Cartas al Director

“Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla”. Gilbert Keith Chesterton.

EXPLOTACIÓN INFANTIL EN EL MUNDO

“Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla”. Gilbert Keith Chesterton.

Estas cifras nos deben llevar a una participación activa a favor de los demás: hay 250 millones de niños entre los 5 y los 14 años que trabajan como esclavos en fábricas de alfombras, juguetes, ropa y equipamiento deportivo de conocidas marcas. 200,000 niños africanos son víctimas de mafias, que los obligan a trabajar jornadas de 10 y 20 horas diarias.

El sur de Asia presenta los peores índices de explotación laboral infantil, con más de 100 millones de menores en esta situación. Se calcula que las ganancias de los menores de 17 años en Hispanoamérica suponen entre un 10 y un 20 por ciento de los ingresos de sus familias.

En Guatemala hay cerca de un millón de niños que trabajan en una situación precaria. Ante esta explotación las autoridades del país han lanzado una campaña publicitaria en contra del trabajo infantil bajo el eslogan: “No te laves las manos. El trabajo no es cosa de niños”. Este spot ha sido galardonado en el Festival Publicitario de Cannes.

Asimismo, Anesvad viene lanzando una campaña para recuperar las niñas esclavas para formarlas y que accedan a un trabajo digno, bajo el eslogan: “El tráfico sexual es un destino marcado por la miseria para muchas niñas del Sudeste Asiático”. Esa esclavitud de los niños es la que han denunciado dos organizaciones norteamericanas: Human Rights Watch y Domestic Child, en sendos informes hechos públicos. Para estas criaturas su paga se limita a la vianda y algo para vestir.

Según las Obras Misionales Pontificias, las cifras de los niños esclavos son espeluznantes; 14 millones de huérfanos a causa del sida; la mitad de los 600 millones de niños pobres del mundo; 130 millones no acuden a la escuela; 180 millones padecen desnutrición; 250 millones sufren explotación laboral, y un millón de menores caen en las redes del comercio sexual.

En la declaración de los Derechos del Niño proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas se afirma: “El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente de forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad”.

Clemente Ferrer.

¿OPOSITORES O VIVIDORES ?

Es inaceptable escuchar a ciudadanos que creía eran demócratas y opositores, decir que Daniel Ortega ya tiene en sus manos el triunfo presidencial y que nadie de la oposición es capaz de ganarle las elecciones. Los ciudadanos que expresan esto no lo hacían cuando eran diputados, alcaldes, concejales, ministros… o cuando recibían ayudas económicas y materiales en los gobiernos demócratas. Como ahora no son nada o ya se les está por vencer el periodo para el cual fueron electos, se han convertido en activistas gratuitos de Ortega y su partido.

Es indignante como estos ciudadanos ensalzan a Ortega y su partido. Me pregunto: ¿estos ciudadanos fueron opositores o vividores? Ahora que no gozan de las mieles del poder se han convertido en activistas de Ortega. Nunca se dieron cuenta por qué lucharon. Aquel partido político o coalición política que recoja a este tipo de ciudadanos y los integre al listado de candidato a la Presidencia o cualquier otro cargo en este proceso electoral, corre el riesgo que muchos ciudadanos no votemos por ese partido o coalición.

Jamás he optado por un cargo público, pero me siento orgulloso por haber luchado por nuestra patria en los años ochenta. Mi humilde participación en la lucha como un comando de la libertad de la Resistencia Nicaragüense en el Frente Norte FDN-ERN tuvo sus frutos, porque por nuestra lucha obligamos a Ortega a dar elecciones libres y transparentes aquel 25 de febrero de 1990 lo que significó que a nuestra sufrida Nicaragua retornara la libertad, la paz y la democracia.

Gracias a nuestra lucha y a ese proceso electoral se acabó con el temible Servicio Militar, la persecución a la Iglesia católica, las confiscaciones, las filas para poder comprar un poco de alimentos.

Hoy me siento orgulloso cuando veo a miles de jóvenes gozando de libertad y paz que los jóvenes de los años ochenta no tuvimos, cuando veo a los miles de campesinos producir en sus parcelas de tierra sin el temor que el Ministerio de Comercio Interior (Micoin) le confisque su producción…

Mi llamado a los verdaderos demócratas y opositores a ponerle oídos sordos a lo que expresan estos señores en los medios de comunicación a los que espero ver jamás en una lista de candidatos haciéndose pasar como demócratas. Ellos ahora cuentan con grandes empresas y fortunas que hicieron cuando fueron funcionarios públicos y hoy hablan barbaridades en contra de la fuerza política y de los electores que los llevamos a esos cargos públicos.

Dios quiera no nos suceda lo mismo con los nuevos funcionarios públicos demócratas que elegiremos en el proceso electoral nacional a realizarse el próximo domingo 6 de noviembre del año en curso 2016.

Máximo M. Castillo (Mexicano)

LOS HIJOS DEL TIEMPO 

La historia así como la descripción e interpretación de las vivencias de personajes históricos me apasionan. Muy particularmente cuando quien la escribe tiene aquella autoridad que le dan sus propias experiencias en la vida pública nicaragüense, su ilustrado conocimiento, su capacidad para interpretar los hechos históricos y la riqueza del contenido lingüístico de su obra.

Es el caso del autor de Los hijos del tiempo. En esta novela hay cuatro narradores de los acontecimientos: Julián Irías, Adolfo Altamirano, Adilia Trejos y Pío Irías.
Con gran detalle de la época, las costumbres y acontecimientos históricos, la pluma del autor nos pone en un tiempo de postramiento de Julián en 1940, cuando vuelve con gran maestría y en retrospectiva a la infancia de los protagonistas para al final volver al lecho de muerte. Inicio y fin, alfa y omega, nacimiento y muerte, luz y sombra, parecen estar presentes en constante oscilación para la curiosidad del lector.

Se deja entrever en la obra dos grandes influencias en los albores del nacimiento de la patria nicaragüense: los “gringos” y los “frailes”, luces y sombras. En algunos casos influencias negativas, intervención ilícita en los asuntos del Estado, y en otras positivas. Altamirano era anticlerical e Irías, siempre disimuló, pero era profundamente católico.

Julián, alcohólico y Adolfo adicto al sexo, hijos de su tiempo, ambos con virtudes y defectos, pero la hermandad que lograron se perdió por una traición. Es curioso que el ser humano haga tabla rasa cuando un solo evento, un solo error, una sola caída, hace volar en mil pedazos una vida entera de cosas buenas, cientos de virtudes, miles de buenas obras entre dos seres que se querían. Ha de ser nuestro lado animal, nuestra incapacidad de perdonar, o lo atroz de la ofensa que nubla la razón, sin permitir discernir.

La historia política de Nicaragua entre 1896 y 1940 es cubierta con maestría, centrada en estos dos personajes de la vida pública. Resulta apasionante, lujos de detalles entre el inicio de la revolución liberal de 1893 y 1909, año de la caída de los liberales en el poder. Posteriormente algunas referencias hasta la muerte de Julián en 1940, visitado por Anastasio Somoza García, quien, sin embargo, no concurrió a su funeral.

Al final, obras como la del doctor Rizo hacen que quienes tanto aportaron a la vida de una nación no se pierdan en el olvido de mentes desagradecidas y así como la distancia no hace perecer una verdadera amistad, tampoco la muerte lo hace desaparecer todo, cuando obras como la que comentamos, mantienen viva en la memoria los recuerdos que son la vida del alma.

Gracias doctor Rizo por este regalo tan preciado: Los hijos del tiempo.

Fernando Abara. Santiago de Chile.

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