Efectos de las pantallas
Gonzalo Cardenal M.

El cristianismo de mi adolescencia

Otro tópico que ustedes, mis lectores,  me pidieron en sus cartas profundizar es sobre la Iglesia, por lo que hoy me referiré a ella tratando de describir los cambios radicales que  ha sufrido desde mi niñez. Y para ello no encontré mejores conceptos que los que oí pronunciar a mi amigo “Chale” Mántica en un homenaje en que recientemente le ofrecieron. En su discurso de agradecimiento, este expresó lo siguiente:

La era de la revelación
En mi tiempo de adolescente el mundo occidental estaba estructurado en cristiano, basado en lo revelado por Cristo en la Biblia, y eran las personas las que fallaban porque no actuaban siempre conforme a lo que decían creer. Lo malo no eran las leyes, sino el que se les violara con tanta frecuencia, o el que no se aplicaran con justicia. Lo malo no eran las costumbres, porque las malas se practicaban en privado y las buenas se inculcaban como tales a las nuevas generaciones, y todo el mundo estaba de acuerdo con que el mundo sería mejor en la medida que todos fuéramos más cristianos. Por eso las leyes estaban fundamentadas en principios morales que protegían un orden social cristiano y que nos ayudaban a vivir y convivir como cristianos. O al menos como seres humanos. Se podría decir que las leyes humanas, estaban hechas para hacernos cumplir los diez mandamientos.

La Iglesia de entonces tenía la autoridad para influir fuertemente sobre la sociedad y sus costumbres. No era raro el que un obispo prohibiera una canción o una película. Cuando éramos adolescentes nos prohibieron El Apagón: “Con el apagón, qué cosa sucede, qué cosa sucede con el apagón”.  La verdad es que lo que haya sucedido con el apagón, ahora sucede a plena luz del día.

Hoy tendrías que explicar que robar o fornicar o matar es pecado. Y el joven, tal vez con una sonrisita te responderá: ¿Y eso qué tiene de malo? Y eso cuesta mucho explicárselo cuando el joven vive en una casa robada con el beneplácito de las autoridades y de la ley, su padre vive con una señora que no es su esposa, y el joven fue entrenado desde chiquito para matar y es enseñado a aplaudir y admirar a los que matan.

La modernidad
Pasan los años y el mundo ha sufrido un cambio substancial. Lo radicalmente distinto no es que el mundo, que siempre anduvo mal, ahora anda peor. Lo radicalmente distinto es que a nivel de estructuras son las mismas leyes e instituciones de la sociedad, las ideologías y los sistemas, son los que atentan contra las costumbres y valores cristianos. Son las Naciones Unidas propugnando el aborto, con incentivos y sanciones para lograr su legalización y difusión, los gobiernos legislando su legitimidad y, en algunos países, castigando a quienes osen cerrar el paso a las clínicas abortivas, obligando a los médicos a practicar el aborto en los hospitales públicos, so pena de ser despedidos si se niegan, y a los contribuyentes obligándonos a financiar con sus impuestos el genocidio más grande de la historia. Es la ley facilitando el divorcio hasta llevarlo en Nicaragua a nivel de decisión unilateral. Son los medios de comunicación penetrando hasta la sala y dormitorio de tu casa promoviendo la violencia, la sexualidad desenfrenada, la droga, el esoterismo, el divorcio, el aborto, el control de la natalidad, la esterilización compulsiva, la eutanasia, etc. En vez de ser un soporte para la vida cristiana, las leyes y estructuras se han convertido en nuestro principal enemigo.

El aurot es miembro del Consejo de Coordinadores del Ciudad de Dios.

reflexivo33@hotmail.com

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