Arte refleja conflicto armado entre Ejército e insurgentes en el sur musulmán de Tailandia

Un feto cuyo cordón umbilical está unido a un explosivo, la imagen de un tanque en las pupilas de una joven con hiyab o un rifle AK-47 moldeado a través de cáscara de coco -un material que arde con facilidad-, son parte de la muestra "Patani Semasa"

La galería Patani Art Space, en Tailandia, muestra piezas reflejan el conflicto armado de la parte meridional del país desde que en 2004 las guerrillas retomaran la lucha armada. LA PRENSA/EFE/ Noel Caballero

El movimiento artístico que florece a cuentagotas en el sur musulmán de Tailandia refleja el conflicto armado que perdura en la región desde hace más de una década y que se ha cobrado la vida de más de 7.000 personas.

Pequeñas galerías de arte abren sus puertas a una generación de jóvenes formada en las universidades de Bangkok y que en su regreso al hogar se ha visto atrapada por la lucha entre Ejército y los grupos insurgentes musulmanes que actúan en las provincias de Pattani, Yala y Narathiwat.

En la galería Patani Art Space (Pattani), de las ramas de un árbol brotan, como si fueran frutos, pistolas y granadas de tonalidades rojas para simbolizar los lazos que vida y muerte mantienen en la parte meridional del país desde que en 2004 las guerrillas retomaran la lucha armada.

«Muchos artistas han crecido en un ambiente de violencia. Este espacio permite que muestren sus inquietudes y su forma de ver y sentir lo que sucede al su alrededor», declara Jehabdulloh Jehsorhoh, fundador de la galería y profesor adjunto en la Facultad de Arte de la Universidad de Pattani.

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Un feto cuyo cordón umbilical está unido a un explosivo, la imagen de un tanque en las pupilas de una joven con hiyab o un rifle AK-47 moldeado a través de cáscara de coco -un material que arde con facilidad-, son parte de la muestra «Patani Semasa» («Patani actual») en la que participan una veintena de artistas en el citado centro.

Una obra del centro de arte Patani Art Space. Muchos artistas han crecido en un ambiente de violencia. LAPRENSA/EFE/ Noel Caballero

«El arte como canal crítico con la naturaleza del conflicto», resalta Jehsorbhoh, que también es ilustrador.

El contorno de dos mujeres frente a frente crea entre ellas la silueta de una lápida musulmana o la imagen de una fémina sin rostro y arrodillada mientras luce -ya siendo viuda- un vestido de novia plasman el sufrimiento de la población civil que conforma un alto porcentaje de los fallecidos y heridos.

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Pese al despliegue de 40.000 efectivos militares y la vigencia del estado de excepción, son frecuentes los ataques con armas ligeras y explosivos en este conflicto fundamentalmente identitario en el que la religión juega un rol importante.

Los insurgentes de etnia malaya y fe musulmana -la mayoritaria en la región- denuncian la discriminación que sufren por parte del Gobierno budista y exigen más autonomía e incluso la creación de un Estado islámico que integre las tres provincias que formaron el antiguo sultanato de Patani y que Tailandia se anexionó hace un siglo.

En el corto «My beloved Waeng» (goo.gl/VdSosb), el director Nirundorn Lokna expone la convivencia y conflictos entre ambos credos a través de la riña de dos estudiantes de primaria y la posterior charla didáctica del profesorado.

«Todo el mundo está cansado del conflicto. Queremos la paz y para alcanzar este objetivo lo más fácil es el diálogo», asegura el realizador.

Entre campos de arroz y plantaciones de caucho, un humilde hogar se alza en el distrito de Bacho, un área de la provincia de Narathiwat calificada de «alto riesgo» por las autoridades.

Poemas por la paz

Con aspecto de ermitaño, Zakariya Amataya, galardonado en 2010 con el Premio de escritores del Sureste Asiático, recita de memoria poesías de Antonio Machado, Federico García Lorca o Miguel Hernández.

«En silencio total; escucho la paz llorando; y los gritos que resuenan; a lo largo de caminos diversos; Alrededor de la torre del reloj; en la mesas de la cena, en la tienda de té; En mezquitas y templos budistas; y sin embargo… nadie escucha», versa su texto en verso libre titulado Un punto de la península de Malaca.

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