Influencia de la pornografía en asesinatos

Ted Bundy, asesino en serie, confesó antes de su ejecución, la influencia que tuvo la pornografía. Fue ejecutado en la silla eléctrica el 24 de enero de 1989 por haber violado y matado a más de treinta mujeres, algunas de ellas menores de edad.

Hombres de poca fe, Dios

Ted Bundy, asesino en serie, confesó antes de su ejecución, la influencia que tuvo la pornografía. Fue ejecutado en la silla eléctrica el 24 de enero de 1989 por haber violado y matado a más de treinta mujeres, algunas de ellas menores de edad.
Pero un día antes de morir hizo llamar al psicólogo y entonces presidente de la organización profamilia Focus on the Family, James Dobson, para concederle una entrevista.

Quería decirle algo antes de morir, algo que pudiese servir para el futuro. Y en ella habló del importante papel que tuvo la pornografía desde su adolescencia para formar al asesino sanguinario en el que se convirtió. La entrevista fue muy polémica y los críticos argumentaban que Bundy intentaba justificarse antes de morir y por otro lado criticaban que el doctor Dobson fuese antipornografía, cristiano y provida. Pero en realidad, en dicha entrevista, el asesino no justificó sus crímenes e incluso llegó a asegurar que merecía ser ejecutado. Y aunque claramente era un psicópata, su testimonio coincide con muchos otros casos de criminales similares.

Preguntado de los antecedentes que le llevaron a ser uno de los peores asesinos del país, aseguró que “crecí en un hogar maravilloso” en el que “regularmente asistíamos a la iglesia” y en el que “no sufrí abusos físicos”. “Cuando era un niño de 12 o 13 años me encontré fuera de casa en el supermercado pornografía suave. Los jóvenes los mirábamos en las cunetas y lo que tiraban a la basura. De vez en cuando, nos encontrábamos con libros de una naturaleza más gráfica”, contaba.

Según este asesino, “el tipo más dañino de pornografía —y hablo de una experiencia dura, real, personal— es la que implica violencia y violencia sexual. La unión de esas dos fuerzas —como conozco bien— provoca un comportamiento que es demasiado terrible para describir”.
En su entrevista con este psicólogo, Ted Bundy afirmaba que “básicamente yo era una persona normal. Tenía buenos amigos. Llevaba una vida normal, excepto por la adicción a la pornografía que mantenía en secreto”.

“Una vez que te conviertes en adicto buscas algo más potente, más explícito, más gráfico. Deseas algo más difícil y que te dé una mayor excitación, hasta llegar a un punto en el que la pornografía tiene un límite”.  Él lo sobrepasó porque pasó a pensar que “tal vez tenía que hacerlo” para sentir más.

“Asumo toda la responsabilidad por todas las cosas que he hecho. La cuestión es cómo este tipo de material contribuyó y ayudó a formar este tipo de comportamiento”.

Bundy aseguraba que “he vivido en la cárcel mucho tiempo, y he conocido a un montón de hombres que han cometido actos de violencia. Sin excepción, cada uno de ellos era profundamente adicto a la pornografía. Un estudio propio del FBI sobre los asesinatos en serie muestra que el interés más común entre los asesinos en serie es la pornografía”. Y advertía que gente como él no nacen “monstruos”. “La pornografía puede meter la mano y coger a un niño de cualquier casa hoy”, aseguraba mucho antes de que internet llegara a todos los hogares, y con ella la facilidad para el acceso a material pornográfico.

Por último, Ted Bundy reconocía que “la sociedad merece ser protegida de mí y de otros como yo”. Pero, además, añadía que “merece ser protegida de sí misma” con la circulación sin problemas de todo tipo de pornografía, también de tipo violento, que puede “convertir a los niños pequeños en un futuro Ted Bundy”. (ReL22 junio 2017).

El autor es miembro del Consejo de Coordinadores de la Ciudad de Dios.
reflexivo33@gmail.com

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