El muro de Trump choca con la realidad

El presidente de Estados Unidos anunció la construcción inmediata de una pared fronteriza con México, pero ¿quién va a pagarla y cómo? A esa pregunta, el mandatario no ha dado una respuesta efectiva.

Un par de jóvenes inmigrantes escalan el muro fronterizo entre México y Estados Unidos, instalado en Ciudad Juárez, México. LA PRENSA/AFP

Un par de jóvenes inmigrantes escalan el muro fronterizo entre México y Estados Unidos, instalado en Ciudad Juárez, México. LA PRENSA/AFP

La promesa del presidente Donald Trump de acelerar la construcción de un “muro físico contiguo” en la frontera con México se topa con la realidad de Washington: ¿quién va a pagarlo y cómo?

Nosotros no, dicen los mexicanos. Los contribuyentes estadounidenses pagarán la factura, comenzando con el dinero existente en la cuenta del Departamento de Seguridad Nacional, que equivaldría a un pequeño pago inicial. Después dependerá del Congreso, controlado por el Partido Republicano, encontrar de 12,000 a 15,000 millones de dólares más, de acuerdo con un cálculo aproximado ofrecido el jueves por el republicano Mitch McConnell, líder de la mayoría en el Senado, durante una reunión en Filadelfia.

Los líderes republicanos se negaron a comprometerse a pagar por el muro con la aplicación de recortes de gastos en otras partidas del presupuesto. Eso significaría que los costos serían cubiertos con un incremento a la deuda gubernamental, que ya es de 20 billones de dólares. El secretario de prensa Sean Spicer señaló el jueves que hay una propuesta para imponer un arancel de 20 por ciento a las importaciones mexicanas.

Dinero disponible

Trump prometió el miércoles que la construcción del muro comenzará “de inmediato”, y afirmó a ABC News que la planeación ya está empezando. De nuevo insistió en que México le reembolsará el dinero a Estados Unidos, aunque no ofreció detalles de cómo se logrará eso.

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Es cierto que en el Departamento de Seguridad Nacional hay una pequeña cantidad de dinero disponible ahora dedicada a “vallas de seguridad fronterizas, infraestructura y tecnología”, unos 100 millones de dólares, según una estimación del Congreso. Esto permitiría comenzar los trabajos de inmediato.

Hasta ahora, gracias a gastos a fines de la década del 2000, el Congreso ha proporcionado aproximadamente 2,300 millones de dólares para construir vallas y bloqueos de vehículos a lo largo de 1,054 kilómetros. Pero Trump prometió un muro, no solo una valla, y esto de ninguna manera es una idea totalmente popular.

Cara e inefectiva

“Los hechos no han cambiado. Construir un muro es la forma más cara y menos efectiva de aumentar la seguridad en la frontera”, dijo el representante republicano Will Hurd, cuyo distrito de West Texas abarca más de 1,287 kilómetros de la frontera. “Muchas áreas en mi distrito son ejemplos perfectos de dónde es innecesario un muro y del impacto negativo que tendría en el medioambiente, los derechos sobre la propiedad privada y la economía”, añadió.

Un agente fronterizo estadounidense patrulla un área del muro entre México y Estados Unidos, en San Isidro, California. Entre ambas naciones hay vallas y bloqueos de vehículos a lo largo de 1,054 kilómetros. LA PRENSA/AFP

Los miembros republicanos de las comisiones de asignaciones presupuestarias tienen una mayor tendencia a controlar más los gastos, ya que están familiarizados con las probables desventajas que en ocasiones acompañan lo que se desea obtener.

“Hay una serie muy amplia de complicaciones”, dijo el representante Harold Rogers, expresidente del Comité de Asignaciones Presupuestarias de la Cámara de Representantes, que señaló obstáculos como reservas indígenas, y parques y bosques nacionales. Y gran parte del resto de los 2,092 kilómetros es un terreno muy accidentado, que generaría altos costos de producción y un rendimiento limitado por cada dólar gastado. “Es caro y es complicado”. Cientos de kilómetros de la frontera son tan agrestes e inhóspitos que no tiene sentido ni intentar construir en ellos.

Propiedad privada

Y, en Texas, casi todas las tierras de la frontera son propiedad privada. Cuando el expresidente George W. Bush intentó levantar vallas fronterizas en 2006, enfrentó una férrea oposición de rancheros y granjeros locales, muchos de los cuales llevaron al gobierno a los tribunales por sus planes para usar sus tierras.

En muchas áreas a lo largo del río Bravo, la valla se adentra hasta un kilómetro y medio en territorio estadounidense para asegurarse de que la estructura no interfiera con el cauce del río y que esté sobre terreno sólido. El centro del canal marca la frontera y un tratado de 1970 con México requiere que las estructuras construidas en la zona no interfieran con el cauce del río.

Respetan leyes

“Construimos una valla a lo largo de la frontera casi tanto como nos fue posible sin violar leyes tribales, requisitos ambientales y respetando la propiedad privada y personal de los habitantes”, dijo Michelle Mrdeza, que trabajó para la Comisión de Asignaciones Presupuestarias de la Cámara de Representantes durante el debate de la cerca a mediados de la década del 2000.

“Una tontería”

En la frontera sur hay instalados aproximadamente 563 kilómetros de vallas para impedir el paso de peatones y 482 kilómetros más para vehículos, que se levantaron en las zonas más vulnerables a los cruces no autorizados.

“En la medida en que el problema es una barrera física, ya hemos abordado esa cuestión”, dijo el representante demócrata David Price, de Carolina del Norte, que presidió el Comité Legislativo que financió la valla cuando su partido controlaba el Congreso. “Este enfoque, esta fijación con un muro y gastar miles de millones de dólares en un muro, es una tontería”.

Las estimaciones de costos preparadas hace una década sufrieron ya amplias variaciones. Un análisis de la Contraloría del Congreso de 2009 elevó los costos a 6.5 millones de dólares por kilómetro y medio para vallas peatonales, y a 1.8 millones por kilómetro y medio en las barreras para autos. Una pared real de concreto y acero sería más cara y difícil.

Fondos adicionales

Trump ha prometido en repetidas ocasiones que México pagará el muro, aunque ni él ni sus aliados en el Congreso son capaces de articular cómo. El presidente mexicano Enrique Peña Nieto ha enfatizado que su país no se hará cargo de la cuenta.

Las agencias estadounidenses ya fueron informadas de que revisen sus presupuestos para poder destinar fondos adicionales para el muro.

“Esos dólares de los contribuyentes se invertirían mejor… en la búsqueda de curas para el cáncer y otras enfermedades, en hospitales y médicos para cuidar a nuestros veteranos, en ayudar a las comunidades con inversiones en agua limpia, en apoyar a la Policía en nuestras comunidades”, dijo el senador demócrata Pat Leahy.

Conversación telefónica

Los presidentes de México y EE.UU. buscan reducir la tensión en la relación bilateral tras reconocer las diferencias de sus posiciones sobre el pago del muro fronterizo y acordaron buscar una solución.

Trump y Peña Nieto “reconocieron” en una llamada telefónica de una hora efectuada ayer sus “claras y muy públicas diferencias de posición” sobre “el pago” del muro, que Trump ha insistido que debe costear México, reportó en un comunicado la Presidencia mexicana.

“Los presidentes convinieron por ahora ya no hablar públicamente de este controversial tema”, según el comunicado mexicano.

Poco después, la Casa Blanca difundió un comunicado casi idéntico, solo que no mencionaba el acuerdo de no hablar en público sobre el pago del muro como lo dice el que difundió la Presidencia mexicana.

 El aumento sin precedentes de la inmigración ilegal procedente de Centroamérica está dañando tanto a EE.UU. como a México,
y creo que las medidas que tomaremos a partir de ahora aumentarán la seguridad en ambos países; van a ser muy, muy buenas para México”.
Donald Trump, presidente de EE.UU.

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