El córdoba urge un nuevo sistema cambiario

El sistema cambiario de Nicaragua está agotado y urge cambiarlo. Después de 24 años de haberse instaurado, el régimen cambiario no solo ha empeorado los números públicos, sino que también ha erosionado los salarios.

El sistema cambiario de Nicaragua está agotado y urge cambiarlo. Después de 24 años de haberse instaurado, el régimen cambiario no solo ha empeorado los números públicos, sino que también ha erosionado los salarios, en su mayoría pagados en córdobas sin mantenimiento de valor.

Peor aún, está dañando las exportaciones al restarles competitividad y ha favorecido para que la economía se dolarice rápidamente. Por ello, el economista Néstor Avendaño urge en la necesidad de que el Banco Central de Nicaragua piense en una nueva política cambiaria, monetaria y financiera para transitar hacia otro régimen cambiario.

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Y es que el sistema de cambio fijo con microdevaluaciones diarias —según el director ejecutivo de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico Social (Funides), Juan Sebastián Chamorro— solo es usado por dos países en el mundo: Botswana, en África, y Nicaragua.

El régimen más obsoleto

“Es un tipo de cambio que está entrando en desuso en la mayor parte del mundo, porque la tendencia es moverse hacia esquemas flexibles con algún tipo de regla”, explica Chamorro.

Un planteamiento que de alguna manera secunda Avendaño, quien señala que a nivel de Centroamérica “Nicaragua tiene el único régimen cambiario más anacrónico y obsoleto ante las realidades de la globalización y ante las realidades de promoción de las exportaciones”.

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Además, Chamorro explica que el actual sistema cambiario ocasiona que Nicaragua no pueda beneficiarse de tasas inflacionarias más bajas, como sí lo gozaron otros países de la región, debido a que al establecerse una tasa de deslizamiento de cinco por ciento anual, con ello se impone un piso a la inflación. Esto ocasiona la pérdida de competitividad en el exterior a Nicaragua, particularmente en sus exportaciones.

“Los países no se están moviendo hacia ese tipo de régimen cambiario fijo, porque este tipo de régimen afecta las exportaciones, porque encarece la moneda local, etcétera, pero es un sistema predecible”, explica Chamorro.

¿Quiénes pierden o ganan más?

Pero, ¿quiénes pierden y ganan con el actual sistema cambiario vigente en Nicaragua desde 1993? Entre los grandes perdedores figuran los exportadores, que al tener que producir con costos elevados debido a que su moneda oficial está sobrevalorada, deben salir a los mercados internacionales a competir con precios más elevados comparados con sus pares.

Los registros numéricos oficiales confirmarían ese planteamiento. Desde 1993 hasta el 2016 la devaluación acumulada del córdoba ha sido de 360 por ciento y la inflación 520 por ciento, mientras que el Índice de Precio al Productor en Estados Unidos acumulado en el período es de 50 por ciento.

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Basado en esos indicadores, Avendaño explica que mientras el exportador a nivel internacional ha favorecido sus ingresos por la inflación acumulada del 50 por ciento en Estados Unidos y 360 por ciento de la devaluación de la moneda local, estos han sido erosionados por el 520 por ciento de la inflación interna acumulada en el período analizado.

En cambio, los importadores serían entre los ganadores del sistema, señala, porque en el período han comprado más barato en el exterior, dada a la inflación más baja, mientras que a nivel local se han visto favorecidos por una mayor inflación, es decir que están comprando barato en el exterior y obtienen mejores precios a nivel interno.

De hecho para compensar esa pérdida entre los exportadores el Gobierno les entrega estímulos mediante exoneraciones y exenciones, un sistema que ahora está bajo lupa del Ejecutivo y que pretende reducir. No obstante, Avendaño señala que en caso que se desmantele el sistema de exoneraciones a este sector, el Gobierno tendrá que repensar casi obligatoriamente su política monetaria.

Circulan tres monedas

Además, según Avendaño, la actual política cambiaria ha propiciado que en el país haya tres monedas circulando en el mercado: el dólar que domina el 70 por ciento del sistema financiero; el córdoba con mantenimiento de valor que representa el 10 por ciento de la liquidez; y el córdoba sin mantenimiento de valor, que es prácticamente el que está en manos de los asalariados y los agentes económicos que están fuera del sistema financiero nacional.

Chamorro admite que todo nicaragüense que tenga sus ingresos en córdobas figura entre los perdedores del sistema cambiario, pero señala que una parte ha logrado compensar el impacto mediante los aumentos salariales que ha habido en los últimos años, particularmente los que están en el salario mínimo, que son minorías en el mercado laboral.

El problema, según Avendaño, es que la mayoría de los nicaragüenses ganando en córdobas, están pagando en dólares una buena parte de los servicios y bienes de consumo, precisamente por el rápido proceso de indexación de los precios al tipo de cambio nominal que propició el esquema cambiario establecido en Nicaragua hace 24 años.

“La gente está ganando en córdobas, pero le están cobrando en dólares…, Nicaragua tiene tres monedas y la población solo ve dos: el dólar y el córdoba. El Banco Central es rector de una moneda marginal en nuestro país o sea regula solo el 20 por ciento de la liquidez global, porque la inflación se mide en córdoba no en dólar”, explica.

Chamorro señala que el debate debe estar permanentemente sobre la mesa, mientras se crean las condiciones que requiere el país para emigrar hacia otro régimen, tal como lo han hecho casi todos los países de América Latina y el mundo.

¿Qué se está usando? “En algunos países se está permitiendo que el tipo de cambio oscile en una banda, que son las llamadas bandas cambiarias. Que es un mixto de tipo de cambio fijo con tipo de cambio flexible, que cuando el dólar está en medio de la banda, vos dejás que actúe la oferta y demanda”, explica Chamorro.

¿Y si nos dolarizamos?

Ante la creciente dolarización de la economía, Néstor Avendaño no ve inviable declarar esa moneda como oficial, pero señala que esa debe ser una decisión de la gente y no de un Gobierno.

Al respecto, explica que se debería convocar a una consulta nacional para que la misma población sea la que decida si quiere adoptar el dólar como moneda oficial o el córdoba. No obstante, Avendaño reconoce que dolarizar la economía tendría su impacto en los salarios cordobizados por lo que se tendrían que crear mecanismos de protección.

También habría que impulsar medidas para asistir el impacto en los precios de los productos, que tenderían a subir, lo que provocaría desempleo por el cierre de empresas.

El economista recuerda que en Nicaragua no hay política monetaria soberana, precisamente porque el Banco Central de Nicaragua no domina gran parte de la moneda del mercado. Y en caso que se decida cordobizar la economía, según Avendaño, romper con la indexación de los precios al cambio oficial sería uno de los pasos fundamentales, lo que favorecería a los asalariados.

“Hay que recordobizar la economía y darle un papel al Banco Central para que con su papel también contribuya a resolver los problemas de este país”, enfatiza.