Sí hay alternativa

Existe, en fin, todo un pueblo que ansía vivir en democracia y libertad, con la capacidad suficiente para ir forjando esa alternativa, que nos permita vivir en paz a las presentes y futuras generaciones de nicaragüenses.

La semana pasada tuve una conversación con un diplomático recién llegado de Managua, quien me manifestaba la inquietud existente entre sus colegas porque, según ellos, ante la profunda crisis por la que atraviesa el dictatorial régimen del binomio Ortega-Murillo (prácticamente a punto de periclitar) ellos no columbraban cuál podría ser la alternativa que a posteriori se haría cargo del gobierno, para conducir al país a una verdadera democracia, tal a como lo está demandando en las calles y carreteras la inmensa mayoría del pueblo nicaragüense. Me dijo además que algunos diplomáticos consideran que hay altos mandos del Ejército de Nicaragua que piensan igual.

Si partimos de lo que decía Ernesto “Che” Guevara, experto en revoluciones, de que cuando el pueblo está en las calles, “es la Revolución”, y si existe en nuestro pueblo la firme e irrevocable determinación de impulsar una revolución democrática como la de Costa Rica en 1948, no tengo la menor duda de que esa alternativa existe.

En Nicaragua no tenemos un Vladimir Ilich Lenin que enfrentado a un tambaleante Kerenski, desde la penumbra del parlamento ruso, exclamó: “¡Sí existe esa alternativa!” Ni un Ayatola Khomeini que desde Francia derrocó a Reza Pahleví en Irán. No los tenemos ¡gracias a Dios! Pero sí tenemos una cantera de hombres y mujeres probos y talentosos, diseminados por todo el país, que desde la cúspide hasta la base estarían dispuestos a colaborar en la ingente tarea de realizar el sueño de nuestros mártires y de nuestro pueblo, hoy tirado a las calles, de que “Nicaragua volverá a ser república”.

Hay en el FAD, en Ciudadanos por la Libertad (CXL) y en otros partidos que están contra la corrupción y el gobierno genocida imperante, que cuentan con valiosos elementos para la reconstrucción de la institucionalidad democrática del país. Existe la sociedad civil donde se aglutinan miles de hombres y mujeres, en Managua y en los departamentos, que son de reconocido talento y no se han contaminado con la actual corrupción.

Existe una juventud como la del Movimiento 19 de Abril, donde hay docentes y estudiantes universitarios como el valiente joven Lesther Alemán, y muchos más, que están dando una lección al mundo de dignidad y patriotismo.

Existen campesinos, hombres y mujeres, como los del Consejo para la Defensa de la Tierra, encabezados por Francisca Ramírez y Medardo Mairena, que no han escatimado ningún sacrificio en defensa de sus comunidades y de los estudiantes. Existe una empresa privada dirigida por el Cosep, donde hay miles de profesionales y productores dispuestos a contribuir a la bienandanza nacional.

Existe, en fin, todo un pueblo que ansía vivir en democracia y libertad, con la capacidad suficiente para ir forjando esa alternativa, que nos permita vivir en paz a las presentes y futuras generaciones de nicaragüenses.

Es obvio que, en buena parte, el deseado cambio solo vendrá de los resultados que alcance nuestro pueblo en el Diálogo Nacional, que con gran paciencia y sabiduría están dirigiendo los respetados miembros de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN). Pero la protesta en las calles debe de seguir, como medida de presión indispensable, hasta que la pareja Ortega-Murillo y su camarilla de corruptos, cesen de seguir haciéndole daño a nuestro país, sea renunciando a los cargos que ilícitamente ostentan o sea que acepten adelantar en tiempo razonable las elecciones nacionales con un nuevo Consejo Supremo Electoral (CSE) completamente depurado y con observación nacional e internacional. Solo así alcanzaremos la paz con libertad a que aspiramos la gran mayoría de los nicaragüenses.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE). Reside en Costa Rica.

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