Ortega, Rivas, Su Eminencia y los empresarios

Cuando Managua reconozca al Gobierno chavista de Venezuela podría caer la Nica Act y otro u otros nombres podrían agregarse a la Ley Magnitsky.

Aun cuando es evidente y pública la relación entre tres personajes y un gremio en el asunto de la Ley Magnitsky, el presidente Ortega, el magistrado presidente Roberto Rivas, el Emérito Cardenal Miguel Obando y un sector empresarial, sobre de estos flota un silencio, aun cuando son un eje movido por las circunstancias.

Si se sopesan las partes, cada una tiene un balance, peso y debilidad propias que se relacionan hasta el extremo de ser dudoso cuál de ellas pesa más o es más débil con respecto a las otras tres, sin que lo anterior parezca un juego coroneliano de palabras. El secreto para sentir cuál parte es más sólida o débil estará en la manera en que cada uno actúe en una situación en la que todos se necesitan y rechazan. Sus compromisos mutuos tendrán entre ellos tanta o menos importancia según los riesgos, pero es inevitable que esas obligaciones entre sí tendrán que cumplirse. “…Todo puede suceder aquí”, menos que las parten olviden que el desenlace sucederá.

Pasarán los años y algún audaz politólogo o analista quizá escriba un libro sobre este asunto, pues para la preservación de nuestra Historia no serán suficientes los textos informativos. No. Este asunto merece un estudio y su correspondiente análisis desde sus remotos antecedentes hasta su inevitable desenlace, que, a la hora de escribir este texto aún no llega.

Vista desde mi profana óptica, creo que hay dos pares. Uno, el Presidente y los empresarios, y dos, el magistrado presidente y Su Eminencia. El presidente tiene la fuerza política y los empresarios la fuerza financiera, pues este asunto es también de pesos y centavos. El segundo par, que es más unido, tiene su riqueza y la fuerza del secreto compartido de sus actos pasados y presentes que fueron y han sido en favor del Presidente y de ellos.

Creo que en el seno de los empresarios hay cientos inconformes con la conducta política del Presidente y que si bien les conviene un apoyo y relación presidencial como la actual, lo preferirían desde otro Presidente. Actualmente, es cierto, nada está sucediendo. La reacción del Treasury Department a esta pasividad será el fulminante que hará disparar el obús y su impacto. Ojalá no suceda.

Lo positivo hacia el presidente Ortega es que él podría encontrar cómo suavizar la crisis prescindiendo del magistrado presidente a cambio de la sobrevivencia de este, pues fue revelado que está llegando a su oficina “como si nada está pasando”.

Es inevitable la lectura de la entrevista del nuevo Secretario de Amcham, quien sin reservas declaró que 300 empresas nicaragüenses relacionadas con EE. UU. recomiendan “tomar medidas” y enfrentar la crisis que está pasando con el presidente de un poder del Estado nicaragüense. Y que es inútil cabildear más en Washington si a lo interno no se hacen “cambios efectivos”.

Avanza inexorablemente el término del Acuerdo Gobierno-OEA y no hay ninguna señal del Presidente de iniciar esos cambios; y dos elecciones se avecinan; en Venezuela, antes de este abril, donde se prepara un nuevo megafraude y que generará otra crisis. Y nuestras elecciones regionales en marzo de 2019, cuando es normal presentir que quizá el licenciado Rivas ya no sea magistrado presidente y a otros se les despida agradeciéndoles sus sacrificios por la patria.

Cuando Managua reconozca al Gobierno chavista de Venezuela podría caer la Nica Act y otro u otros nombres podrían agregarse a la Ley Magnitsky. Entonces se plantará una crisis mayor que el Presidente puede evitar. ¿Y Su Eminencia? Él ahí estará… en lontananza, recordando viejas glorias del pasado.
El autor es abogado y Notario.