La paz que los asesinos quieren

Ellos piden, rezan, y prometen imponer a balazos una paz donde se respete su sagrado derecho a robar elecciones y a garrotear a quienes protestan

En Letra Pequeña, Silvio Báez

Queremos la paz

“Queremos la paz”, dicen quienes mataron a cerca de 60 nicaragüenses. ¿De qué paz hablan? La paz que ellos piden, rezan, y prometen imponer a balazos, es una donde se puedan robar las elecciones y se respete su sagrado derecho a garrotear a quienes protestan. Una paz donde se dé por cierto cualquier montaje y si doña Rosario Murillo dice que en Nicaragua cayó un meteorito, pues cayó un meteorito y punto. Una paz donde ellos tengan todos los derechos y ninguna obligación y, al contrario, nosotros tengamos todas las obligaciones y ningún derecho.

Sin reclamos

La paz para ellos es una sociedad que no reclame. La paz de los sometidos. Una donde si se decide que usted es el culpable del asesinato que ellos cometieron, usted resignadamente acepte ese sacrificio en nombre de esa paz. No hacerlo es ser violento. Vandálico. Seres llenos de odio. Grupos delincuenciales. Chupasangre. Sométanse y volvamos a tener la paz que tuvimos estos 11 años de “buen gobierno”, dicen los asesinos.

Revolución ética

Lo primero que hay que entender es que estamos, hasta ahora, ante una revolución ética. Eso los tiene desorientados. No hallan cómo responder. No encuentran líderes a quien comprar o intimidar. En primer lugar, porque ¡no hay líderes! Y en segundo, porque ninguno de estos muchachos está pensando en estos momentos en hacerse presidente, ser ministro o diputado. Mucho menos hacerse rico a costillas del Estado. ¿Cómo comprar lo que no está en venta?

Palos de ciego

Aquí no se ve gente que pueda entrar en un pacto “dame que te doy” como lo hizo Somoza García con Emiliano Chamorro o Daniel Ortega con Arnoldo Alemán. Entonces no hallan qué hacer y se les ve dando palos de ciego porque siempre trataron con gente de esta calaña. Y así, un día el origen de la crisis es un “golpe suave” planeado por la CIA, al otro es el MRS, un monstruo que estaba escondido y de repente controla toda Nicaragua, o es la “derecha vandálica” como llaman a todo lo que no les gusta.

Fanfarrones

Entonces aparecen unos señores recordando la guerra contra Somoza, hablando de que ellos tienen los “testículos más grandes que la catedral” y que son los meros perros machos del barrio. Que son capaces de todo, advierten a los que protestan. ¡Tamaña exhibición de cobardía! Matar gente desarmada es fácil. Si ya mataron a 60. ¿Se han fijado en la cara de estos muchachos que quieren matar a balazos? No creo que les haya costado mucho matar a Álvaro Conrado, un niño de 15 años armado de un par de botellas de agua. No necesitan exhibir tanta fanfarronería para demostrar que pueden matar a estos muchachos. Pero asesinar no resolverá sus problemas. Es que a ustedes les podrán sobrar armas y los testículos que se necesitan para matar a muchachos desarmados, pero les faltará la razón, y eso es lo que en estos tiempos decide quién gana y quién pierde.

Ejército y Policía

Estos son momentos decisivos para Nicaragua. Tiempo de definiciones. Y aquí hay dos actores que tienen que decidir pronto de qué lado de la historia se colocarán: el Ejército y la Policía. Personalmente, no creo que todo esté perdido en estas instituciones. ¿Van a ser los instrumentos represores de una familia o van a volver a ser el Ejército y la Policía de Nicaragua? ¿Van a estar del lado de las leyes y con ello retornar la democracia a Nicaragua o van a comportarse como delincuentes para imponer a sangre y fuego una dictadura que la gran mayoría de la población ya no está dispuesta a tolerar?

Gobierno

Esto no es un quitate vos para ponerme yo. O no debería serlo. Yo al menos no espero que después de Daniel Ortega llegue un gobierno perfecto. Ni siquiera estoy esperando uno que me guste. El problema de fondo no es quién sea presidente o qué partido esté en el poder. Lo que Nicaragua necesita no es un gobierno a la medida de todos porque eso es imposible, sino uno que se pueda criticar, que respete los derechos de sus ciudadanos, que se someta a las leyes, que responda por sus acciones y al final de su periodo esté listo a entregar la silla a quien con sus votos decidan los ciudadanos. ¿Eso es mucho pedir? Para algunos sí. Y lo más triste es que esos algunos están dispuestos a matar en nombre de la paz para que eso no suceda.

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