La dura batalla de las mujeres de Nicaragua por conseguir un empleo permanente

Cartografía digital del BCN refleja que el empleo permanente es predominante entre los hombres en casi todas las cabeceras departamentales

Mujeres

Debe tomarse en cuenta que el censo que se realizó en el 2005 tuvo muchas debilidades, de manera que su información no fue confiable. LA PRENSA/ ARCHIVO

El empleo permanente en Nicaragua está en manos principalmente de los hombres, por lo que las mujeres deben refugiarse en la autocreación de sus propios puestos de trabajo para sobrevivir. Esta es una realidad que confirma la Cartografía Digital y Censo de Edificaciones publicada por el Banco Central de Nicaragua en su sitio electrónico.

De las 13 principales cabeceras municipales que recoge el estudio, solo en Jinotepe, Carazo, es donde el empleo permanente privilegia a las nicaragüenses, mientras que en Managua, por ejemplo, de cada diez empleos en manos de los hombres, siete de estos tienen contrato permanente.

En contraste, de cada diez trabajadoras en la capital, solo cinco tienen un empleo fijo y tres generan sus ingresos mediante la creación de negocios, es decir trabajadoras por cuenta propia.

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Y si bien en el estudio no explica la caracterización del trabajo en cada uno de los segmentos poblaciones, el economista Adolfo Acevedo en distintas ocasiones ha señalado que los empleos por cuenta propia suelen ser de baja o nula calificación, donde laboran familiares sin pagos y cuya productividad es extremadamente baja.

La disparidad en la tenencia del empleo formal entre hombres y mujeres es una realidad que se repite a lo largo y ancho de Nicaragua. En Granada, por ejemplo, el 64.5 por ciento de los empleos en manos de los hombres son permanentes, proporción que se reduce a 44.8 por ciento en el caso de las mujeres.

En tanto, en Matagalpa el setenta por ciento de los hombres tienen empleos fijos o permanentes, mientras que en las mujeres es solo el 56.5 por ciento. En esta cabecera departamental las mujeres se emplean mediante la creación de sus propios negocios (31.8 por ciento) frente al 13.8 por ciento de los hombres que obtienen sus ingresos por esa vía.

En Juigalpa, cabecera departamental de Chontales, el 73.6 por ciento de los hombres tienen contrato mientras que solo el 59 por ciento gozan de ese tipo de empleo.

Solo en Jinotepe, Carazo, el empleo por cuenta propia predomina entre los hombres con el 67.9 por ciento frente al 25 por ciento que tiene empleo fijo. En el caso de las mujeres, el 34.7 por ciento ha creado su propia fuente de trabajo y el 49.9 por ciento tiene un contrato fijo.
En contraste, en Masaya el 49.1 por ciento de los hombres tienen empleo permanente, mientras que en el caso de las mujeres solo 37.1 por ciento dice gozar de este tipo de trabajo.

¿Qué consecuencia tiene esta realidad del empleo en Nicaragua? ¿Cómo impacta en la lucha contra la pobreza? ¿Por qué las empresas privilegian con el empleo formal a los hombres? ¿Qué hacer?

El economista Sergio Santamaría señala que estos números oficiales confirman la creciente lucha que las nicaragüenses mantienen para abrirse espacio en el mercado laboral. “La primera lucha era que se integraran al mercado laboral, después que estudiaran y ahora (la lucha) es tener empleos permanentes y a su vez que se equiparen los salarios, que en este último caso creo que va a tardar un poco más de tiempo.

Pero dado a que la mujer está teniendo mayor formación (académica) creo que en diez años la composición actual del empleo va a tender a equipararse en el caso del tipo de empleo”, explica.  Y mientras llega esa equidad en el tipo de empleo entre hombres y mujeres en Nicaragua, Santamaría reconoce que además de no gozar de prestaciones sociales que un empleo permanente puede garantizar a una persona, esta realidad obstaculiza que mayor número de mujeres puedan acceder a préstamos.

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“Además de prestaciones como aguinaldo, vacaciones e indemnizaciones, el que tiene un empleo permanente tiene mayor posibilidad de obtener un préstamo. Si yo pongo ante el banco una constancia de que estoy trabajando, eso me da más posibilidades de acceso al crédito”, afirma Santamaría.

Blanka Callejas, presidenta de la Red de Empresarias de Nicaragua (REN) señala que al no tener un empleo permanente, una mujer pierde la oportunidad de acceder a programas de formación y capacitación que a veces las compañías desarrollan entre sus trabajadores, además de no poder aspirar a competir a cargos de dirección a lo interno de una empresa.

Y pese a que las mujeres siguen siendo relegadas por el empleo permanente, las estadísticas oficiales reflejan, según ha señalado Acevedo en distintos análisis publicados sobre el bono demográfico, que es la masiva incorporación de la mano de obra femenina al mercado laboral lo que ha incidido para que los ingresos en los hogares aumenten, ocasionando que los índices de pobreza —que se miden mediante el consumo— aparezcan reduciéndose en los últimos años.

La población de Nicaragua es predominante femenina. Según datos del Banco Central de Nicaragua, en 2015 de 6,262,703 de personas, 3,172,255 eran mujeres y otros 3,090,448 eran hombres.

El estudio Ingresando y Avanzado: Dinámica de las mujeres en el mercado laboral nicaragüense, publicado por la Fundación Internacional para el Desafío Económico Global (Fideg), señala que las mujeres tienden más que los hombres a tener empleos en condiciones precarias.

Por ejemplo, precisa la investigación, en el 2012 el 60.5 por ciento de las mujeres estaban subempleadas en comparación con el 3.54 por ciento para el caso de los hombres. En ese mismo año, analizado por el Fideg, el 12.1 por ciento de los hombres ocupados estaban cubiertos por el Seguro Social frente al 9.5 por ciento de las mujeres.

Santamaría señala que impulsar el acceso del empleo permanente y formal entre las mujeres nicaragüenses podría inclusive ayudar a elevar el ahorro privado y por ende impactar en la reducción de la pobreza. “Las mujeres son mucho más ahorrativas, ellas siempre suelen ahorrar más que los hombres”, enfatiza.

Un estudio realizado por Fideg señaló que los hogares con hombres a la cabeza eran más propensos a caer en pobreza que los que son liderados por mujeres. Hasta 2015, el 36.2 por ciento de los hogares a nivel nacional estaban liderados por mujeres. El 74.6 por ciento de ellas estaban solas, divorciadas o viudas.

Hay discriminación

Callejas cree que entre las razones de por qué las mujeres tienen menos empleos permanentes respecto a los hombres es porque las empresas ven como un costo adicional el asumir lo que implica, por ejemplo, los gastos por subsidio de maternidad o bien porque generalmente es la mujer la que vela por los hijos al momento de una enfermedad.

Santamaría va más allá de ese planteamiento y señala que también influye un elemento cultural, que se piensa que cuando en las empresas predominan las mujeres tienden a desarrollar un ambiente laboral de mayor competencia.
Tanto Callejas como Santamaría señalan que se deben buscar políticas enfocadas en que más número de empleos permanentes lleguen a las mujeres.

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En eso coincide la Cepal en un reporte regional publicado el pasado 8 de marzo, en ocasión del Día Internacional de la Mujer. “Para la Cepal, las políticas de empleo deberían ser capaces de modificar la actual estructura de desigualdad, asumiendo los sesgos de género existentes en el mercado laboral. También urge reconocer y redistribuir el tiempo de trabajo no remunerado, de manera que la responsabilidad del cuidado de los niños y niñas, personas dependientes y adultos mayores no recaiga exclusivamente sobre las mujeres”, señala.

Cepal pide reconocimiento

En ocasión del Día Internacional de la Mujer, el pasado 8 de marzo, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) alertó que la tasa de participación laboral femenina se ha estancado en torno al 53 por ciento en la región y persisten sesgos de género en el mercado de trabajo.

Señaló de que el 78.1 por ciento de las mujeres que están ocupadas, lo hacen en sectores definidos por la Cepal como de baja productividad, “lo que implica peores remuneraciones, baja cobertura de la seguridad social y menor contacto con las tecnologías y la innovación”.

“Los indicadores laborales en América Latina y el Caribe siguen exhibiendo grandes brechas de género en el acceso a oportunidades y derechos entre hombres y mujeres. Las desigualdades tienen su base en un sistema social que reproduce estereotipos y conserva una división sexual del trabajo que limita la inserción laboral de las mujeres”, explica Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal.

Estos factores estructurales, según la alta funcionaria de las Naciones Unidas, representan un obstáculo para la superación de la pobreza y la desigualdad en la región, así como para la consecución de la autonomía económica de las mujeres, más aún si se considera el contexto actual de contracción de la economía.

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