Anarquía ecológica

Cuantas veces me ha calado el alma la indolencia e ignorancia “humana”, con tanta barbarie ecológica que nos rodea en nuestra querida Nicaragua

Cuantas veces me ha calado el alma la indolencia e ignorancia “humana”, con tanta barbarie ecológica que nos rodea en nuestra querida Nicaragua. No es solo el río Guasaule, la laguna de Tisma, el salto de la Estanzuela, es por acá, por allá, en fin casi que en todos lados.

Más que una intención, más que retórica, más que politizar… llegó el momento de penalizar fuertemente a los infractores, los cuales desafortunadamente pudiésemos ser todos. ¡Porque tanto peca el que calla como el que hace daño!

Enfatizo, no hay que politizar este drama ecológico. Como es sabido, son años y décadas de implementar actividades ambientales desastrosas para que se maltrate y destruya nuestra naturaleza. Además nuestro país no le pertenece a un determinado partido político, es de todos por generaciones a seguir.

Yo atribuyo este desastre ambiental tanto a la irremediable codicia de los grandes conglomerados de lucro donde el fin justifica los medios, y otros por las malas prácticas ecológicas, basadas en la ignorancia. Solo para citar algunos ejemplos que prevalecen en ambos grupos: quema de tierras, usos de bombas en la pesca, deforestación, tala de árboles, no respetar la veda de mariscos, incluyendo a nuestras tortugas, abuso indiscriminado en la “compra ficticia” de iguanas y así pudiésemos ir agregando unos y otros desvanes ecológicos. ¿Y entonces?

Y qué decimos de nuestras exóticas aves, asesinadas por inconscientes supuestos “cazadores”. ¿Quiénes pueden estar cazando en estos tiempos áridos, y vacíos con tanta desolación por doquier? Estos señores en vez de asesinar, debiesen crear vida, y así ellos tendrían más subsistencia. Nuestro vecino Costa Rica ha prohibido la caza que se dice “deportiva”.

Todos hemos visto, tú, yo, y ustedes como poco a poco los ríos se vuelven riachuelos y de ahí a charco. Evoco con nostalgia nuestra niñez, como se añoran las vacaciones de verano; árboles cargados de tamarindos, almendras, marañones, ríos frondosos y playas no atestadas de basureros, etc.

El tiempo pasa y pasa… en fin generaciones nacen, sucumben, y continúa está atrocidad ambiental. No podemos dejar de ser objetivos, reconozco que recientemente ha habido cambios alentadores en el orden ambiental, pero nunca suficientes. Hay que persistir, solidificar ideas-conceptos en beneficio de nuestra naturaleza, y convertirlos en acciones exitosas.

Algo que me ha llamado la atención recientemente, es la dificultad de encontrar una especie particular de caracoles quienes al ocaso del sol siempre iniciaban sus acostumbradas caminatas nocturnas, para mi sorpresa no los veo más. ¿Dónde están?

Entendamos que cada criatura de nuestra exuberante fauna tiene una existencia que está condicionada en simetría con nuestra exuberante flora. Si una es mutilada, la otra también, es el ineludible y perfecto círculo de la vida, delineado por nuestro Creador.

Estamos conscientes del cambio climático, el niño, la niña pero el supuesto “humano” por esta, por una u otra razón, ha acelerado a pasos gigantescos la intensidad, y frecuencia de toda esta crueldad ambiental. Solo observemos alrededor lo sombrío de nuestro panorama. Ahí mismo está la respuesta: “No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental”. “Laudato si”, Encíclica del papa Francisco.

Los proyectos de avance en el mundo moderno, deben ser organizados, con códigos éticos y rigurosos. Donde existan armonía y balance ambiental, enarbolados con la palabra mágica de obras sostenibles.

Nosotros los “baby boomers” hemos sido testigos pasivos, pues bueno ya está bien de tanta indiferencia, es momento que seamos comunitarios activos. Con pasión, transmitir nuestras emociones de defensa ecológicas por doquier. Tenemos que concienciar a nuestras poblaciones y barrios, que cada uno de nosotros sea un portavoz feraz, de un batallón ecológico. En defensa de nuestras riquezas naturales en nuestra Nicaragua. Eduquemos y denunciemos, siendo parte inherente y fehaciente de este nuevo sentir y vivir.

¿Será que nuestras nuevas generaciones traerán consigo esta tan deseada “stamina” y nuevo pensar filosófico? Fortaleza que nuestras sociedades precisan, para propiciar un cambio exitoso en la conciencia ambiental.

“Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos considerados pueda cambiar el mundo. Verdaderamente eso es lo único que lo ha logrado”, Margaret Mead.
Recordemos que todavía platinados amaneceres/enérgicas mareas /trascendentales tramonti/ son el palpitar de nuestra Naturaleza/que incluso aún herida/nos clama amor y equidad por su supervivencia.

La autora es escritora/consultora

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