento”.

“Esto es parir diario”, dice Manuel Guillén. Y pese a la experiencia acumulada, asegura, no es fácil.

“Vieras qué difícil es decir algo con humor cuando lo que sentís te sale de las tripas. Miro mis caricaturas de hace 20 años, y Ortega está ahí. En las de hoy Ortega está ahí… ¡Eso es ridículo! Yo no concibo al presidente como un jodido todopoderoso. Merecemos a uno que lo veás en el súper, que salga a la calle, que no se enriquezca de su cargo y cuando cumpla su período salga normal. Pues, como en los países de verdad. ¡Si no estoy pidiendo mucho!”.

Caricatura de Manuel Guillén / LA PRENSA

Caricatura de Manuel Guillén / LA PRENSA

Él entrega su “mono” por lo general al terminar la tarde, tipo 6:00 pm. Molina, como su medio no se imprime diario, tiene una ventana más grande para enviar su dibujo por correo electrónico. Usualmente lo hace al comenzar la noche, pero a veces está en una “etapa nocturna”, y envía sus trabajos tipo 3:00 am.

Hace años que los dos caricaturistas dejaron el papel, la tinta y el escáner. Ahora los dos usan tabletas gráficas Wacom, su lápiz especial Stylus y programas como Adobe Photoshop. Si desean salir de la oficina, tienen una tableta Ipad de última generación con su Apple pencil.

LOS “MONOS” EN NICARAGUA

La génesis de la caricatura política en Nicaragua se ubica tradicionalmente entre los años 20 y los 30, con Salomón “Chilo” Barahona y sus personajes Panchito y la Rana, que agregaban su picantito a las publicaciones de los periódicos El Field y La Noticia. Luego vino Antonio “Toño” López, quien publicó en tiempos de la dictadura somocista, en diarios como Flecha, La Nueva Prensa y La Noticia, y se ganó el desprecio de la oligarquía de su época además de un boleto exclusivo hacia el exilio. Más recientes son Alberto Mora Olivares (conocido como el gran AMO) y Róger Sánchez Flores. A todos ellos se les conoce popularmente como los cuatro fantásticos de la caricatura nica.

AMO creó al personaje Nicasio en el diario LA PRENSA. Era un nica delgado, pelo chirizo y bigotudo, que a pesar de su condición paupérrima tenía siempre el humor suficiente para ridiculizar a Anastasio Somoza Debayle, a quien llamaba “el titular”.

Róger Sánchez, por su parte, fue el abanderado de la caricatura nica en los años 80, en el periódico oficialista Barricada. Allí sus Muñequitos del Pueblo transmitían mensajes políticos con un humor perspicaz pero limitado, pues defendían únicamente la arista política del Frente Sandinista. Sin embargo, también dirigió la revista humorística La Semana Cómica y ahí creó el humor erótico.

Sánchez usaba la privacidad de la cama para que sus personajes despedazaran mordazmente cualquier mojigatería existente y la juntaran con política, religión y cultura. Nada más acorde al lema de la publicación: “semanario de humor, marxismo, sexo y violencia”.

El periodista Carlos Fernando Chamorro dirigió Barricada y fue jefe de Sánchez. Mucho tiempo después de la muerte prematura del caricaturista, fallecido a los 33 años, opina: “Róger es el único de todos los caricaturistas que ha trascendido el humor político, entrando en el mundo de la pugna de los valores. Hizo el humor erótico porque se atrevió a hacerlo. Por supuesto que eso y más se puede hacer ahora si los caricaturistas se atreven. Róger corrió los límites”.

Hoy director de Confidencial, Chamorro dice que “Molina se inscribe más en la tradición de Róger, de explorar todos los terrenos”, pero afirma que los dos, “PxMolinA” y Guillén, son grandes caricaturistas, y que juntos “han marcado esta época”.

Caricatura de Pedro Molina / LA PRENSA / Cortesía

Caricatura de Pedro Molina / LA PRENSA / Cortesía

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