Entre la alegría y tristeza, el vaticinio inolvidable del tío Rogelio a Cristofer González

A Cristofer se le cierra la garganta cuando recuerda esa escena. La tiene incrustada en la mente día y noche. “Si no fuera por él yo no estaría en esto. Me enseñó todo lo que sé”, comenta el joven

Cristofer González y su mamá Julia González. LAPRENSA/CORTESÍA

Cuando Cristofer “el Látigo” González recibió la noticia del combate por título mundial el corazón se le hizo pequeño. Había emoción, pero también tristeza. Había entusiasmo porque tendría la oportunidad de girar su destino, y al mismo tiempo, le hubiera gustado que no fuera de esa manera. Los recuerdos le hacían desenterrar un vaticinio del hombre que lo metió al boxeo, el mismo que le brindó las primeras lecciones y estuvo con él por siete años en el amateurismo: su tío Rogelio González.

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“Sabés que este es el chavalo que te va a sacar de pobre”, le decía su tío a Julia González, la mamá del pugilista. No obstante, eso no era todo lo que comentaba el adiestrador de boxeo fallecido en 2016. “Cristofer, vos vas a tener una oportunidad titular, pero cuando suceda lamentablemente ya no estaré a tu lado para verlo”, vaticinaba Rogelio. “Usted está loco, claro que va estar conmigo y juntos seremos campeones”, le respondía su muchacho.

A Cristofer se le cierra la garganta cuando recuerda esa escena. La tiene incrustada en la mente día y noche. “Si no fuera por él yo no estaría en esto. Me enseñó todo lo que sé”, comenta el joven. Rogelio solamente pudo estar en una pelea en el profesionalismo como esquina junto al Látigo, debido a que Feniboxa le prohibía ser entrenador de boxeadores profesionales si era parte de la Selección Nacional. “Fue un 6 de febrero de 2016, eso no lo olvido. Peleé contra Ulises Martín”, dice González. Esa fue la primera y última vez que estuvieron juntos. Semanas más tarde Rogelio cayó enfermo y murió.

Cristofer González junto a su tío Rogelio González y su entrenador Róger González. LAPRENSA/CORTESÍA

“Solo una desgracia”

El Látigo está muy enfocado. Empezará a entrenar el lunes tras recuperarse de una lesión en su rodilla, pero ha mostrado una confianza y fe, a pesar de no ser favorito, capaz de mover montañas. “La única forma que no venga con ese título es que me pase una desgracia, vamos a arrebatar esa corona. Yo tengo una ventaja y es mi altura. Normalmente subo en 130 o 132 libras a las peleas cuando la categoría es 112 y mis rivales no siempre me igualan”, explicó el púgil que recibirá una jugosa bolsa de 35,000 dólares.

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El campeón del CMB, el japonés Daigo Higa, rival de González, se caracteriza por su pegada; 15 rivales enfrentados, 15 nocauts conseguidos. A el Látigo solamente un boxeador en su carrera lo ha tambaleado. Fue Róger Collado hace tres años, pero terminó imponiéndose por la vía del nocaut. “Recuerdo que me caí en una moto y me raspé el pie y lastimé la mano, a pesar de eso fui a la pelea y no sé si eso habrá influido; sin embargo, sentí que un golpe me mareó”, indicó el retador al cetro.

Ya lo tiene estudiado

Actualmente, hay dos entrenadores en la esquina de González. Roger González (primo) y Wilmer Hernández. Ambos se encargarán de prepararlo. El primero aseguró haber visto desde muchos meses atrás videos del campeón. “Vamos a tener de sparring a gente fuerte y buena como Román González y Félix Alvarado, correremos en las alturas. Cristofer estará reconcentrado. Sé que muchos miran al japonés como un animal, pero no hay que dejarse llevar por las estadísticas”, confiesa.

“Ya quiero despertar en 15 de abril, el día de la pelea”, dice el Látigo. “Yo me imagino la pelea dura, viendo el rostro de Higa hinchado, no estoy seguro de un nocaut por un solo golpe, pero si que no salga a dar pelea por el fuerte castigo que le estoy dando como a Obbadi”, eso piensa Cristofer a pesar de no ser colocado con muchas oportunidades de dar la sorpresa.

“En los primeros asaltos no iremos directo al choque, pensamos esperar y en la segunda parte, después que Higa baje el gas nosotros castigaremos sin pausas”, explica Hernández.

El Látigo de pequeño quería ser arquitecto, pero no pudo continuar con los estudios, ahora puede darle un golpe de autoridad al destino si sorprende en Japón. Por lo pronto, la nostalgia de su tío es el huésped en su memoria.