Seis astros más para el Salón de la Fama del beisbol

Vladimir Guerrero, quien parecía un caballo de raza mientras desplegaba su magnífico talento en las Grandes Ligas, entra este domingo a Cooperstown

Vladimir Guerrero será el tercer dominicano en llegar al Salón de la Fama. LA PRENSA/ ARCHIVO

Vladimir Guerrero será el tercer dominicano en llegar al Salón de la Fama. LA PRENSA/ ARCHIVO

Vladimir Guerrero era un bateador extraño, pero con un talento especial.

Cuando en una ocasión preguntaron a Mike Scioscia, mánager de los Angelinos de Los Ángeles, que definiera la zona de bateo de Vladimir Guerrero y su respuesta no pudo ser más literal.

«De la nariz, a los dedos de los pies», dijo el mentor. Y no exageraba. Es más, en cierta oportunidad, Guerrero le hizo swing con éxito a bolas que llegaron al home de piconazo y las levantó de imparable hacia los jardines.

Este Guerrero, el mejor bateador de bola mala que ha tenido el beisbol; Chipper Jones, un cañonero que destruía con estilo; Jim Thome, artillero feroz y selectivo, y Trevor Hoffman, el maestro del cambio de velocidad, ingresan este domingo al Salón de la Fama del beisbol de Grandes Ligas.

Pero también harán su ingreso Jack Morris, quien fue una especie de «caballo de hierro» en su época de lanzador y Allan Trammell, probablemente uno de los torpederos más eficientes y subestimados en la historia del beisbol. Ambos fueron seleccionados por el comité de la Era Moderna del beisbol.

La ceremonia será a las 11:30 de la mañana (hora nica) en Cooperstown, Nueva York, donde los cuatro “ases” recibirán las credenciales que los acreditan como inmortales del juego y perennizarán sus nombres junto a lo mejor de lo mejor que ha tenido el beisbol en todos los tiempos.

El tercer dominicano

Vladimir Guerrero era impaciente. Le tiraba a todo picheo, pero se aseguraba de darle y fuerte, al extremo que resumió .318 de average en su carrera, con 449 jonrones y 1,496 carreras impulsadas. Participó en nueve Juegos de Estrellas y fue el Jugador Más Valioso en el 2004, cuando resumió .337, 39 palos y 126 empujadas.

Actuó en 16 temporadas, pero dejó constancia de su talento especial. Tenía un cañón por brazo, corría con mucha velocidad y defendía con gran precisión. Parecía un caballo de raza cuando jugaba en los jardines. Durante sus seis años de estadía en los Angelinos, estos fueron cinco veces a la postemporada.

Vladimir se unirá este mediodía, a Juan Marichal y Pedro Martínez, los otros dos dominicanos en el Salón de la Fama, pero será el primer pelotero de posición. Originario de Nizao, en República Dominicana, Guerrero es muy apreciado por su sencillez y compromiso con la mejoría de su comunidad, Don Gregorio.

Modelo de consistencia y éxito

Jones fue la primera selección en el draft de 1990 y se convirtió en piedra angular de aquellos formidables Bravos, que ganaron 14 títulos divisionales de forma consecutiva. Chipper se retiró con .303, 468 jonrones y 1,623 carreras impulsadas, el total más alto para un antesalista en la historia.

Es considerado un modelo de consistencia y éxito. Su estilo silencioso de ser, contrastaba con el ruido alarmante que causaba con su bate. Fue el Jugador Más Valioso en 1999, asistió a ocho Juegos de Estrellas, nueve veces remolcó más de 100 carreras y ganó un título de bateo en 2008 con .364, cuando ya tenía 36 años.

Thome poseía una rara combinación de poder y paciencia. Es el octavo mayor jonronero de la historia con 612 toletazos y es el séptimo bateador con más bases por bolas con 1,747, mientras concluía con .276 de promedio en una carrera de 22 años y cinco viajes al Juego de Estrellas.

Thome, considerado una de las personas más agradables que ha pasado por el beisbol, es uno de los cinco bateadores con al menos 500 jonrones, 1,500 anotadas, 1,600 remolcadas y 1,700 bases. Los otros son Babe Ruth, Barry Bonds, Mell Ott y Ted Williams. Qué clase de compañía.

De shortstop a lanzador

Hoffman lanzaba un cambio de velocidad que parecía detenerse a medio camino y a diferencia de los cerradores convencionales, que se basan en el poder, él se apoyó en la habilidad para alterar sus disparos y dominar y logró 601 salvados en su carrera de 18 años, la segunda cifra de todos los tiempos.

Convertido de shortstop a lanzador y cambiado por los Rojos y los Marlins, antes de convertirse en taponero de San Diego, Hoffman fue a siete Juegos de Estrella, en nueve ocasiones superó los 40 salvados (máximo) y resumió 1.058 de whip en 1,089 entradas, con 856 relevos finalizados, la máxima cifra en la historia de las Ligas Mayores.

Jack Morris fue un lanzador que ganó 254 juegos, que acumuló 11 temporadas de al menos 240 innings, una cifra prohibida ahora mismo en las Mayores, que capturó tres anillos de Serie Mundial y tuvo tres temporadas de 20 triunfos, pero su 3.90 en efectividad lo mantuvo fuera del Salón de la Fama.

Trammell fue a seis Juegos de Estrellas, ganó cuatro Guantes de Oro y una Serie Mundial de la que resultó el Más Valioso (1984). Incluso, era un jugador de gran impacto ofensivo hasta antes de la llegada de torpederos como Alex Rodríguez, Cal Ripken o Nomar Garcíaparra, quienes subieron los estándares. Bateó .285 y empujó 1,003 carreras.