Las elecciones peruanas

La primera vuelta de las elecciones peruanas ha dejado grandes lecciones políticas de importancia nacional e internacional

La primera vuelta de las elecciones peruanas ha dejado grandes lecciones políticas de importancia nacional e internacional

En primer lugar nos han demostrado el gran valor de las elecciones cuando son organizadas por autoridades decentes. La única sombra que hubo en la primera ronda electoral peruana fue la descalificación de algunos candidatos, incluyendo a uno con mucha posibilidad de pasar a la segunda ronda. Sin embargo eso no se debió a maniobras de la autoridad electoral, sino a trampas legales dictadas por los políticos en el Congreso Nacional. El Jurado Nacional de Elecciones de Perú se limitó a aplicar la ley, como es su obligación, a diferencia de Nicaragua donde el mismo Consejo Supremo Electoral (CSE) hace los fraudes por su propia iniciativa o por órdenes del partido orteguista.

En Nicaragua hubo elecciones libres y limpias entre 1990 y 2006. Precisamente por eso Daniel Ortega pudo recuperar el poder, pero su objetivo no era gobernar conforme a las normas de la democracia, sino socavar las instituciones democráticas, incluyendo las elecciones transparentes, e imponer una nueva dictadura. Sin embargo esto no ha de ser para siempre. Más temprano que tarde Nicaragua volverá a figurar entre los países civilizados y democráticos que eligen de manera libre y limpia a sus gobernantes.

Otro gran resultado de la primera vuelta electoral de Perú ha sido la derrota de la izquierda radical, con su candidata presidencial Verónika Mendoza Frish, chavista declarada. Aunque en el discurso no dice que pretende tomar el poder para realizar cambios extremistas como los de la revolución bolivariana en Venezuela, las propuestas gubernamentales de Mendoza Frish son estatistas y típicamente populistas.

Su pensamiento es el mismo de la izquierda radical de todas partes de América Latina y el Caribe, que denigra la democracia representativa pero aprovecha sus facilidades para tomar el poder y después cambiar la Constitución, a fin de imponer legalmente regímenes dictatoriales o autocráticos. No es casual que la principal propuesta de Verónika Mendoza sea modificar la Constitución.

El diario español El País informó en su edición del lunes de esta semana, que “las elecciones en Perú refuerzan el cambio político en Latinoamérica”. Y agregó que “los resultados de la primera vuelta de las presidenciales del domingo muestran que este país consolida una tendencia iniciada en Argentina en noviembre, continuada en Venezuela y rematada ahora aquí a la espera de lo que suceda en Brasil: un giro claro a la derecha que acaba con la era dorada de la izquierda latinoamericana”.
Nos alegramos por esos países.

Y esperamos que pronto Nicaragua también se pueda incluir en el club de naciones que por insensatez dejaron la democracia y se entregaron en brazos de dictadores populistas, pero ahora están recuperando el juicio y regresando a la vida democrática.

En Nicaragua como en toda América Latina la dictadura es el pasado, es irracional que sea el futuro

 

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