Las niñas madres de “La Casita Rosada”

Tras cada embarazo de niñas menores de 14 años hay probablemente un caso de violación. A las niñas el Estado les da atención médica pero les niega justicia.

Día de las Madres

Este 30 de mayo se celebra el Día de las Madres en Nicaragua. LAPRENSA/O. Navarrete

El despertador suena a las 5:00 de la mañana en punto. Sandra (nombre ficticio), de 21 años, se alista en silencio y a oscuras para no despertar a sus hijas, que duermen en la misma habitación. La mayor de ellas tiene 7 años y la menor recién cumplió 4. Las ve por última vez antes de salir a su trabajo como vendedora en una tienda del mercado Roberto Huembes y las deja bajo el cuido de su mamá.

Sandra tiene piel morena, cabello lacio, baja estatura y unos ojos café oscuro que aún brillan cuando piensa en lo que pudo ser si no hubiera quedado embarazada cuando cumplió 13 años. En ese tiempo cursaba sexto grado de primaria y aunque no tenía las mejores notas, soñaba con ir a la universidad.

Cuando se lo dijo al padre de su hija, él la abandonó. Sandra quedó sola y bajo el amparo de su familia. De hecho, fue su hermana mayor quien la llevó al Centro de Adolescentes del Hospital Bertha Calderón, también conocido como “La Casita Rosada”, donde le dieron todos los cuidados prenatales hasta que nació su primera hija. Tres años después quedó embarazada por segunda vez.

Sandra y todas las niñas embarazadas menores de 14 años no existen para las estadísticas del Ministerio de Salud, porque este dejó de publicarlas para ocultar las violaciones y embarazos a menores de edad, según la psicóloga y especialista en violación sexual Lorna Norori.

Ella sabe que los hospitales ocultan los casos de niñas de nueve o diez años que están embarazadas. De hecho, de vez en cuando ella recibe llamadas de doctoras del Centro de Adolescentes, solo para contarle que niñas de 12, 11 y hasta 10 años acaban de dar a luz. Y a veces en un solo día. Sin embargo, eso no pueden decirlo públicamente.

Las cifras desconocidas

La «Casita rosada» atiende a embarazadas de 12 a 19 años y medio. LA PRENSA/Lissa Villagra.

“La Casita Rosada” o Centro de Adolescentes del Hospital Bertha Calderón es un lugar bastante decrépito. Después de saludar a cualquier visitante con unos buenos días o unas buenas tardes, las enfermeras preguntan serias y tajantes: “¿Está embarazada?”. En aquel lugar la respuesta suele ser sí. Por los pasillos y salas del centro todos los días van y vienen niñas y adolescentes embarazadas entre los 12 y los 19 años.

Una de esas niñas fue Sandra. Llegó cuando tenía 13 años y estaba esperando a su primer hijo. Legalmente Sandra había sido violada, al igual que todas las niñas embarazadas menores de 14 años que acuden al centro.

Aunque en 2015 el Minsa aseguró que anualmente hay 1,600 partos de menores de 14 años, se conoció que en centros públicos como “La Casita Rosada”, las violaciones a menores no se denuncian. El centro se limita a darles atención médica y en casos graves de violación, también atención psicológica. Las enfermeras aseguran que, aunque saben que se trata de un delito, ellas no lo denuncian.

Lorna Norori, psicóloga y coordinadora del Movimiento contra el Abuso Sexual, explica que desde el 2012 —cuando Nicaragua ocupó el primer lugar en Latinoamérica en embarazos adolescentes— el Ministerio de Salud empezó a maquillar las estadísticas sobre estos.

Un estudio realizado por el Instituto de Medicina Legal asegura que entre 2013 y 2015 realizaron 15,584 pericias médico-legales a mujeres en investigación de delitos contra la libertad sexual (violación, abuso sexual y otros). Y el Instituto arroja que en un nueve por ciento de los casos hubo riesgo de embarazo, pero no especifica las edades de estas víctimas. Del número total de pericias, 7,599 fueron practicadas a niñas menores de 13 años.

Sin embargo, Norori reitera que el Ministerio de Salud atiende casos de menores de 14 años embarazadas y aún en conocimiento del delito, no los denuncia. “En los hospitales se oculta a las niñas de 9, 10, 12 años embarazadas. Hay una voluntad política en el Ministerio de la Familia y de Salud, para que las niñas que son abusadas y quedan embarazadas sean trabajadas para que se convenzan de aceptar ese embarazo”, expresa la psicóloga.

Otra cosa que las instituciones hacen es maquillar las cifras de violación nombrándolas como estupro. Por ejemplo, si una menor de 13 años está embarazada, da a luz, y decide denunciarlo hasta que tiene 15 años, aunque fue violada, es probable que se considere estupro por la edad en la que decidió denunciarlo, no en la que se cometió el delito.

A Norori se le consultó que si no es posible que en caso de que el Ministerio de Salud empiece a denunciar estos embarazos como violaciones, las niñas tengan temor de acudir a estos por miedo a que no les crean o a que los violadores tomen represalias, y esto las lleve a dar a luz en malas condiciones con una partera o “comadrona”. La psicóloga asegura que desde la sociedad civil han promovido la denuncia y la no impunidad, sosteniendo también la campaña “Yo te creo”, para que las familias venzan el temor de las denuncias.

Aunque hay casos que han sido denunciados por voluntad de los familiares, Norori un par de veces ha sabido que en las Comisarías convencen a las familias de no empezar un desgastante proceso judicial. “Yo he escuchado a jefas de Comisarías que les dicen a las mamás: ‘Cásela y sálvele el honor. Ya lo sacamos de aquí y llévelo para casarlo’”, expresa.

Por eso, Carolina (nombre ficticio) tiene miedo de hablar sobre su violador. Su tía teme que las asesinen a ambas y por eso es que, después de contar la historia de su sobrina, expresó que tenía miedo de dar su nombre y no quiso dar más detalles. La tía de Carolina está a cargo de ella porque su padre tiene problemas mentales y su madre fue encontrada muerta en un barranco. Carolina tiene 12 años, está embarazada y se conoció que el supuesto padre huyó porque tiene orden de captura desde hace un año.

LA PRENSA acudió a las oficinas de MiFamilia, ubicadas en Jinotepe, pero se informó que la delegada Ana Luisa Cruz no se encontraba y era la única que podía dar declaraciones sobre el caso.

Violada y embarazada

El caso de Carolina fue denunciado ante las autoridades por la directora de la escuela donde estudiaba. LAPRENSA/Oscar Navarrete
El caso de Carolina fue denunciado ante las autoridades por la directora de la escuela donde estudiaba. LA PRENSA/Oscar Navarrete.

Cuando Carolina recorría las pedregosas y polvorientas calles para ir al colegio, una vecina empezó a notar que su vientre se abultaba cada vez más. Ella le comentó a su esposo, que trabajaba cerca de la casa de Carolina y días después regresó alarmado porque había escuchado un pleito. Oyó cuando la tía estaba golpeando a la niña y esta le gritaba que estaba embarazada. Fue entonces cuando, la vecina alarmada habló con la directora del colegio y llamaron al Ministerio de Familia (MiFamilia).

El exprocurador de la Niñez y la Adolescencia, hoy diputado Carlos Emilio López, explicó a LA PRENSA que “los delitos de orden público no necesitan que la víctima ponga la denuncia. Basta con que las autoridades tengan conocimiento de que ha ocurrido el hecho para proceder a realizar una investigación”.

Desde que se conoció el embarazo, Carolina ha cambiado su versión. Primero aseguró que la habían violado en un camino, pero después confesó que había sido un señor cercano. “Ella dijo al inicio que le habían salido dos hombres encapuchados en el puente y que ahí la habían violado. Pero después, cuando la amenazó la Policía con echar presa a la tía, dijo que era ese señor, pero que ella le pide a la Policía que no le hagan nada porque fue por su voluntad”, comenta su vecina.

Sin embargo, el artículo 168 del Código Penal establece que quien tuviera relaciones sexuales con una menor de 14 años “con o sin su consentimiento, será sancionado con pena de doce a quince años de prisión”.

La vida después del embarazo

Jossel Alemán se convirtió en madre adolescente. Ahora trabaja como doméstica y estudia en la universidad. Su hija tiene cinco años. LAPRENSA/Oscar Navarrete
Jossel Alemán se convirtió en madre adolescente soltera cuando rozaba los 17 años. Ahora trabaja como doméstica y estudia en la universidad. Su hija tiene cinco años. LA PRENSA/Oscar Navarrete.

Cuando Jossel Alemán quedó embarazada apenas rozaba los 17 años. Estaba en primer año de secundaria y se hizo una prueba en los baños del colegio donde estudiaba, en Juigalpa, Chontales. Sus amigas la consolaron y una de ellas le dijo que abortara, que tenía una tía que podía ayudarle con ese problema.

Alemán no entendía nada. Su novio le había prometido que a la primera vez no podía salir embarazada y aunque ella insistió, él no quiso usar preservativos. Ella tuvo que dejar de estudiar y se lo ocultó a su familia durante siete meses. “¿Qué iban a pensar? —se preguntaba— si yo era la hermanita menor”.

Aunque su familia decidió apoyarla, su novio la abandonó. Ella le puso una demanda por pensión alimenticia pero él se fue a Costa Rica. Jossel Alemán ya tiene 22 años y su hija, Alicia, tiene cinco. Ahorita está desempleada, pero trabaja como doméstica. Es duro.
Jossel, su mamá y su abuela fueron madres adolescentes. Según la psicóloga Lorna Norori, los embarazos en adolescentes suelen ser cíclicos, porque cada vez la mujer va perdiendo más empoderamiento para educar a sus hijas. Jossel, al igual que Sandra, es madre soltera.

Desde que Sandra tuvo su primera hija ya han pasado siete años. Del papá no volvió a saber nada a pesar que vive en un barrio cercano. En el Centro de Adolescentes nunca le preguntaron por el padre de su hijo y hasta ahora ella no sabía que ese embarazo era un delito penado con cárcel y durante ese tiempo no recibió educación sexual.

Los cambios en su vida fueron notorios, los sueños de ir a la universidad quedaron en sus recuerdos. A sus compañeras de clases no las volvió a ver porque así evita el qué dirán. Y dos años después conoció a otra pareja y tuvo su segunda bebé, pero este —según cuenta— sí fue planeado.

Su embarazo forma parte del ciclo al que se refiere Norori. Su mamá tuvo a su primera hija a los 17 años y tuvo que empezar a trabajar. En total tuvo cinco hijos y su abuela era quien cuidaba de ellos. Pero, dos años antes de que Sandra quedara embarazada murió. “Tal vez si ella hubiera estado viva nada de esto hubiera pasado”, se lamenta.

Actualmente trabaja como vendedora de cosméticos en el mercado Roberto Huembes, sale a las 6:00 a.m. de casa y regresa a las 7:30 p.m., aún a tiempo para ver a sus hijas, antes de que ellas se duerman.

A kilómetros de la capital, donde Sandra vive, los vecinos de Carolina aún no saben qué va a pasar con ella. Carolina cumplirá 13 años en marzo y dará a luz en mayo, quizás justo a tiempo para el Día de las Madres, el día que pese a ser una niña será de ahora en adelante “su día”.