Las tres pirámides del Xolotlán

Zarpando del Puerto Salvador Allende el pasado 9 de diciembre, navegando por hora y 15 minutos mientras circunvalamos la Península de Chiltepe en la “Novia del Xolotlán”, un grupo de compañeros del Colegio Centroamérica, de la segunda promoción de 1968, fuimos testigos de un espectáculo único al atardecer: la puesta de sol detrás de las tres pirámides del Xolotlán.

Pedro Joaquín Chamorro

Zarpando del Puerto Salvador Allende el pasado 9 de diciembre, navegando por hora y 15 minutos mientras circunvalamos la Península de Chiltepe en la “Novia del Xolotlán”, un grupo de compañeros del Colegio Centroamérica, de la segunda promoción de 1968, fuimos testigos de un espectáculo único al atardecer: la puesta de sol detrás de las tres pirámides del Xolotlán.

Dos volcanes en una Isla: Ometepe, todo un espectáculo de nuestra mágica naturaleza volcánica, pero fácil de ver. En cambio tres volcanes en forma cónica, alineados al atardecer, semejando pirámides perfectas, que emergen del Xolotlán es un paisaje de encanto, muy pero muy difícil de ver.

Bordeando la Península de Chiltepe, con sus dos volcanes Xiloá y el peligroso Apoyeque, se va quedando una delgada punta que emerge sobre el lago y se desvanece bajo sus aguas, descubriendo por encima un paisaje inédito, digno de la mejor pintura, que por lo extraño, resulta un privilegio para nuestros ojos.

Los tres parecen estar en el mismo plano, pero no lo están. Tomando las distancias en el mapa de Google, según el doctor Jaime Incer, están a 13, 40 y 27 kilómetros del ángulo privilegiado desde donde los divisamos alineados.

El primero que se aprecia, de izquierda a derecha es el cono perfecto del Momotombito (13), la isla más grande del Lago Xolotlán, seguido, el cono del Asososca de León que se yergue sobre la laguna del mismo nombre, un volcán extinto (40) y hacia la derecha su hermano mayor, el Momotombo (27).

Este último, apenas días atrás estuvo en una espectacular erupción, emanando lava por su costado norte y de haber estado activo durante nuestro mágico recorrido, el espectáculo solo se puede repetir, estadísticamente hablando, hasta dentro de 110 años.

Desde hace dos años les había prometido a mis compañeros llevarlos a ver aquel paisaje que se quedó grabado en mi memoria y en el negativo de mi cámara el 23 de julio de 1998, cuando siendo ministro de Turismo, al regresar de una gira de exploración por Momotombito y volver la vista atrás, paré en seco el motor al descubrir, por primera vez, aquella vista de encanto: semejando un paisaje bíblico, tres conos de perfecta simetría emergen sobre las aguas del Xolotlán, bajo las nubes enrojecidas por el sol poniente.

Una tormenta eléctrica acompañada de lluvias torrenciales se interpuso en nuestro primer intento de repetir aquella visión, el 8 de noviembre del 2013, cuando celebrábamos los 45 años de nuestra graduación del CCA y rentamos por primera vez la “Reina del Xolotlán” de la Empresa Nacional de Puertos.

Pero los aires de diciembre en nuestro segundo intento (dos años después) fueron más cooperadores, calmos y cristalinos. Todos a bordo contemplamos absortos aquel paisaje inédito de nuestra pródiga naturaleza y lo registramos en nuestras cámaras.

Al regresar, igualmente espectacular e inusual, resulta el paisaje de Managua de noche vista desde el lago, inclinada como en un anfiteatro sobre la pendiente gradual de la Sierras de Managua, lo que permite divisar desde el agua todas sus luces, desde El Crucero, hasta el Aeropuerto y Tipitapa.

Más cerca, cuando la nave se aproxima al puerto fue notorio ver no solo las luces de la ciudad, sino las luces del pujante centro turístico y la maquinaria pesada que afanosamente trabaja, incluso de noche. Se trata de la cuarta y más grande etapa del Puerto Salvador Allende, una mega obra de relleno y compactación de 1,743,000 metros cúbicos que cubren una área, ganada al lago, de 249,000 metros cuadrados. Ciertamente se trata de la obra de movimiento de tierra más grande que se ha realizado en Nicaragua.

Hay que reconocer, que entre los logros que ha tenido el actual gobierno, está el esfuerzo porque Managua no le dé las espaldas al Lago que fue su origen como aldea y como ciudad —como ocurrió en el siglo XX— sino que le dé la cara, aprovechando así, por primera vez en la historia, su potencial turístico. Un esfuerzo loable, rentable y de acceso para toda la población.

Estos proyectos son el Puerto Salvador Allende con toda su oferta de diversión sana, como los proyectos realizados por la Alcaldía de Managua llamados el Paseo Xolotlán en sus diferentes etapas.

El autor es diputado de la Bancada Alianza PLI y Presidente de la Comisión de Turismo.