No hay plazo que no se cumpla…

Muchos dictadores deberían verse en el espejo de Noriega, pero parece ser que el brillo del oro los enloquece, que las riquezas los vuelven ciegos, sordos y mudos

injerencismo norteamericano, dictaduras, Venezuela

Querida Nicaragua: Tengo algunos amigos panameños a quienes aprecio tanto como ellos a mí. Panamá ha sido siempre una nación que mucho he admirado por su belleza y por su historia, la que conozco en algunos de sus rasgos. Lástima grande que como casi todos los países latinoamericanos ha padecido el flagelo de varias crueles dictaduras. La última de ellas fue la del general Manuel Antonio Noriega, señalado de haber ordenado varios crímenes, en cuenta el más cruel, como fue la detención por la Guardia panameña del joven guerrillero democrático Hugo Spadafora, cuyo cadáver apareció  más tarde decapitado. Noriega andaba de gira por España y la sociedad panameña sospechó que había hecho el viaje para que no lo relacionaran con el crimen. Misión imposible.  Todos dieron por un hecho que la Guardia había recibido órdenes de su jefe  el general Noriega para hacer desaparecer a Spadafora.  Hugo participaba en la Contra, la Resistencia Nicaragüense que combatía desde el Sur de Nicaragua.

Algunos de mis amigos panameños  no creían que el autor intelectual del crimen fuese el general Noriega,  atribuían los rumores a historias inventadas por los enemigos del general. En estos asuntos siempre habrá opiniones contrarias, ya lo dijo el poeta: “En este mundo traidor nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.

Recuerdo aquellos tiempos en 1989. Había muerto el general Omar Torrijos en un lamentable y sospechoso accidente en helicóptero,  y el general Noriega tomó el poder enfrentado con los norteamericanos. Lo vimos blandiendo un machete y amenazando al “imperialismo norteamericano” que lo acusaba de varios delitos, entre ellos narcotráfico, lavado de dinero y varios crímenes. El presidente George  Bush (padre) parece haber planteado alguna alternativa para que renunciara al poder y recibiría un perdón que lo dejaría vivir tranquilamente en Panamá, pero Noriega prefirió enfrentar el poderío yanqui y cuando llegó la invasión que costó varios centenares de muertos, el general corrió a refugiarse en el palacio arzobispal donde los norteamericanos le metieron tal cantidad de ruidos musicales que a los cuatro días tuvo que entregarse y ser llevado prisionero a las cárceles de Miami, Florida. La sentencia fue de 17 años de cárcel en los Estados Unidos, más cinco años en Francia, acusado también de lavado de dinero.

El orgullo y la prepotencia son malos consejeros. Si hubiese dialogado con los norteamericanos Noriega hubiera disfrutado sus últimos años con tranquilidad en su país natal, pero escogió lo contrario: 22 años prisionero en Miami y París y luego prisión domiciliar en Panamá  cuando ya era un anciano enfermo a punto de morir.

Decía don Miguel de Cervantes Saavedra: “No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague”.  Muchos dictadores deberían verse en el espejo de Noriega, pero parece ser que el brillo del oro los enloquece, que las riquezas los vuelven ciegos, sordos y mudos. Allá en Venezuela estamos viendo el enorme grito del pueblo, las manifestaciones por hambre todos los días, los hospitales en condiciones lamentables, un muerto diario es hasta hoy el promedio, centenares de heridos y miles de prisioneros, un ejército que se hace cómplice del dictador y dispara contra su pueblo, pero Nicolás Maduro sigue haciendo discursos promoviendo la ilegalidad de una constituyente fabricada a su medida y sigue además bailando salsa en su programa de televisión, en la más cruel de las burlas para el pueblo venezolano y para la comunidad internacional.

Que se vea en el espejo de Noriega y de Fujimori y de los que andan huyendo asilados para que no los agarren, escondidos, viviendo no se sabe dónde porque no pueden disfrutar de la vida como todo ciudadano honrado.

Que se fijen en Lula da Silva, en Dilma Rousseff, en el actual presidente Temer de Brasil a punto de caer preso. Recuerden: “No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague”.

El autor es empresario radial.

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