La última visita de Berta Cáceres a Nicaragua

Ha sido un tremendo golpe recibir la noticia del atroz asesinato de Berta. Hace apenas tres días, una voluntaria en Popol Na se acercó a mi oficina para decirme: “Acabo de hablar con Berta por teléfono, le manda saludos a todo el equipo”. Nunca pensé que ese saludo sería definitivo. Recuerdo muy bien la primera […]

Ha sido un tremendo golpe recibir la noticia del atroz asesinato de Berta. Hace apenas tres días, una voluntaria en Popol Na se acercó a mi oficina para decirme: “Acabo de hablar con Berta por teléfono, le manda saludos a todo el equipo”. Nunca pensé que ese saludo sería definitivo.

Recuerdo muy bien la primera vez que conocí a Berta. Fue en Buenos Aires, Argentina, en un foro organizado por Pañuelos en Rebeldía ya hace siete años. Asistí emocionada a conocerla y escucharla. Fundadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh), ya era una leyenda para los movimientos sociales. Ahora, en esta triste fecha, Berta es conocida en toda la región. Premiada internacionalmente como defensora de derechos humanos y del ambiente, y hoy, mártir de las luchas justas.

Tuve el honor de invitarla a Nicaragua, al que sería su último viaje al país, en agosto de 2015. Pese a todas las dificultades que enfrentaba, aceptó participar en un foro en Juigalpa con cien mujeres nicaragüenses, lideresas de diferentes movimientos sociales que luchan por la defensa de sus territorios frente a la minería, los monocultivos y megaproyectos como el Canal.

Berta nos contó de su valiente experiencia de lucha contra la empresa china Sinohydro y la empresa hondureña Desarrollos Energéticos SA (DESA) por la protección del sagrado río Gualcarque, amenazado por la represa hidroeléctrica de Agua Zarca que —por esas perversas casualidades de la vida—, es el mismo nombre de la comunidad donde tienen proyectado construir una hidroeléctrica para el proyecto canalero en Nicaragua.

Berta sabía llenarte de fuerza e inspirarte. Su presencia era sencillamente potente. Eso lo sentíamos todas. El jueves me escribió una compañera de El Tule, que participó en el taller, para decirme: “Desde el momento que leí la noticia sobre Berta me he sentido impactada. La conocí en Juigalpa y me pareció una verdadera líder. Era de las personas que inspiraba a luchar por su patria”.

Tuve la oportunidad de hablar con Berta una de esas noches, luego del foro, ya en un plano personal. Me contó, con mucho dolor, del exilio obligado de tres de sus hijos, amenazados de muerte, y de cuánto les extrañaba como madre. Me contó del tiempo que estuvo presa, de las amenazas, de las limitaciones económicas, del dolor por la muerte de sus compañeros. Intentó mostrarme por una ventanita cómo fue construyéndose como mujer y líder, en el complejo arte de aprender a vivir con el miedo a que te maten, pero desde el amor y la dignidad.

Todo contado con sonrisas y melancolías. Me acuerdo que tenía unas ganas tremendas de regresar a su casa.
Para cuando Berta nos informó que había retornado sana y salva a Honduras, con pesar le dije: “Berta, me quería tomar una foto con vos y me olvidé”. Ella me dijo: “No se preocupe compañera que vamos a volver a vernos”. Yo hubiera querido que fuera diferente, pero ella tenía razón. Una foto enorme de su cara sonriente, frente al río Gualcarque está ahora en los pasillos de la Popol Na. Así que sí, Berta, ahora nos veremos todos los días.

La autora es abogada y ambientalista

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