Iglesia católica, parte de su rol

En la antigua Roma, aquella que hemos conocido por los actuales documentales, libros de historia y las clásicas películas de Semana Santa, podemos observar en mi opinión, cómo la incipiente Iglesia cristiana se insufló en la sociedad romana, como tales burbujas, pero llenas de fervorosos creyentes, santos en vida y muerte, hasta cimentar lo que hoy es nuestra Iglesia para la humanidad.

Iglesia católica

La religión cristiana no es una práctica, es una forma de vida, es el decir del clero; en razón de eso, podemos pensar que la sociedad debería estar inserta en esa forma de vida, pero no siendo por la realidad de nuestra naturaleza humana eso es posible, salvo sea ya un fin último, o como ocurre en las micro sociedades de claustro monjes u otros, al menos en el occidente, queda claro que, en países como el nuestro, es la religión que debe estar inserta en la sociedad y no al revés.

No pretendo sea de Perogrullo lo anterior, pero mientras en los primeros y por esa práctica la sociedad se pliega religiosamente, tácitamente se somete a regímenes políticos, para luego entonces, alcanzar el regocijo espiritual (mayoría de estados musulmanes y otros asiáticos o caribeños de extrema izquierda); en los segundos, primero la sociedad se regocija en lo moral y espiritual y no se somete, al menos en teoría.

El estar inserta no es como insuflar burbujas de aire tal que en ellas vivamos y sobre todo muramos ofreciendo nuestros cuerpos en sacrificio para alivio y salvación de nuestras almas, sino, es para que, en el roce humano, podamos conocer, palpar y practicar los valores que, en el caso personal, son del cristianismo. Así, sería nuestra vía, aquella que hemos escogido para vivir como gente civilizada, vivir en el credo no aislado y morir como lo más parecido a un verdadero cristiano.

¿La sociedad cristiana debe siempre mirar hacia el Vaticano y su Iglesia, para de ellos recibir su beneficencia espiritual que tanto necesitamos?, o ¿es la Iglesia quien debe ver a su rebaño y actuar cuan noble, sencillo y amoroso pastor, amando antes que todo a cada uno de sus siervos para ser su ángel servidor?

El estar sometido contradice principios elementales sociales y religiosos; son intrínsecamente antinaturales, aunque sean una práctica cotidiana.

En la antigua Roma, aquella que hemos conocido por los actuales documentales, libros de historia y las clásicas películas de Semana Santa, podemos observar en mi opinión, cómo la incipiente Iglesia cristiana se insufló en la sociedad romana, como tales burbujas, pero llenas de fervorosos creyentes, santos en vida y muerte, hasta cimentar lo que hoy es nuestra Iglesia para la humanidad.

Ellos murieron en las arenas de los coliseos, amarrados y cercenados hasta morir por bestias provenientes de distintas partes del mundo, quizás como una premonición de la futura santidad universal

En el Concilio Vaticano II, si no estoy equivocado, la jerarquía de la Iglesia reestructuró su organización de vertical y la hizo horizontal; está claro que su propósito era no establecer diferencias por cuanto no hay espiritualmente, diferencias humanas por nuestras almas; socialmente, tampoco.

De ahí nació que las misas se dieran en el idioma de cada pueblo, el sacerdote al oficiarla se integraba al pueblo (sociedad) y a nivel de las máximas autoridades religiosas se dio en cierta medida, el pie inicial de la comunión de las diferentes iglesias en especial entre cristianas.

Hay por tanto una integración, no un sometimiento, hay un reconocimiento, o un mayor y más sincero acento de servir al pueblo; entonces me pregunto, cuando se dirigen al pueblo cristiano haciendo énfasis en la condición de vida cristiana inserta en la sociedad, ¿están considerando que estén todos los presentes, en especial nuestros jerarcas políticos, o solo es para el pueblo?

Arengar a un pueblo es política; bueno, la Iglesia siempre ha tenido una fuerte vena política pero no es su rol; pedirle que hagan del cristianismo un sistema de vida, me parece un fin maravilloso; el problema es qué hacemos con los que no quieren participar e ir a misa. Creo deberían también invitarlos porque de lo contrario siempre tendremos muchos santos en las arenas de nuestros coliseos.

El autor es Ingeniero Civil

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