Dura pelea de Alexander Mejía en Japón ha tenido consecuencias positivas

El boxeador Alexander Mejía vendió cara su derrota frente al japonés Hiroshige Osawa y esto le podría abrir puertas en un tiempo corto en tierras niponas.

Alexander Mejía ha demostrado altos niveles de competitividad en su estrecha carrera. LA PRENSA/ JADER FLORES

Basta que se abra una puerta a veces para que con otras suceda lo mismo. El boxeador Alexander Mejía fue a Japón, brindó una presentación respetable, fue aplaudido y saludado por el público al final de su faena, y por lo desbordado que fue todo indica que en abril o mayo podría volver a esas tierras, y lógicamente el impacto mayor lo tendrá en su economía.

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Hace unos días falleció un tío de Mejía, faltó al gimnasio y canceló una pelea programada para el 27 de enero. Entonces su fecha de regreso fue movida al 10 de febrero contra el chinandegano Edwin Tercero (11-5-1, con 2 KO´s), y a estas alturas, su apoderado Marcelo Sánchez estaría en etapas de negociación para llevarlo al exterior.

“Mi apoderado me dijo que en abril o mayo podría estar peleando nuevamente en Japón, un país en el que nunca imaginé estar, pero lo inmediato es buscar esta victoria en Nicaragua”, señaló “Popeye” Mejía (8-1-0, con 4 KO´s), quien se sintió despojado en Japón frente a Hiroshige Osawa (33-4-4, con 19 KO´s).

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Aunque perdió su invicto, un rostro demasiado contento es el que exhibe Mejía. Relata que para esa pelea no lo abrazaron los nervios, al contrario, se llenó de confianza, y semejante impulso lo llevó a lucir como un veterano.

“En el papel estaba que yo luciera inferior al japonés, pero en el ring la gente no encontró diferencias, peleamos de tú a tú, considero que merecí ganar, pero aprendí la lección de que en el boxeo para nada sirve el temor”, apunta Mejía.

“Yo me sentí muy contento cuando los japoneses me felicitaron por mi pelea”, agrega.

Un nocaut a su economía

Este boxeador de 26 años, que ocupa los fines de semana para andar por las calles de Managua vendiendo jocotes y mangos en bolsas, le propinó un certero derechazo a su economía y se perfila a ahorrar más y más para comprar su propia casa.

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“Jamás había imaginado tanto dinero en mis manos. Cuando salgo a vender recojo unos 300 córdobas diarios, en esta pelea me quedaron seis mil dólares. Me compré un equipo de sonido para oír alabanzas cristianas, ya que yo asisto a la iglesia, y el resto lo ahorré para comprar mi casa y darle a los hijos que tenga un espacio digno donde estar”, cuenta “Popeye” Mejía.

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