51 años atrás

Ya es hora de que aprendamos a respetarnos y darnos cuenta de que para gobernar la nación no necesitamos una lucha violenta, que basta con la palabra, que hay que cambiar los hábitos y aprender a dialogar como personas civilizadas

alcaraván, Aniceto,

Querida Nicaragua: El pasado 22 del corriente se cumplieron cincuenta y un años de los tristes sucesos del trágico 22 de enero de 1967 cuando la avenida Roosevelt se bañó de sangre luego de una multitudinaria manifestación opositora que pedía dialogar con el gobierno y exigirle una tregua electoral para lograr observación internacional que propiciara elecciones libres.

Los hombres de mi edad recordamos aquel suceso en el que hubo muchos muertos y cuyos pormenores forman parte de nuestra historia. Ahora cincuenta y un años después, estamos luchando por la misma causa. Ayer se luchaba contra una dinastía, la de los Somoza, hoy se lucha contra la instalación de otra dinastía, la de los Ortega. El círculo vicioso continúa: permanente lucha por el poder. Es como si la rueda de la historia diera vueltas y nunca se detuviera, una historia que se repite constantemente.

Ya es hora de que aprendamos a respetarnos y darnos cuenta de que para gobernar la nación no necesitamos una lucha violenta, que basta con la palabra, que hay que cambiar los hábitos y aprender a dialogar como personas civilizadas. Basta ya de pensar en el gobierno como repartición de cargos públicos, o como botín de guerra, o premio de la lotería, o propiedad personal del presidente.

Comprendamos que el primer paso que hay que dar es corregir el sistema electoral, cambiar el viciado Consejo Supremo Electoral (CSE) que actualmente se ha especializado en perfeccionar todas las trampas posibles para hacer fraudes que cada vez desprestigian más al gobierno.

El pueblo está pidiendo a gritos la renuncia del doctor Roberto Rivas y de todos los magistrados del Consejo. Están acusados internacionalmente. Al acusar al presidente de hecho se vincula a todos sus colaboradores, magistrados, representantes departamentales y municipales. Es preciso revisar las trampas que han introducido en la Ley Electoral y limpiar la misma para poder realizar elecciones justas, verdaderas, en las que se respete el voto ciudadano. Es inútil esperar del Congreso Nacional, aplanadora orteguista, la escogencia de magistrados independientes.

Un gobierno sensato lo que haría es propiciar la formación de un CSE apartidista, esto es que sus miembros no tengan actividad partidaria y que sean personas de intachable trayectoria profesional y moral. En el CSE no debe haber magistrados que militen en partido político alguno, para que no haya inclinaciones partidarias en las decisiones que se tomen y se demuestre así la imparcialidad que debe tener una institución de tanta responsabilidad como esta.

Me atrevo a sugerir algunos nombres que serían garantía de capacidad intelectual, honorabilidad e independencia para formar un CSE que garantice la limpieza y pulcritud de todo lo relacionado con la ley electoral y sobre todo la seguridad de hacer elecciones libres con observación nacional e internacional: doctor Humberto Belli Pereira, doctora Rosa Marina Zelaya, doctor Oscar Castillo Guido, doctor Gabriel Álvarez Argüello, licenciada María José Zamora, doctor Róger Arteaga, doctor José Antonio Peraza, tan solo siete personas capaces entre muchos que podrían desempeñarse en el CSE.

Para llegar a una escogencia semejante se requiere buena voluntad, un diálogo sincero entre el Gobierno y las clases política y económica, la sociedad civil en general. Sobre todo se necesita mucho patriotismo y sinceridad para resolver de una vez por todas el problema político de Nicaragua.

Alguien me dijo que para llegar a una solución como esta tendríamos que dejar de ser nicas y convertirnos en ticos, que nosotros estamos llenos de rencores ancestrales que vienen desde nuestros aborígenes y pasan por los conquistadores y luego por la mezcla de hispanos e indios que somos nosotros.

Yo creo que no podemos estar condenados a un pasado tenebroso, al círculo vicioso de la lucha violenta por el poder. Quiero creer que no repetiremos episodios como los de hace 51 años aquel triste 22 de enero de 1967. Algún día nos dispondremos a dialogar con sinceridad.

El autor es director general de Radio Corporación.