Más sobre “las olvidadas”

“Las olvidadas” a quienes me refería eran la poetisas, la leonesa Aura Rostand y Olga Solari Mongrio, Rosita Choiseul Praslin, y Blanca Mejía Arauz, las dos primeras (Solari Mongrio y la Choiseul- Praslin) de Matagalpa, y la última (Mejía Arauz) de Jinotega

Hace dos años escribí un artículo titulado Las Olvidadas que fue publicado en el Diario LA PRENSA, en la sección cultural.

“Las olvidadas” a quienes me refería en ese momento eran la poetisas, la leonesa Aura Rostand y Olga Solari Mongrio, Rosita Choiseul Praslin, y Blanca Mejía Arauz, las dos primeras (Solari Mongrio y la Choiseul- Praslin) de Matagalpa, y la última (Mejia Arauz) de Jinotega respectivamente

Hoy tengo que añadir a la granadina Adriana Zavala Gómez v. Calderón, quien era contemporánea de Rubén Darío a quien dedicó versos.

Esta es la misteriosa Adriana Gómez Zavala. Investigando sobre la vida de Adriana me tropecé en Miami con María Jesús Silva Salazar, amiga de Chinandega, pues ella leyó en Facebook mi referencia sobre esta poetisa de principios del siglo XX, y me envió un libro escrito por Adriana Gómez. Este tiene 290 páginas, impreso en 1944 en Tipografía El Progreso de Sofonías Salvatierra. Luego la escritora e investigadora ruso-nicaragüense Helena Ramos me dio más datos de su vida.

Se trata de Adriana Gómez Zavala v. de Calderón. Quien tuvo una larga vida pues nació en Granada, en 1856, pero creció y vivió en Managua, donde falleció, circa 1952.
Hay muchos datos sobre su vida en este libro de poemas que ella escribió, y como dice Helena Ramos “ella era capaz de poner en verso incluso el menú de un paseo campestre. También vivió un tiempo en Costa Rica”.
Escribió este libro de poesías en 1915 donde tiene poemas desde 1889 que titula “A mi dulce hermana”.

Y dedica poemas a personalidades como Rubén Darío, a quien pudo conocer porque eran contemporáneos, también dedica a Blanca Cousin de Zelaya, Juan Bautista Sacasa, a José O. Rosi; y a damas de la sociedad como Chavela Navas de Palazio, y a poetisas de su época, como Aura Roustand, poetisa hermana de Salomón de la Selva.

También dedica “A mi querida prima María Asunción Zavala”, “A mi sobrinito niñito Enrique Dreyfus”, Margarita Cuadra, Alina Argüello G., “a la bella Enriqueta Morgan al cumplir 15 años”, Celina Gómez, Carmen Cuadra, Luisa Morgan, Alina Guandique, Carmencita Calderón, Esperanza Aguerri, proclamada reina de la belleza 1922; Chepita de Robleto, Anita Velázquez, Sarita Barquero, Rosario Ovando. Amanda Rivas de Barrio, Luisita Solano, María Angélica Uriarte, Alicia Ulboa, Martina Morales, Lilian y Lolita García, a las niñitas Lidia Azucena Moreira, a Joaquín Cuadra Zavala, y su esposa Cristina Chamorro de Cuadra, a Salvadora en 1938 y Liliam Somoza en 1941, Lucía Prado y Teresita Gauvet.

Dedica también el doctor Calderón Guardia de Costa Rica, presidente de Costa Rica en su visita a Nicaragua.
La escritora e investigadora literaria Helena Ramos está estudiando su vida, y se alegró cuando le conté del hallazgo de este libro de Adriana.

A mí me da curiosidad que su marido fuese de apellido Calderón, apellido que se encuentra mayormente en Las Segovias, cosa no muy extraña porque los segovianos con recursos “bajaban” a estudiar a León, y algunos se casaron allí como los Castellón, Vílchez, Machado, Marín, quienes se conectaron con familias leonas como: Sacasa, Guardián, Duque Estrada, etc.

Yo sospecho que el marido de Adriana es de Las Segovias, pues le hizo un verso a Carmencita Calderón, cuyo papá era el diplomático Salvador Calderón Ramírez, pariente del general Erasmo Calderón, ambos de Las Segovias.

Adriana en Managua y León fue contemporánea de la poetisa jinotegana Blanca Mejía Arauz, quien vivió y escribió en Managua y en León donde estableció la religión Bahai.
Contemporánea también de la prestigiada educadora Josefa Toledo de Aguerri, pues dedica un poema a su cuñada.
A continuación un poema de Adriana Gómez a su marido:
“Tú y yo. Con mi esposo”
Un día ‘Hazme un verso’ me dijiste/que iba a poder mi verso desbordarse/ aunque estuviera en lecho de tisú /si la poesía consiste en amarse / y esta poesía la presionabas tú / Y en mi corazón vivía solapada/ y si la poesía en amarse consiste/ también feliz la presionaba yo/ ¿Por qué?… ‘Hazme un verso’ me dijiste/ ya el verso estaba hecho, tú y yo.
(Adriana Gómez Zavala de Calderón) 1929
El autor es miembro de la Academia de geografía e historia de Nicaragua.

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