Nicaragua gobierna con corrupción

El resultado es que el gobierno tiene que elevar los impuestos de todo para compensar las pérdidas, pero eso genera más corrupción

Los corruptos no desean que impere una prensa libre que denuncie la corrupción, y menos de una manera sistemática y sin condiciones de ninguna clase, una prensa libre que eduque y coadyuve a que los ciudadanos tengan conciencia del daño social que causa la corrupción. Dice Montesquieu que cuando los principios del gobierno llegan a estar corrompidos las mejores leyes resultan malas y se vuelven en contra del Estado; y cuando estos principios están sanos, las malas hacen efecto de las buenas. La fuerza del principio lo arrastra todo. A fin de cuentas, los funcionarios públicos también somos ciudadanos, pues salimos de la sociedad. Así explicó el auditor de las finanzas del Gobierno de Nicaragua la razón por la que cree es imposible acabar con la corrupción. Los gobiernos se mantienen sobre todo gracias a los impuestos, así como también de las ayudas del exterior. Manejan tanto dinero que muchos funcionarios se sienten tentados a robarlo, otros aceptan sobornos de individuos que esperan a cambio una reducción de impuestos. El resultado es que el gobierno tiene que elevar los impuestos de todo para compensar las pérdidas, pero eso genera más corrupción. El círculo nunca se acaba y la gente honrada es la que termina pagando los platos rotos. Para poder eliminar la corrupción hay que empezar de arriba abajo. Cuando un gobierno ataca la corrupción entre los agentes de policía y de aduanas, pero la tolera entre los funcionarios de alto rango, pierde la confianza de sus ciudadanos. La justicia afianza el país, en especial cuando la practican desde el funcionario más elevado hasta el más bajo, mientras la corrupción la empobrece. Según la ciudadanía nicaragüense, los primeros cinco lugares en nivel de corrupción los ocupan los partidos políticos, la Policía Nacional, los funcionarios públicos, el Poder Legislativo y el Poder Judicial. En muchos países hay elecciones cada cierto tiempo, lo cual permite que los ciudadanos se deshagan de los funcionarios corruptos en teoría. Pero la realidad es que las campañas y las elecciones suelen estar plagadas de corrupción. Uno podría pensar que el remedio para la corrupción es crear más leyes. No obstante, los entendidos en la materia han descubierto que mientras más leyes existen, más oportunidades hay de violarlas. La corrupción nace de la codicia y el egoísmo dos características muy comunes tanto en funcionarios públicos como en ciudadanos.

Se descubrió en Nicaragua que en el área de la construcción se utilizan materiales que no reúnen los requisitos de acuerdo con las normas de seguridad y calidad que la ley exige. Por lo tanto, para que la corrupción desaparezca hay que educar a la gente y enseñarle a combatir defectos como la codicia, el egoísmo, la avaricia y la envidia.

La Convención de la Naciones Unidas contra la corrupción declara que para combatir la corrupción los gobiernos han de promover la integridad, la honestidad y la responsabilidad. Aunque las intenciones de este organismo internacional son muy buenas, Nicaragua ha puesto oídos sordos al no promoverlas y exigirlas. La gravedad del problema de la corrupción en Nicaragua es increíble, para arrancar de raíz la corrupción se requiere de los políticos pero parece que aquí no existe. Tan  profundas son las raíces de la corrupción en este país que para remediar la situación se necesitan cambios fundamentales profundos en la forma de cómo funciona este gobierno.

Creo firmemente que nuestro pueblo luchará para salvar a Nicaragua de esta nueva dictadura, que las lecciones experimentadas a través de nuestra historia, nos sirvan de escarmiento para mejorar por el bien de esta sufrida Nicaragua que tanto se lo merece para vivir sin corrupción en paz y tranquilidad.

“La corrupción es un abierto robo al pueblo”, Silvio Báez. Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Managua.
El autor es exasesor tributario DGI.   

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